lunes 13 de julio de 2009

Entrevista a Juan Giani

Hay un avance de la derecha, pero también déficit en la gestión pública

El docente de la UNR y uno de los impulsores del espacio Carta Abierta Santa Fe analizó los resultados de las elecciones legislativas y habló sobre los desafíos que le esperan al gobierno nacional. También sentó posición sobre la transversalidad, el peronismo y las izquierdas.
El licenciado en Filosofía y docente de la Universidad Nacional de Rosario, Juan Giani, dialogó con el programa Noticias Piratas (sábados de 14 a 16 por Radio Universidad) después de la reunión del sábado al mediodía de Carta Abierta y examinó los factores que desembocaron en la derrota del oficialismo en la provincia de Buenos Aires; dijo que hay un avance de la “derecha gorila” pero que la situación es más compleja, y en este sentido señaló el déficit en la gestión pública del gobierno; marcó los desafíos a futuro del kirchnerismo; y planteó la posibilidad abierta de reflotar la transversalidad. Lo que sigue a continuación son extractos de las opiniones vertidas por Giani durante la entrevista radial.
El 28 de junio y después

“Los que acompañamos este proceso del kirchnerismo desde la reflexión estamos tomándonos un tiempo para analizar el resultado del pasado 28 de junio. Hay un grupo de compañeros que está más inclinado a la descripción de un conjunto de factores, como los medios de comunicación, que conspiraron, por ahí decirlo, contra las aspiraciones del gobierno. Otro conjunto, dentro del cual me incluyo, está más inclinado a pensar en que hubo déficit en estos últimos años en la gestión pública del kirchnerismo que llevaron a que ese déficit sea evaluado críticamente como quedó demostrado el 28 de junio”.
“Creo que cuando Cristina ganó las elecciones ya hubo señales de alerta. Allí hubo un voto mayoritario que ratificó un rumbo pero a su vez fue una advertencia. Recordemos que en aquella elección perdió en todas las principales del país. Evidentemente había un voto de los sectores medios urbanos en 2007 que marcaba una señal de alerta. Me parece que eso fue subestimado, y eso llevó a que ese malestar latente que existía en aquel momento no fuera reparado y eso desembocó en el resultado del 28 de junio. Yo menciono dos episodios que son evidentes. Uno la salida del secretario de Transporte Ricardo Jaime, un funcionario impresentable desde todo punto de vista, y otro el de las estadísticas públicas, allí hubo dos factores que pesaron en la opinión pública”.
“Los méritos del gobierno la sociedad los reconoció el 28 de octubre de 2007 en las elecciones presidenciales. Ahora me parece que faltó un horizonte de expectativas, una precisión de cómo continúa este modelo y la no corrección de déficit que estaban marcados llevaron en buena parte a esta derrota electoral”.
“Yo no diría livianamente «ganó la derecha», así tan categóricamente. En 2007 hubo un rumbo que fue ratificado y cuesta pensar que en apenas un año y medio el clima cultural haya cambiado tan drásticamente. Si bien es cierto que el resultado objetivo de las elecciones legislativas es el fortalecimiento de figuras políticas de perfil de centro derecha, como Reutemann, Cobos, Macri; el resultado de las elecciones dan una perspectiva del avance de la centro derecha. Pero la causal del voto es más compleja. No creo que las cosas que el gobierno hizo bien, me refiero a su política exterior, su política de creación de empleo, política de defensa de los derechos humanos, fueron repudiados. Me parece que la sociedad ya pagó esos méritos, y ahora pide otras y más cosas. Lo que tiene lo considera un derecho adquirido, quiere incorporar logros que todavía no ha obtenido. Un ejemplo: la Argentina ha creado mucho empleo, pero todavía hay mucho trabajo en negro. Más que pensar el presente en términos de regresión absoluta, hay que pensarlo como por un lado los logros acumulados ya fueron reconocidos y deudas del gobierno que no fueron bien atendidas. No hay que dejar de señalar que hay una reacción de la derecha argentina aprovechando el voto para repudiar a Cristina. Pero no me quedaría solamente en decir «hubo un avance de la derecha». Uno no puede perder en la provincia de Buenos Aires porque solamente los sectores medios votaron negativamente, sino que hay sectores populares que no acompañaron. Allí habrá habido factores que tienen que ver con la inflación, con un proceso de crecimiento que se detuvo tal vez por las condiciones internacionales”.
Pensando en 2011
“Me parece que la principal tarea hoy del kirchnerismo y de los grupos que estamos acompañando el proceso no suponer que acá hubo una especie de incomprensión social. Hay grises, hay falencias, hay cosas para corregir. La actitud más sabia, justamente para no sucumbir, es estar atentos y no cometer el error de 2007 de subestimar. Hay que trabajar en una agenda que mantenga un rumbo progresista pero a su vez que atienda las deudas”.
“Está claro que hay un sector social, una especie de derechismo gorila irrecuperable, sobre el cual hay muy poco para hacer, porque tiene que ver con la complejidad social. Son grupos que optan por políticas que el gobierno no representa. Si uno considera que ese sector es el 70 por ciento ahí estamos en problemas. En realidad es un segmento minoritario. Hay todo otro segmento social fluctuante que tiene un sistema de demandas que al gobierno le resulta difícil de interpretarlas pero que no son desdeñables. Un ejemplo. La reforma política es un tema interesante que por ahí hay sectores a los que les interesa y a otros que no. Hay sectores medios urbanos que no están completamente perdidos para una causa progresista a los que no hay que cerrarles la puerta. Hay que diversificar la oferta y no darlos por perdidos”.
“También hay sectores de poder que lo único que quieren con el gobierno es revancha, a los que no se los convence porque lo que quieren es defender sus intereses. Ante eso una tiene que construir mayorías sociales fuertes para tener la capacidad de enfrentarlos. El gobierno tiene que reconstruir una base de apoyo pensando en los sectores populares, pero tratar también de que sus alianzas sociales no queden reducidas a eso porque claramente eso lleva a derrotas electorales. Hay nuevo ministro de Economía. A mí me preocupa poca que Amado Boudou habla más y mejor que Carlos Fernández. Me preocupa que diseñe un conjunto de políticas públicas que combata el empleo en negro, distribución del ingreso. Después hay que pensar otras cosas que el gobierno ha desatendido y que pertenecen a otros sectores sociales”.
De diálogos y consensos
“Uno no puede transformar la realidad sin un nivel de conflictividad social. Ese ha sido un gran mérito del kirchnerismo. Uno no puede no aceptar privilegios sin antagonizar con otro al cual se lo va a afectar. Ahora también está claro que ese nivel de conflictividad progresista es vista por sectores sociales como prepotencia, autoritarismo, hegemonismo, una suerte de me llevo adelante a todo el mundo. El gobierno no logró mantener la conflictividad sin aislarse. Que esa conflictividad logre involucrar a la mayor cantidad de sectores posibles. Hay un gran riesgo de que uno plantee un nivel de conflictividad importante y que quede en minoría. Si uno plantea una actitud de antagonismo, de afectar privilegios, de avanzar sobre sectores conservadores, pero si no logra involucrar en esa lucha a sectores sociales mayoritarios, bueno, queda tecleando, como está el gobierno ahora. Desde el punto de vista de los sectores de poder hay mucha hipocresía. El ruralismo clamaba consensos y escrachaba a Agustín Rossi. Hay mucha mentira en aquellos que reclaman el consenso”.
Transversalidad, peronismo e izquierdas
“Yo defiendo la transversalidad, pero no simplemente por esta coyuntura política. Yo vengo de una militancia en el peronismo, pero soy consiente de que se llaman peronistas aquellos que de peronistas tienen poco. Por eso pienso que los sectores de izquierda del peronismo, sectores que fueron consecuentes con el peronismo, pueda articular con lo que yo llamo la izquierda responsable, es decir, la izquierda no testimonial, que tiene una perspectiva de construcción de mayorías, preocupada por la gestión, una izquierda que en la Argentina es minoritaria. Siempre deseé que lo mejor del peronismo y de la izquierda se encontrasen. Pensé que eso iba a ocurrir con el kirchnerismo, pero no. Eso implicó que lo bueno de la izquierda se recostase en la marginalidad o en alianzas con sectores de la derecha gorila. Y un Kirchner demasiado recostado en el Partido Justicialista. Este fue el escenario al que arribamos el 28 de junio pasado. Esto le implicó perder interlocución con otros sectores sociales. Eso no ocurrió por falta de convicción de Kirchner, pero también de la centro izquierda, que tiene una actitud histérica, vamos y venimos, mucha desconfianza con el peronismo, y el caso más claro es el Partido Socialista. Quizá ocurra a futuro, pero sería ingenuo si no dijese que el panorama es más complicado que dos o tres años atrás. Cuánto del peronismo con poder, digo gobernadores, senadores, van a mantener fidelidad después del 28 de junio. El peronismo después de Menem es muy tributario al poder electoral, las condiciones ideológicas son bastante oscilantes. Es una historia abierta. Ojalá hubiese un sector del peronismo que mantenga lo que el kirchnerismo ha expresado estos años, y a su vez que eso pueda articularse con grupos sociales y partidos políticos, que no son tantos pero no hay que desdeñar, porque por una parte hay que sostener al gobierno. No seamos ingenuos, hay sectores que están pensando que esto termine antes de 2011. Y es importante que el gobierno construya una mayoría social para garantizar su gobernabilidad y no terminar dando lástima, sino terminar el gobierno con banderas y principios en alto”.

domingo 12 de julio de 2009

Otro lunes de Poetas del Tercer Mundo

Lunes 13 de Julio, 21 Hs.
Rioja 1089, Rosario (Argentina)

sábado 11 de julio de 2009

El mayor de mis defectos

Una de las más curiosas formas de la autocrítica es la de apuntar como defecto lo que no es más que una virtud, aunque convengamos que los atributos no son igual de meritorios cualquiera sea el contexto. Y señalar que algo es curioso no equivale a decir que es inusual sino que es sorprendente, por paradójico o por ridículo.
En los últimos días todo el mundo le hizo la autocrítica al kirchnerismo, y en especial a su gestión gubernamental, particularmente sus acólitos y seguidores. El aquí presente ha contribuido anticipadamente al escarnio en la edición del 6 de marzo, y hasta podría insistir en el mismo esquema básico: la elección fue la continuación por otros medios del conflicto disparado por la resolución 125, que resulta muy difícil de defender en sí misma (no hay posibilidad de una política agropecuaria al servicio del desarrollo nacional sin precios sostén y sin intervención estatal en la comercialización de granos, dos “detalles” que encandilan por su ausencia tanto en la redacción original de la ley como en la modificación votada en el Congreso así como en los reclamos de las entidades gremiales ruralistas), pero cuya principal falla sigue estando en el modo en que se tomó la decisión. Muy desafortunado, y muy en sintonía con un estilo en la toma de decisiones, que si en un momento expresó un estado de necesidad y urgencia, a la larga acaba revelando o modelando una concepción, un modo de construcción política autocrático y unilateral.
Como aclaración dejemos establecido que tal como quedaron delineados los “campos” era necesario optar entre el apoyo al inicial error gubernamental (bastante mitigado por las modificaciones introducidas en Diputados) o sumarse a la ofensiva del sector más concentrado de la economía, cuyos intereses están atados al mercado externo. Es la opción de 1877, y resulta muy doloroso ver cómo una parte significativa de nuestra clase dirigente se inclina por el rol de proveedor de materia prima barata que le asignaba ayer al país el imperio inglés y le asigna hoy el mercado mundial de granos.
Tal como quedaron planteadas las cosas, en ese momento no había lugar para neutralismos. Eso entendió Binner, quien decidió regresarse de un saque al siglo XIX, y reclamar para el país el rol de “granero del mundo”, al parecer no entendió Lozano y sigue sin entender Pino Solanas, según se desprende del reportaje que le realizaran Gerardo Yomal y Hugo Presman en junio pasado.
¿O acaso entienden y se hacen los burros?
Parece que seguiremos insistiendo alrededor de la 125, porque más allá de su resolución, del voto de Cobos, de la manipulación mediática, fue en ese momento cuando se expresó en las calles y en la opinión lo que días pasados volvió a expresarse en las urnas.
Vale cualquier explicación que quiera darse. Valen todas, si se quiere. Lo que importa es el marco dentro del cual se producen defecciones en el peronismo, se manipula informativamente, revive el gorilismo, asoma la irresponsabilidad y oportunismo de la dirigencia política, la avaricia y egoísmo de la clase media y se expresa abierta, desfachatadamente –¡y hasta con el apoyo de la “opinión”!– el núcleo más antinacional y antipopular del poder económico, el agrupado en la UIA, las dos asociaciones de Bancos, la Sociedad Rural y Confederaciones Rurales.
¿Cuál es este marco? El de una línea divisoria de intereses que pasa por el lugar equivocado. Línea establecida por el gobierno nacional a partir de la resolución 125 y cuya traza en ningún momento buscó ser corregida, lo que nos remite a la tesis inicial: todo lo que ocurrió el 28 de junio es apenas un momento de un fenómeno desatado con la resolución 125, y que por esas cosas de la inercia, no se sabe cuándo ni en dónde ni en qué acabará.
¿Cuál es el origen de la 125? Muchos se enojarán si decimos “el saldo de caja”, por lo que trataremos de explicarnos: la necesidad de “blindar” la economía argentina por medio del flujo de caja ante la crisis internacional que se avecinaba, lo cual dicho sea de paso, habla muy bien de la perspicacia e inteligencia de quienes conducen los asuntos del Estado, al menos en contraposición a la ignorancia y superficialidad o acaso venalidad de sus opositores.
¿De dónde sacar esos recursos, puesto que en la estrategia o en la concepción kirchnerista no cabe la vuelta atrás en la mayor parte de la obra de demolición menemista, y que cuando en algún caso se produce, es porque no hay otro remedio y siempre en onda vergonzante (Correo, Aysa, Aerolíneas, AFJPes)?
La respuesta estaba a la mano: de la renta extraordinaria que obtenía el sector rural, particularmente el dedicado a la producción de granos.
En todo caso, se habrán dicho los funcionarios, las retenciones siempre tienen que ser móviles, como bien explicó en su momento Rubén Lo Vuolo cuando Lavagna las puso en práctica, corrigiendo el “error” de Remes Lenicov, que devaluó “olvidándose” de las retenciones a la exportación, algo que ni a Kriegger Vasena se le habría ocurrido.
Y como lo indica la lógica más elemental, dicho sea de paso.
Antes de seguir, una pregunta: si las retenciones siempre tienen que ser móviles ¿por qué se esperaron cinco años para hacer lo que se debe hacer siempre?
Efectivamente, el sector granario estaba gozando de una rentabilidad extraordinaria, dicho así, en general, ya que la rentabilidad no era ni es pareja en todas las superficies ni en todos los granos (el mercado mundial de granos prescinde de las necesidades alimenticias y la deseable diversidad productiva. Y es lógico que así sea: no está para eso, sino para ganar dinero y depredar paisitos) ni a lo largo de la entera cadena productiva. La parte del león se la llevaba el exportador, que viene a ser siempre alguna de las “cinco hermanas”, que ahora con Monsanto devinieron en seis. La resolución 125 no introducía en ese punto ninguna novedad.
Pero así como todos los granos no son lo mismo, mucho menos es una misma indiferenciada cosa la entera producción agropecuaria, pero la medida y la actitud gubernamentales tuvieron la virtud de unificar lo diferente y contradictorio, con la ayudita, es claro, de dos de las entidades ruralistas, que no sólo traicionaron sus mandatos históricos sino a su misma base social. Pero en todo caso, en los cinco años que habían transcurrido la autoridad nacional no les había dado la mínima bolilla y, según es sabido, las organizaciones también tienen sus propias necesidades e intereses.
Si la 125 significó el trazado de una línea divisoria en el lugar equivocado, la intervención al Indec provocó la demolición de la palabra estatal, lo que despeja el camino a la palabra interesada, que por esa magia de la comunicación será instantáneamente la palabra autorizada.
Gracias a esa intervención cualquier tilinga incompetente puede dudar del ministro de Salud y sospechosos personajes “sin bandera” acusados de estafa por las Naciones Unidas están autorizados a reclamar una emergencia sanitaria con el exclusivo propósito de recibir subsidios por parte del Estado.
Nadie le cree a nadie, por lo que todo el campo es orégano para delincuentes de toda laya, que cuentan con la complicidad explícita de “periodistas” siempre dispuestos a ir más allá de lo que la patronal les exige. Total, ningún opositor desmentirá sus tonterías o cuestionará sus canalladas. Y si no que lo diga Felipe Solá, que tolera encantado la dictadura del “sentido común” de una actriz provecta devenida en oráculo nacional, para quien Honduras tiene la misma significación que un florero.
Cualquier palabra vale cuando no vale ninguna, porque el único instituto autorizado a hablar con objetividad fue transformado en nada... por razones de caja.
¡Otra vez lo mismo!
Los funcionarios, sacristanes y simpatizantes del gobierno nacional podrán dar todas las explicaciones pertinentes, de seguro acertadas, para la intervención al Indec (las que se pueden dar y las que se ocultan, muy ligadas al pago de intereses de la deuda) pero ¿por qué creerles, si toda palabra oficial puede ser justa o arbitrariamente cuestionada a partir de la pulverización del único organismo nacional (nacional, no oficial ni tampoco sólo estatal) cuya palabra detentaba una razonable credibilidad?
La intervención al Indec fue otra medida basada en la “objetividad”, en la necesidad de regular el drenaje de divisas, lo que objetivamente es beneficioso para todos los argentinos, pero.... ¿cuál fue el costo de esta medida, tan pero tan similar en muchos de sus aspectos a la 125?
La destrucción de la palabra oficial.
Y en política, en la vida entera de las gentes, la palabra es el capital más importante –y a veces el único– con que se cuenta.
Las dos medidas catastróficas que, a juicio o sensación de quien escribe, explican un poco en parte y un poco en última instancia el revés electoral del oficialismo, se originan en graves y serias razones de Estado: blindar la economía y regular el pago de intereses de la deuda externa, la que es de todos nosotros y que pagamos todos nosotros, aunque sin darnos cuenta de lo que estamos haciendo.
Y es así, somos nosotros los que pagamos la deuda externa y los que aportamos, con nuestro forzado sacrificio, al monto de una reserva capaz de lograr que la economía nacional no sufra gravemente por los efectos de una debacle externa.
Vale aclarar, y si no vale lo haremos igual, que éste es uno de los pocos países del mundo donde se discute el monto del aumentos de salarios y no la cantidad de trabajadores que quedarán en Pampa y la vía y culo al norte para seguir manteniendo la perversidad intrínseca de este sistema económico.
Y estas dos medidas catastróficas fueron seguramente tomadas pensando en el interés nacional. Pero ¿es que cualquier cosa puede hacerse de cualquier manera y se justifica tan sólo por los fines últimos?
Se huele que no.
Volviendo al principio, seguramente el peor de los defectos del actual gobierno sea su responsabilidad administrativa. Se trata, y caben pocas dudas al respecto, de una muy buena administración, de una muy eficiente y seria administración, puesto que –y podríamos dar muchos más que los dos ejemplos anteriores– varios de los errores políticos gubernamentales se explican con facilidad a partir de la lógicas y las necesidades de una administración sensata y responsable.
Otros no. Otro no se explican en absoluto.
Por si alguien lo pregunta, quien habla cree al actual y al anterior, buenos gobiernos. En todo caso, de lo mejorcito que hemos tenido en nuestra vida supuestamente útil, que se remonta mucho más atrás de lo que sería coqueto confesar. Pero es en esa seriedad donde hoy por hoy radica el mayor de los defectos kirchneristas.
Y posible, y no secundariamente, que en una concepción de la política y de la vida, aunque este punto pertenece al ámbito de la interpretación sicoanalítica.
Tanto los actos de Néstor Kirchner como los de Cristina Fernández parecen haber sido guiados por supremas razones de Estado, y fuera del cuestionamiento a sus estrategias está claro que sus móviles y objetivos no se encuentran en sintonía con los intereses antinacionales. Y que por las razones que fueren –por bien del sistema, por sensibilidad social o necesidades nacionales– se trató y trata de gobiernos de orientación popular, inusual rasgo que motivó gran parte de las oposiciones y sin embargo no consiguió movilizar los suficientes apoyos.
La explicación más cara al kirchnerismo consiste en atribuir el extraño fenómeno a la ominosa mano de “los medios”, una explicación inadmisible para un movimiento popular, o que se precie de serlo. Y además, infantil. Algo así como un “Señorita, yo quiero hacer las cosas bien pero el niño Clarín no me deja”.
Por definición, los grandes medios de comunicación siempre están y estarán al servicio de los grandes intereses, y quejarse de ellos es tan cuerdo como quejarse de la ley de gravedad cuando se nos ocurre dar un salto hacia la luna.
Será cuestión de hacer un cohete ¿no?, porque andar echándole la culpa a Newton es cosa de papanatas. Y con mucha más razón cuando uno hace ya seis años y pico que detenta el poder político y administrativo del país, tiempo más que suficiente para haber hecho algo al respecto.
Sin embargo ¿hay algo diferente, que valga la pena “comunicar”?
Si es así, no se nota.
Todo lo que el kirchnerismo desea “comunicar” es lo que en otro marco cualquiera de los grandes medios podrían hacer suyo. E hicieron suyo, en su momento. Este ha sido, desde un punto de vista objetivo, y aun desde el subjetivo del mundo capitalista, un gobierno extraordinario, capaz de resucitar una economía aniquilada, de generar empleo, de aumentar un poco el poder adquisitivo de los salarios, de reactivar el mercado interno, de llevar a cabo un asombroso plan de obras públicas, de acumular reservas, de mantener los superávits gemelos incluso en medio de una crisis internacional.
Y es así: se trata de un gobierno demasiado serio, de una administración extremadamente responsable que hace “los deberes” sin que nadie se lo pida y antes de que nadie lo pida. ¿O acaso alguien puede razonablemente quejarse de que el valor del dólar no dependa de la especulación privada sino de una decisión pública? ¿Que haya reservas suficientes para impedir corridas bancarias? ¿Que se siga discutiendo aumentos de salarios cuando en el plano internacional lo que está en cuestión es la conservación de los empleos? Aburriría seguir con los ejemplos de responsabilidad administrativa.
Nosotros hacemos”, dice el oficialismo. Y parece ser eso todo lo que tiene para transmitir, como si los argentinos debiéramos sentirnos agradecidos de que un gobierno cumpla con su trabajo. Comparando con los anteriores, es una anormalidad, por supuesto, pero al fin y al cabo les pagamos el sueldo, y lo bien que viven, como para que después de casi siete años podamos conformarnos con tan poco.
Después de casi siete años. Sí señor.
Siete años en la vida de uno es mucho tiempo, excepto que los pasemos panza arriba y tomando ron en una playa caribeña, en cuyo caso será muy poco tiempo.
Siete años en los que el proyecto económico gubernamental ya dio todo lo que le era posible dar en materia de integración y reparación social. No es nuestro ánimo cuestionarlo en este momento, sino apuntar que ha sido insuficiente para conseguir algo que es básico y que, tal vez inconcientemente, la mayoría de los argentinos exige –o así debiera hacerlo– a este gobierno y no le han exigido a otros: la reunificación de la sociedad, la reconstrucción de una sociedad cada vez más igualitaria e integrada.
¿Por qué se exige tanto a éste y a otros no se les ha exigido nada? Pues porque “estos” se han ofrecido para conseguirlo. Y, además de la desmemoria e ingratitud que apuntan algunos analistas, la exigencia indica que la mayoría de las gentes le han tomado la palabra al kirchnerismo, que a regañadientes y con malhumor, le han creído, y ahora dudan de sus intenciones y del valor de esa misma palabra, puesta en duda En todo caso, no se muestran dispuestos a esperar más. Y están en su derecho.
¿Cuál es el por qué y el para qué del sacrificio que cualquier asalariado cree que lleva a cabo?
Cree y tiene razón al creerlo: los supéravits gemelos y las reservas acumuladas son producto del esfuerzo y el ahorro de los argentinos, que si bien es cierto han mejorado su situación, no encuentran en la lógica de Estado y la macroeconomía razones suficientes para seguir postergando la satisfacción de algunos gustos y unas cuantas necesidades.
Las necesidades no son objetivas, por si alguien quiere saberlo. Y mucho menos cuando son analizadas por sociólogos y politólogos medianamente gorditos y satisfechos.
Me decía un amigo: “Quien apele a lo peor, a lo más ruin que los seres humanos llevamos adentro, tendrá éxito.”
Mi amigo descree de la especie. Del homo sapiens, así, en bloque. Y si me apuran, yo también. Y sin embargo, todos y cada uno, a su manera y en su medida, hemos sido testigos de hechos sorprendentes protagonizados por esos mismos humanos de los que descreemos.
Hay algo adentro del más ruin, una cualidad que los creyentes consideran “divina” y los agnósticos optamos por llamar “humana” o “cultural”, que surge en los momentos y las circunstancias indicadas, siempre que alguien sepa invocar eso, lo mejor que tenemos dentro.<
Las grandes causas, decía Malraux, son grandes justamente porque son capaces de albergar las mayores miserabilidades. Y si no, no.
¿Y cuál es la gran causa a la que convoca el kirchnerismo? ¿Los superávits gemelos?
¿Cuál es el motivo, la razón, la finalidad que justifica el sacrificio popular? Porque es verdad que la situación de los trabajadores ha mejorado mucho en los últimos siete años, pero ¿algún funcionario, algún dirigente, algún tecnócrata tiene la más remota idea de lo que significa vivir con dos mil pesos al mes? ¿O ni siquiera disponer de esos dos mil pesos y recolectar cartones? ¿Alguien, de los álguienes que cuentan, viaja alguna vez en tren a hora pico desde Varela a Constitución?
Tal vez fuera conveniente que los kirchneristas comenzaran a buscar las explicaciones de lo que pasó por ese lado, por el lado de la insatisfacción de las necesidades populares, de las gentes que tienen una sola vida y para la que siete años es mucho tiempo de esperar.
¿Y para qué? ¿Para una abstracción, para algo tan ajeno a la vida cotidiana de uno que es un cualquiera como son las reservas del Banco Central?
¿Por qué no se dejan de joder y gastan de una buena vez “el oro” que juntaron y que “no los deja caminar por los pasillos” del Banco Central?
Las reservas, los superávits gemelos, los correctos parámetros macroeconómicos son importantes. Nadie dice que no. Pero si uno tiene una sola vida y los años van pasando y resulta ser que el invierno sigue siendo para muchos y la cobija para muy pocos, es lógico que se opte por cualquier otra cosa, porque sí, por un albur, “con la escéptica expectativa de quien juega un número a la lotería”.
Dicho sea de paso, el aquí presente acaba de citar, casi en forma textual, a José Antonio Primo de Rivera. Un fascista.
Un fascista es muchas cosas, la mayoría malas. Pero éste era un tipo capaz de comprender algo tan simple como que “nadie da la vida por el sistema métrico decimal”.
Si se pretende apelar a la grandeza popular, a lo bueno que los seres humanos tienen dentro, convóqueselos por grandes causas, no por el sistema métrico decimal, por la racionalidad administrativa o los superávits gemelos.
Y en todo caso, un poco de poesía, de gestos y palabras que nos lleguen al corazón, y menos seriedad, responsabilidad y explicaciones sesudas y académicas. Y un poco más de populismo, demagogia y clientelismo, que bien que nos hace falta.
Por Teodoro Boot

viernes 10 de julio de 2009

Mensaje de compañero hondureño de la escuela de cine (EICTV)

miércoles 08 de julio
Compañeros y compañeras audiovisualistas:



Gracias por estar pendientes de lo que esta ocurriendo en Honduras. Este breve recuento del día de ayer se lo envié a la EICTV y se los replico a ustedes. Las cosas están bien difíciles aquí. Hay signos evidentes de que están implementando en forma sistemática y muy agresiva el manual de la doctrina de seguridad nacional que tan bien les funcionó en el pasado. Ha habido muchos secuestros y desapariciones de dirigentes de organizaciones populares. Y lo hacen impunemente: a las 3 de la madrugada cortan la energía eléctrica en toda la ciudad y allí actúan los comandos que entran a casas y se llevan a sus victimas. En otros casos se han dado a plena luz del día. Ayer un sindicalista murió arrollado por los militares cuando se oponía a la toma de la empresa de Telecomunicaciones. Por la tarde, fue reprimida grotescamente la manifestación pacifica que estaba estacionada frente al palacio presidencial desde ayer. Les lanzaron gas lacrimógeno y les dispararon francotiradores desde lo alto de un hotel, luego tropas de tierra apoyadas por dos helicópteros persiguieron a los manifestantes a lo largo de un kilómetro en un boullevar muy transitado, hasta el estadio nacional, solo para encontrarse con otra horda de soldados que los estaba esperando. Allí se provocó una gran desbandada del movimiento, y en la confusión, grupos de encapuchados secuestraron a su vez a varios dirigentes. Según datos extraoficiales hay 4 muertos, pero los heridos (son decenas) llenaron el hospital más cercano, hasta donde por supuesto llegó la policía para ficharlos. Asimismo fue ametrallada una caravana de buses que venía desde el interior hacia la capital con manifestantes que iban hacia Casa presidencial. De eso no se tiene mayor detalle por la fragmentación de la información que estamos sufriendo.
Al egresado de la EICTV, Angel Palacios le cayó un grupo de soldados que le querían quitar su cámara y después de forcejear logró escabullírseles. Como se nos perdió y temíamos que lo hubieran detenido, los compañeros realizadores Ramón Hernández y Manuel Villa salieron en su búsqueda, pero los soldados los hicieron retroceder a golpes de fusil. Afortunadamente Angel apareció como una hora después, sano, salvo y con cámara. Mientras tanto el cerco mediático esta funcionando a la perfección: en los noticieros y diarios todo sigue con total normalidad y calma, como cualquier día común, es más, mucha gente aquí no se da cuenta de nada, aunque esté ocurriendo a pocas cuadras. Para rematar, la ultima red de comunicación que estaba transmitiendo información sobre lo que ocurre, ya fue silenciada y sus coordinadores obligados a transmitir desde el exterior. La dictadura pretende ignorar y le resta importancia a que esta siendo aislada completamente del mundo, que ha sido condenada y deslegitimada por todos los foros mundiales, que todos los países de América y Europa están retirando a sus embajadores de Tegucigalpa, que Guatemala, Nicaragua y el Salvador han cerrado sus fronteras terrestres con Honduras, que el BID, FMI y BM están congelando los fondos internacionales de Honduras. Pero aun con todo esto dicen que se mantendrán firmes durante los 7 meses que faltan del gobierno de Zelaya. ¿A costa de cuánta represión interna y mentiras hacia el exterior?
Se sabe de algunos batallones que se están sublevando, y el jueves próximo el presidente derrocado ha anunciado su intención de volver al país, aun a sabiendas de que los golpistas le tienen preparadas órdenes de captura por todos los delitos del mundo. ¿Qué va a pasar entonces? A nuestro amigo realizador Manuel Villa ya lo han llamado amenazándolo con desaparición y muerte, y decidimos por eso mantenernos trabajando con bajo perfil. Cualquier cosa que le ocurra a él o a otro audiovisualista no será casualidad. Lo realmente aterrador es esperar la madrugada cuando están haciendo los cortes de energía y uno no sabe si vendrán a golpear a la puerta. Ojala el mundo se esté dando cuenta de lo que están haciendo estos bárbaros.

Por Iñigo Uribetxebarria

jueves 9 de julio de 2009

El retorno del hombre de las tinieblas

Como suele decirse hay veces en que la realidad supera la ficción. Por estos días en Argentina y en el continente latinoamericano observamos que puede pasar cualquier cosa, situaciones que parecían obsoletas, anacrónicas, como el golpe cívico-militar en Honduras o el regreso de ciertos personajes que le han hecho tanto daño a nuestro país como es el caso de la reaparición pública del ex senador Eduardo Alberto Duhalde.
El ex gobernador de la provincia de Buenos Aires y ex vicepresidente del primer gobierno menemista, se manifestó públicamente indicándole/demandándole a la presidenta Cristina Fernández lo que debe hacer de ahora en más. Convocar a todos los sectores al diálogo. Lo que en realidad quiere decir: ceder ante las presiones de la oposición en su conjunto (partidos políticos, empresariado trasnacionalizado, grandes medios de comunicación, la Iglesia Católica, las corporaciones agrarias). O sea, agacharse una vez más ante eso que vulgarmente se conoce como "el Poder".
A diferencia de Mauricio Macri o de Carlos Reutemann, Duhalde no es directamente la vuelta a la ominosa década del noventa, sino el retorno a la creencia de la superación de ese pasado, a pensar que estábamos saliendo de la fenomenal crisis de diciembre del 2001, cuando en realidad seguíamos en el mismo camino pero con otros métodos.
Es verdad, hay que reconocerle al ex gran barón de la provincia bonaerense su empeño en retomar y fortalecer lazos con los países de la región, en especial, por cuestiones estratégicas, con Brasil cuando Lula recién había asumido como primer mandatario.
Ya retirados de la vida política, Carlos Menem y Fernando De la Rúa, Duhalde es el político que representa el viejo caudillismo que mueve a las masas en favor de los intereses concentrados del Poder económico, del país manejado por sus propios dueños.
¿Hace falta recordar quién es Eduardo Alberto Duhalde? Podemos caracterizarlo, a través de algunos ítems, de la siguiente manera (el resto quedará en la imaginación de cada lector):

- Estuvo al lado de Carlos Menem en la época del auge de las privatizaciones que rifaron el patrimonio nacional.

- Como gobernador bonaerense, se encargó de incendiar la provincia, promoviendo el desguace del estado provincial así como Menem lo venía haciendo con el nacional. Crecieron los bolsones de pobreza, desocupación y marginalidad a lo largo de todo el territorio, siendo uno de los distritos de mayor desigualdad social, de alta concentración de las riquezas en pocas manos y expansión (socialización) de la miseria.

- Como presidente de la República, lugar que usurpó tras la huida de De la Rúa (porque el voto popular le había sido negado en 1999), fue el responsable en el año 2002 de la descontrolada devaluación de la moneda nacional que trajo la pesificación asimétrica, y pulverizó los salarios de los trabajadores.

La política económica que llevó a cabo, por más que se haya aliado a los sectores de la industria, no fue en pos de la reindustrialización del país, sino para seguir enriqueciendo al gran empresariado industrial y a los terratenientes de la pampa húmeda vía sojización. Por el dólar alto se beneficiaron los sectores exportadores de la industria y del agro, aunque esto no se reflejó en el bolsillo de la mayoría de los ciudadanos porque los precios de los productos de consumo masivo también se fueron incrementando. Se fue pasando de la patria financiera a la patria sojera que tenemos hoy en día, fenómeno que ni siquiera el kirchnerismo ha revertido.

- Por ultimo, Duhalde se despidió de la presidencia temporaria de la nación con dos muertos en su haber, Maximiliano Kosteki y Dario Santillán. De esta manera, dejo bien en claro cual es su postura sobre los derechos humanos.
En fin, Eduardo Alberto Duhalde (que no tiene nada que ver con Eduardo Luis Duhalde actual Secretario de Derechos Humanos de la Nación) retorna a los escenarios principales de la política argentina. El hombre que quiere el establishment y al que abraza el primer trabajador, Hugo Moyano.
La derecha peronista está de festejos. Ya no necesita de la violencia lópezreguista, ahora lo tiene armando y confabulando al abogado de Lomas de Zamora junto al líder de la CGT, a quienes seguramente se sumará el gastronómico Luis Barrionuevo, y también contarán con el apoyo de la rebelde Mesa de Enlace y de la prensa independiente comandada por el Grupo Clarín y el diario La Nación.
Duhalde ya está preparando el terreno para el 2011, él no se va a presentar como candidato presidencial pero articulará una opción entre Carlos Reutemann y Mauricio Macri. Ambos están a pedir del caudillo, sin él no podrán aspirar a ocupar, dentro de dos años, el sillón de Rivadavia. La primera iniciativa consiste en recuperar la conducción nacional del Partido Justicialista, después de eso, el pollo sojizado estará cocinado y listo para ser degustado, sin que haga falta otro lockout patronal.
Estará en la sociedad, en la capacidad de sus actores, el poder frenar este avance del conservadurismo populista y empezar a dejar de ser una República sojera, que es inferior a ser bananera.
Por Mauro Reynaldi

miércoles 8 de julio de 2009

Nuestra suerte está en Honduras

HOY NUESTRA AMÉRICA JUEGA SU SUERTE EN HONDURAS

Estas líneas no intentan un análisis exahustivo de la cuestión hondureña, que por otra parte continúa irresuelta.
Apenas procuran aportar un suscinto ordenamiento de tópicos a tener en cuenta con miras a las luchas que aguardan en cada una de nuestras Patrias y en la región toda, ya que el escenario generado durante la jornada de la víspera se ha constituído en un didáctico tablero de ajedrez para evaluar "con qué bueyes aramos" en el continente, toda vez que la resolución de esta crisis determinará el carácter que la relación Norte-Sur habrá de adquirir durante los tiempos venideros en la geografía que nos toca.


El pueblo hondureño

Movilizado tras la defensa de uno de tantos gobiernos de "centro-izquierda" que hoy conforman el mapa político latinoamericano (el del estanciero del Partido Liberal Manuel Zelaya), los sectores populares se movilizaron espontáneamente hacia el Aeropuerto de Toncontín sin otra organicidad que la que aportaron algunas organizaciones sociales, pero con inequívoca intuición de que sonaba la hora de defender su derecho a trascender la democracia formal - corset oligárquico-liberal que asfixia a todas nuestras naciones - por la vía ya anunciada de un plebiscito tendiente a incrementar la representatividad política del gobierno mediante una Asamblea Constituyente. Aparentemente, dicha movilización algo gregaria no tuvo fuerza suficiente como para rebasar el cerco militar gorila y garantizar de hecho el arribo de su presidente constitucional a Tegucigalpa.
El saldo provisorio es el de un muerto (Isis Abel Murillo, 19 años) y numerosos heridos, un pueblo en estado deliberativo, y la lucha por la recuperación del estado de derecho más vigente que nunca.


La OEA

Brillantemente estigmatizada por Cuba tras el levantamiento de una interdicción de medio siglo sobre la isla socialista, esa organización que se ha debatido entre la indiferencia y la complicidad con los atropellos del Imperio, devenida en caja de resonancia del nuevo signo político que va adquiriendo nuestro continente, está jugando en este conflicto un rol cuanto menos decoroso.
Cabe destacar al respecto la presencia del representante Miguel D'Escoto en el avión venezolano que acompañó al depuesto presidente hondureño a su suelo patrio, así como el digno y destacado desempeño de la presidente argentina durante las sesiones de la madrugada del domingo.


La Patria Grande

Para quienes aquilatamos la divisa de la Unión Americana, enarbolada hasta la muerte por el caudillo montonero Felipe Varela, cabe destacar el noble rol jugado por la Revolución Popular Bolivariana aportando el vehículo que - corriendo riesgo de intercepción y hasta bombardeo - intentó acercar a destino al mandatario depuesto, así como la única cadena informativa continental (TeleSur) que perforó parcialmente el blindaje informativo imperial.
También es digna de mención la conducta incondicional del presidente nicaragüense, que - como se sabe - goza de mayor prestigio fuera que dentro de su Patria.
También la disposición del flamante gobierno salvadoreño, presto a servir de destino alternativo de aterrizaje, saliendo airoso de la primer "prueba de fuego" que sortea su gestión en materia de solidaridad continental.


Los medios

Si hasta ahora sonaba declamativo que la concentración de los multimedios regionales habilita un grifo exclusivo de noticias a disposición del Imperio, ayer quedó palmariamente de manifiesto que los mass media encarnan hoy la cara visible de la Doctrina de Seguridad Nacional, y un verdadero ejército de ocupación de la conciencia popular latinoamericana, que convoca a redoblar esfuerzos en pos de contar con legislaciones desmonopolizadoras y capaces de propiciar la multiplicación de medios alternativos de información al servicio de los pobres y excluídos, aún privados de acceso masivo a una red de redes que exhibe síntomas auspiciosos en materia de contrainformación en situaciones de crisis.


El Imperio

La frase del Comandante Hugo Rafael Chávez Frías acerca de que "el presidente Obama está secuestrado por el Imperio" y sólo constituye su mascarón civilizado para ganar tiempo hasta la hipotética superación de la crisis agónica del capitalismo, pone de manifiesto otra verdad palmaria: El nuevo habitane de la Casa Blanca sólo estaría en condiciones de pronunciarse tibiamente en cuanto a la necesidad de que rija el orden constitucional en Honduras, pero ubicándose a distancia sideral de poder garantizar un boicot económico capaz de estrangular al gobierno de facto hasta su caída.
Es más, ni siquiera es descartable a estas horas que el complejo militar-industrial norteamericano acaricie la peregrina idea de contar en nuestro continente con un enclave que le oficie de gendarme, a la manera de Israel en Medio Oriente.

La circunstancia que hemos tratado de revisar sintéticamente permite concluír que sin la construcción de un poder popular organizado al margen de caudillismos unipersonales de ocasión, la apropiación de tecnología de punta capaz de gestar cadenas informativas propias en condiciones de arrodillar a la CNN, y una fuerza continental capaz de ahogar experiencias anacrónicas con herramientas que trasciendan el mero declaracionismo diplomático garantizando un efectivo cerco en materia de divisas... no estaremos en condiciones de blandir airosamente La Gomera de David.-


Por Jorge Falcone
falconej@speedy.com.ar

martes 7 de julio de 2009

Margaret, el 15 de julio en Rosario


Los amigos de la banda rosarina MARGARET se presentarán el próximo 15 de julio en la Sala Lavardén (Mendoza esq. Sarmiento, Rosario).

Para conocer su música, comparten con nosotros el siguiente enlace con su disco:
http://rapidshare.com/files/141705564/Margaret_Cuando_rie_la_musica.rar


Más info:

http://www.margaretrock.com.ar/

lunes 6 de julio de 2009

La metamorfosis de Mel

Manuel Zelaya y los pobres

El presidente legítimo de Honduras llegó al poder en 2006 como un candidato conservador. Luego se alió con Hugo Chávez, se unió al ALBA y ajustó el salario mínimo a la canasta básica. Y promulgó una ley de protección forestal.
Manuel Zelaya no suele citar al Che Guevara o a Simón Bolívar, prefiere invocar a Dios y al prócer de su país Francisco Morazán. Orgulloso de sus raíces, el presidente legítimo de Honduras, que fue derrocado por un golpe de Estado militar el domingo pasado, nunca abandonó su imagen de terrateniente. Sombrero de vaquero, camisa informal, botas tejanas y un bigote tupido, que apenas cubre una sonrisa descontracturada, amigable. Nunca fue un gran orador, pero su calidez y su imagen de hombre de familia honesto lo acercó a las organizaciones sociales y a los más pobres. “Con Mel por primera vez un presidente se sentó a hablar con nosotros y nos explicó por qué no podía hacer todo lo que le pedíamos”, recordó ayer Juan Barahona, un dirigente de Bloque Popular, una de las organizaciones que acompañó a Zelaya hasta el último día y que desde el golpe demanda su vuelta en la calle.
Tanto sus aliados como los que lo sacaron del poder en pijama y a punta de ametralladoras en la madrugada del domingo coinciden en que Zelaya no es un hombre fácil de descifrar. Ricardo Martínez, su ministro de Turismo, lo conoce desde que eran chicos. “Somos primos lejanos, pero nuestras familias eran muy unidas”, contó a este diario desde la clandestinidad. Para Martínez el mandatario hondureño es la combinación perfecta entre su padre, uno de los empresarios madereros más importantes del país centroamericano, y su madre, una maestra de escuela primaria. “De su padre aprendió a moverse en el mundo de los negocios, a entender cómo hacer dinero y cómo repartirlo; de su madre heredó la costumbre de pensar la realidad, cuestionarla”, aseguró Martínez.
De chicos, continuó el ministro, estudiaron en el colegio salesiano de San Miguel, en el departamento maderero de Olancho. Corrían los años ’70 y los sacerdotes enseñaban las ideas de los franceses Voltaire y Rousseau, y de los teólogos latinoamericanos de la liberación. “En aquellos años, Mel era el poeta y político de la familia”, recordó.
Su afición por los libros y la filosofía política, no obstante, no pudo con el mandato familiar. Zelaya entró a la universidad para estudiar Ingeniería Civil, pero según reconoció en varias entrevistas durante la campaña presidencial de 2005, se aburrió y largó los estudios. Volvió a su casa paterna y se hizo cargo del negocio familiar. Era un digno hijo de la oligarquía hondureña. Fue presidente de la Asociación de Industriales de la Madera, miembro del máximo órgano empresarial del país, el Consejo Hondureño de la Empresa Privada, y se afilió al Partido Liberal, uno de los partidos tradicionales conservadores.
Hace cinco años se animó a dar el salto. A pesar de ser casi un desconocido para la mayoría de los hondureños, el empresario maderero presentó su candidatura a presidente para las internas del Partido Liberal. Su rival, una dirigente del establishment sin apoyo popular, no tenía chances frente al resto de los candidatos y casi a desgano la cúpula partidaria le dio su apoyo.
La campaña fue como la de cualquier candidato conservador, aunque con un énfasis un poco más marcado en la lucha contra la pobreza. Sin embargo, los dos enemigos a derrotar eran la inseguridad producto de la violencia de los maras –bandas criminales de jóvenes centroamericanos y la corrupción endémica en el Estado hondureño. Lo único que prometía un cambio era su slogan: “Urge el cambio, urge Mel”.
“Los primeros dos años de su gobierno no hubo señales de cambio; era otro presidente de la oligarquía”, hizo memoria Barahona. En aquellos años el campo popular estaba en pie de guerra contra el poder. La organización de Barahona, Bloque Popular, y las coordinadoras indígenas y campesinas cortaban las rutas e inundaban las calles de la capital semana de por medio en repudio del Tratado de Libre Comercio que el gobierno anterior había firmado con Estados Unidos y que entró en vigor junto con el inicio del mandato de Zelaya. También reclamaban leyes para limitar a las multinacionales mineras y petroleras, frenar la deforestación y empezar un proceso de redistribución de la riqueza nacional.
Barahona no recuerda exactamente cuándo el presidente hizo click, pero fue en los primeros meses de 2008. “Honestamente no sé qué pasó, pero el presidente sufrió una metamorfosis”, dijo, después de pensarlo unos segundos. Ese año se sumó al proyecto energético de Hugo Chávez, Petrocaribe y más tarde al ALBA.
Abrió a licitación las compras gubernamentales de combustibles, arruinándole el negocio a Esso, Shell y Texaco; ajustó el salario mínimo a la canasta básica, una medida sin precedentes en el país; promulgó un ley de protección forestal, a pesar de su pasado de magnate maderero; y le pidió disculpas públicamente a Fidel Castro en nombre del Estado hondureño por haber prestado su territorio en los años ’80 como base para la lucha antiguerrillera de Estados Unidos. Zelaya no es un revolucionario, pero intentó cambiar la historia de su país. “Fue mucho mejor que todos los presidentes que se presentaron como hombres del pueblo”, aseguró Barahona.

Por María Laura Carpineta

domingo 5 de julio de 2009

"Somos libres"

¡Por fin! Sucedió lo que tenía que suceder, lo que tanto esperábamos el año pasado, esto es: triunfó la democracia. Gracias a Mauricio, Francisco, Felipe, Gabriela, Lilita, el cordobés Luis, Cleto y el Lole, entre otros, estamos empezando a ser un país en serio. Estos nuevos mártires están luchando con ímpetu para terminar con la dictadura kirchnerista. Ellos han dado un paso muy importante, trascendental, en estas últimas elecciones para que la Argentina vuelva a ser una nación sustentable y así atraer a las inversiones extranjeras, y de ese modo retomar las sendas del Progreso.
Los medios de comunicación, enfrentándose sudorosamente a las censuras gubernamentales, tuvieron el coraje de denunciar los atropellos a las libertades civiles que viene cometiendo el Gobierno K.
A partir del domingo 28 de junio de 2009, día de Liberación Nacional, pudimos volver a soñar con la grandeza de la nación y recuperar las banderas de Patria, Hogar y Religión.
La gente esta vez sí supo elegir a sus representantes, no cedió al clientelismo, al aparato peronista. Es decir, los ciudadanos votaron libremente, evitando el anunciado fraude kirchnerista. Se escuchó la voluntad ciudadana. De esta manera, comienza a retornar el orden a esta República que debe reinsertarse prontamente en el mundo. Lo cual significa salir de la
barbarie en la que nos fue metiendo el kirchnerismo asociándose a iconos del populacho como Fidel Castro, Evo Morales, Hugo Chávez y Rafael Correa, todos caudillos demagógicos, enemigos de la democracia liberal.
Basta de estos populismos que degradan la conciencia de los ciudadanos de bien, que trabajan y pagan sus impuestos, no como esos miserables que viven holgazanamente en villas miserias y se dejan comprar por unos choripanes y unos vinos de mala calidad a cambio de darles su voto a estos tiranos de poca monta.
El kirchnerismo trajo todas las pestes, el dengue, la inseguridad y ahora la gripe A. Ellos son responsables de la crisis económica internacional, porque este tipo de regímenes genera incertidumbre en los mercados y en las finanzas.
Afortunadamente, como declaró nuestro oráculo Lilita Carrió, "Nestór Kirchner está muerto políticamente".
Si queremos ser un país próspero, viable, entonces tenemos que apostar para el 2011 por gente como uno como son los casos del productor rural Carlos Reutemann, el empresario exitoso Mauricio Macri, el valiente y leal Julio Cesar Cleto Cobos. Hay que seguir depositando nuestra confianza en hombres y mujeres decentes que promueven consenso y diálogo. No debemos dejarnos engañar y arrastrar por tiranos confrontativos como este clan K.
Este gobierno está lleno de corruptos, confisca nuestros bienes, ataca a los pobres hombres del campo. Justamente, sin el campo no hay riquezas, no podemos progresar. Además el kirchnerismo genera delincuencia, inseguridad, defiende a los malhechores refugiándose en esa farsa de los Derechos Humanos. Cuando en realidad, la gente decente quiere trabajar y no quiere que ningún político la moleste. En cambio, el doble comando presidencial nos encierra en el pasado. Por eso hay que dar por concluida esta tiranía, actuar como se hizo en estas elecciones.
Los ciudadanos de esas tierras somos derechos y humanos, no creemos en eso de las ideologías, somos de centro. Queremos que nos gobiernen personas laboriosas como las mujeres y hombres que forman los equipos de Unión Pro. Que no vienen a vivir de la política sino que viven para ésta.
Si seguimos por esta vía, entonces, dentro de dos años lograremos el anhelado argentinazo. Sacaremos finalmente a los Kirchner del poder y podremos gritar todos unidos: "Somos libres".
Por Mauro Reynaldi

sábado 4 de julio de 2009

La reedición de un ballottage

Hace seis años, mientras el país todavía se debatía tratando de salir del inmenso daño suscitado en su cuerpo por las políticas de los noventa, una gran parte de la sociedad (esa construcción abstracta, llamada también “opinión pública” de la que siempre hablan los grandes medios de comunicación y sus periodistas estrellas) se disponía a elegir a quién sería el guía de esa hora tan compleja y amarga.
Seis años después tenemos la extraña sensación de que el verdadero ballottage, el que tenía que haber enfrentado a Menem con López Murphy, vuelve a aparecer bajo otros nombres (Macri, Cobos o Reutemann; De Narváez, gran y dispendioso elector, no entra en esta grilla por el azar de haber nacido en Colombia).
Como si la excepcionalidad, o el azar, que llevó a Néstor Kirchner a la presidencia y luego a desplegar políticas por completo antagónicas a las desarrolladas entre nosotros por el neoliberalismo, volviese a ofrecerse como lo que fue: una anomalía, aquello no esperado y que poco tenía que ver con los imaginarios predominantes entre una gran parte de los argentinos, que todavía llevaban y llevan en lo más profundo de sí mismos, las marcas dejadas por el sueño de la convertibilidad.
Con alivio los profesionales del periodismo “independiente”, los portadores de grandes virtudes republicanas se apresuran a felicitarse por el fin de tamaña anomalía, de esos años sorprendentes en los que la “forma” imperfecta, plebeya y hasta “populista” vino a desplazar la siempre pendiente “calidad de las instituciones”, esa tan reclamada República por muchos de aquellos que han atravesado la historia del país enlodándola y envileciéndola.
Pero claro, ese tiempo loco, anómalo, extraño debía concluir, tenía que convertirse en un mal recuerdo, suerte de pesadilla para quienes desde siempre se han visto a sí mismos como los dueños efectivos de “la patria”. Sus escribas corren a recordarnos que esa etapa excepcional e imprevista de la historia nacional ha quedado sellada de una vez y para siempre mientras regresa, ¡por suerte!, la cordura en el interior de una sociedad que, como si se despertase de una pesadilla, vuelve a respirar aliviada y se prepara para retomar ese ballottage suspendido en el tiempo entre Menem y López Murphy, un ballottage que vino a interrumpir ese extraño personaje llegado del lejano Sur.
Soltando el aire retenido en sus pulmones, aligerando sus preocupaciones nacidas del profundo desagrado que les suscitó ese equívoco que condujo a Kirchner al sillón de Rivadavia, están nuevamente listos para borrar de un plumazo –al menos ese es su mayor deseo– lo acontecido a lo largo de estos desprolijos e impresentables años en los que la bestia negra de la época, el maldito populismo, amenazó vidas y propiedades llevando a la Nación hacia las peores formas del autoritarismo.
Los cultores del consenso se arremolinan alrededor de micrófonos y cámaras para anunciar que terminó el tiempo del conflicto y de la crispación; que se acabaron los desplantes y los lenguajes de la confrontación y el hegemonismo para dejar paso a una bucólica mesa (¿tal vez como la de Mirtha Legrand?) alrededor de la cual se sentarán nuestros democráticos dirigentes para sellar la unidad nacional, esa que eufemísticamente describe, como casi siempre en la historia argentina, el modo como las corporaciones económicas, los dueños efectivos del poder, siguen ejerciendo su predominio. A eso lo llaman, nuestros periodistas estrellas, “consenso”.
2.
Recojo, y hago mías en estas reflexiones, lo que escribió con lucidez en la larga noche del domingo 28, María Pía López: “Una elección se juega también en un espacio inmaterial, como un videojuego en el que cada uno es el personaje elegido. La mediatización es eso: la primacía de ese otro espacio en el que un personaje puede ser delineado, inventado, configurado y lanzado al ruedo. Donde importan profundamente los ademanes y los barnices publicitarios.
En ese espacio se puede votar, incluso, contra los intereses materiales o los derechos conquistados. Casi, como si no tuviera efectos. Por el contrario: es el lugar más relevante de las sociedades contemporáneas, donde se produce riqueza y poder. Es el fin de la política tal como se conoció en el siglo XX. Ganó la provincia de Buenos Aires De Narváez y esa elección no es tan distinta a la de Solanas en Capital: son antagónicas en la política del siglo XX, simétricas en la actual.
No se votó al Solanas –y ojalá me equivoque también en esto– que apuesta por la nacionalizació n del control de recursos naturales, sino por un “Solanas” que la escena mediática proyectó sobre el rostro del anterior. Por eso en esta otra escena, la que tuvo la primacía ayer, Pino y Grondona pueden tratarse con simpatía. ¿Qué política hay en el horizonte, cuando lo que triunfó es un modo de gestión de las subjetividades, las creencias, los deseos?”.
Ese pasaje del que nos habla María Pía López, de la política en el siglo XX a la política en el siglo XXI, tiene que ver con la profunda transformació n de las subjetividades en estas últimas décadas; tiene que ver con la nueva matriz espectacular- comunicacional de nuestras sociedades democrático-telemá ticas, del mismo modo que se vincula directamente con la emergencia del ciudadano-consumido r (de objetos rutilantes, de deseos imaginarios y de lenguajes audiovisuales formateados por publicistas, encuestólogos y consultores de turno capaces de “encontrar” el núcleo simbólico que transforma a alguien en candidato-estrella) .
Claro que no alcanza con dar cuenta de estas mutaciones culturales para explicar la derrota del domingo ni para intentar comprender todo lo que implica la emergencia de esta nueva derecha que viene engalanada con los vestidos superpuestos de la estetización mediática y las memorias populares saqueadas en nombre de aquellos mismos que se han dedicado a saquear materialmente a esos mismos sectores que ahora interpelan espectacularmente.
A la derrota también hay que explicarla por las carencias y las deficiencias de ese mismo proyecto surgido en el laberinto argentino; carencias y deficiencias que, en muchos casos, vienen a expresar la incapacidad para comprender esas mismas mutaciones culturales.
Límites de la anomalía kirchnerista que, de todos modos, no deja de poner en evidencia, en medio de su despliegue espasmódico y contradictorio, uno de los momentos más significativos e interesantes de la historia nacional, allí donde subvirtió lo esperado y natural asumiendo las formas plebeyas, en ocasiones, de lo impresentable de acuerdo a las lógicas hegemónicas de la dominación. Contra esa excepcionalidad, contra ese giro inaceptable, es contra lo que se despliega amenazante la restauración conservadora.
3.
Sigo leyendo lo escrito por María Pía López, lo sigo haciendo porque encuentro en sus palabras un núcleo indispensable para indagar sin complacencias lo que nos está atravesando: “Comenzó la restauración conservadora. A este gobierno se le ha dicho, muchas veces, que no sabe escuchar. Pero cuando se decía eso lo que había que escuchar eran corporaciones patronales, opositores desbocados, poderes mediáticos, antes que trabajadores reivindicando sus derechos o sectores populares incitando a transformaciones. Hoy se va a decir que hay que escuchar la voz de las urnas. Voz de orden, pareciera.
Argentina votó más parecido a Italia que a Venezuela. Los candidatos a la presidencia en el 2011 querrán, cada cual a su modo, parecerse a Berlusconi. El fondo más oscuro de la restauración conservadora es la apuesta a un principio de gobernabilidad racista y jerárquico. Porque el ganador de esta elección no fue Sabbatella –el que expresó con más claridad la idea de un necesario desborde por izquierda de los límites del kirchnerismo–, fue la entente Macri, De Narváez, Reutemann. ¿Y alguien cree que la derecha viene por menos que todo? La restauración no es un golpe de Estado, es un vaciamiento de las posibilidades de hacer. Y, al mismo tiempo, la vigilancia constante del acusado de sordo. La restauración conservadora no necesita la ruptura institucional. Por el contrario, prefiere disciplinar a los antes díscolos”.
Tal vez por eso no puedo leer con particular entusiasmo los resultados electorales de Proyecto Sur en Capital o de Sabbatella en la provincia de Buenos Aires (y eso no sin dejar de reconocer que allí se anida algo importante y necesario de cara a impedir el giro restaurador) , como sí lo hacen aquellos que se regocijan por los votos acumulados, supuestamente por izquierda y sintiéndose herederos de la caída del kirchnerismo, mientras lo que se afirma con fuerza despiadada en la escena del presente es, de nuevo, el silenciamiento de cualquier proyecto popular en nombre de la República liberal-conservador a, esa misma a la que se refieren los amantes de la calidad institucional.
¿Regresaremos inevitablemente a ese ballottage interrumpido hace seis años por Kirchner, ese que enfrentaba a Menem con López Murphy y que hoy puede, como si fueran los personajes del mismo drama pero cuyos nombres han sido cambiados, enfrentar a Macri o Reutemann con Cobos o con Carrió? Por suerte, estimado lector, la ardua historia siempre guarda dentro suyo lo inesperado, aunque también nos pide que, de vez en cuando, estemos a la altura de las circunstancias y seamos capaces de ayudarla a impedir que lo peor de nuestro pasado recupere lo pendiente e interrumpido en ese extraño acontecimiento del 2003. ¿Podremos?

Por Ricardo Forster

viernes 3 de julio de 2009

Este la sabe posta...


Ariel Umpiérrez la tiene clara... aunque a la gente la confunde bastante con su agrupación "Médicos sin banderas" en clara superposición a los "Médicos sin fronteras", los cuales tuvieron que salir a aclarar que no conocen a este señor y su "causa". Igualmente su "colaboración" no es inocente: quiso ser un legislador por la lista de Rodriguez Saá y terminó "asesorando" a la Coalición Cívica.

Tampoco es muy claro:

11 de Junio de 2009. Ariel Umpiérrez: “gripe A es utilizada para no hablar de los problemas mucho más graves que hay en el país con el dengue y el Chagas

26 de Junio de 2009. Ariel Umpiérrez: “se habla oficialmente de mil quinientos casos, pero estamos arriba de las diez mil personas infectadas con gripe A”

Si bien es un profesional de la economía, sigue dando a "la sociedad" consejos e información sobre las epidemias que padece nuestro país; y sus embates son bien aprovechados por la derecha mediática (que se viene con todo).
Si quieren seguir conociendo al contador "epidemiólogo" más consultado por los grandes medios compartimos esta publicación de Redacción Rosario.

Buscado... Gripe Talibán


jueves 2 de julio de 2009

LOS PIRATAS DEL PARANA, vienen por el agua

Negocio fácil: lastran los buques con agua del Paraná para luego venderla al exterior.


Es una historia de piratas. Vienen en barco, se llevan el agua y la venden al otro lado del Atlántico sin mayores restricciones de la estructura jurídica nacional o provincial.

Así de desmedido y paradójico es cómo empresas internacionales venden por internet el agua de los ríos argentinos a Medio Oriente y África, según la versión difundida en los últimos días por la ONG ecologista Río Paraná.

El agua dulce, dada su escasez en el planeta (3% del total), asoma como el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI.
Argentina dispone de mucho (22.000 metros cúbicos por habitante al año), pero mal distribuida: dos tercios de su territorio es árido o semi árido. En este escenario, la empresa Makhena SA, con sede en Miami y sucursal en Buenos
Aires, ofrece por internet agua dulce de los ríos de la llanura argentina. El Paraná es el más importante de ellos.

La empresa Makhena S.A., con sede en Miami y sucursal en Buenos Aires, expone en su página de Internet
(www.makhena.com) las características del producto que ofrece al mercado (agua dulce, cruda, sin tratamiento), el origen (ríos de llanura, en Argentina), las cantidades (entre 60.000 y 70.000 toneladas por envío), el uso (potabilización y consumo, riego, etc.) y la forma de transporte (buques tanque). El negocio es redondísimo y casi sin
riesgos. Vender un recurso barato, a precios altísimos, claro que a partir de “un elemento insustituible que, a pesar de ser renovable, su escasez se manifiesta a medida que aumentan las demandas y conflictos por su uso”, tal como admite la misma empresa en su web.

En concreto lo que hacen es esto: Se llevan el agua del litoral del país en el lastre de los barcos. Cualquier buque, para poder navegar, tiene que estar lastrado, con cierto peso para mantenerlo equilibrado. Para que pueda navegar sin zozobras, debe cargar cierto volumen en sus bodegas, así, descargan la mercadería en puerto argentino y cargan agua dulce (también en puerto argentino) “para la vuelta”, y la venden en los mercados del Medio Oriente, África y Europa donde luego la potabilizan. La cargan en el Paraná porque el agua está menos contaminada que en el Río de la Plata.

Hasta ahora no hay ninguna ley que regule el “tráfico clandestino de agua dulce”, lo hacen impunemente a la vista de todo el mundo y en las propias narices de la prefectura naval Argentina, que sabe lo que hacen pero que no tienen los instrumentos jurídicos para poder actuar.

Mientras tanto por los ríos del Delta del Paraná, los vemos navegar todos los días, llevándose nuestros recursos naturales en sus bodegas gratuitamente.

miércoles 1 de julio de 2009

Lo que dejaron las urnas y lo que viene

Aun estamos muy cerca de los comicios legislativos del último domingo. Sin embargo, en estos días (muy en caliente) hemos tratado de entender y sacar conclusiones acerca de los resultados electorales, sobre quiénes fueron los vencedores y quiénes los vencidos. Si repasamos lo sucedido, y guiándonos, en principio, por los números que dio a conocer la Presidenta Cristina Fernández el pasado lunes 29, entonces tenemos un virtual empate entre el oficialismo y el frente que lidera la Coalición Cívica con alrededor del 30 % de los votos a nivel nacional para cada fuerza, seguidas de Unión Pro con cerca del 20 % de los escrutinios. Ergo, podríamos decir que no hubo un gran ganador (excepto que juntemos al Frente Cívico con el macrismo o peronismo disidente, los cuales pasarían a ocupar el primer lugar con casi la mitad del total del electorado nacional a su favor), sino que existe paridad a lo largo y ancho del país entre los tres movimientos: Frente para la Victoria, Acuerdo Cívico y Social, y Unión Pro.
Lo que no podemos dejar de marcar es que, si bien es cierto esto tal como lo demuestran los datos oficiales, el kirchnerismo viene perdiendo su gran capital político, no desde el año pasado con el conflicto campestre, sino desde su enclaustre en el viciado y corrompido (por no decir neoliberalizado) Partido Justicialista. O sea, su resignación a construir algo nuevo, superador de las viejas y caducas estructuras partidarias. La transversalidad fue un intento de ese avance democratizador pero fue descartado al poco tiempo de haber surgido como idea, tras unos encuentros entre Kirchner, Martín Sabbatella, Hermes Binner y Luis Juez. En ese entonces Pino Solanas también acompañaba las políticas empleadas por el oficialismo (claro, no estaba la riña con el Grupo Clarín).
En cierta medida, por esos motivos, las clases medias urbanas y rurales (en su mayoría de tinte conservador) le han ido quitando al Gobierno esa adhesión que se traducía en aproximadamente un setenta por ciento de imagen positiva, durante los primeros años del mandato de Néstor Kirchner. La salida de Roberto Lavagna del Ministerio de Economía de la Nación a fines del 2005 fue uno de los primeros empujones para que estas clases sociales empezaran a alejarse del oficialismo. Estos sectores se conformaban con ciertas bases de estabilidad, con que no les toquen el bolsillo, sin importarles lo que pasaba con sus conciudadanos que estaban y todavía hoy siguen nadando en las corrientes de la pobreza, la exclusión y el desempleo.
El kirchnerismo fue trastabillando, comunicando mal a la población sus medidas para salir de la crisis del 2001 e ir hacia un modelo de desarrollo más equitativo e inclusivo. Crecimiento más distribución de las riquezas viene siendo el slogan K desde la asunción de Cristina Fernández en diciembre del 2007 a la fecha. Aunque, los más beneficiados con estas políticas le hayan dado la espalda en la reciente contienda electoral.
Lo que queda en claro, lo que quedo confirmado este domingo, es que las transformaciones de fondo que necesita el país para que haya más justicia social son imposibles de la mano de los residuos del menemismo y del duhaldismo. Es una tarea homérica. Esos reciclajes sirvieron coyunturalmente, cuando el Gobierno tenía viento en popa, pues al primer tropezón se fueron dando vuelta, mostrando lo que realmente son, o sea, funcionales al status quo.
Retomando las primeras líneas de estas notas, podemos pasar en limpio que no hubo fuerza o movimiento en estos comicios que haya superado ampliamente a su rival, a quienes les seguían en cantidad de sufragios. Excepto el cobismo en la provincia de Mendoza, no hubo agrupación que le sacara más del 10 % de votos a su seguidora. Fue una votación muy pareja, sin hegemonías.
El kirchnerismo cayó derrotado más por errores propios que por aciertos de sus rivales, pero no está muerto. No está a millones de años luz de sus adversarios. Por dicha razón, aun depende de sí mismo para lograr los objetivos que se propuso durante la campaña. Tendrá que apurarse para debatir la nueva ley de Servicios Audiovisuales (enorme tarea pendiente de la democracia) en el Congreso antes del 10 de diciembre. Si llegara aprobarse esta norma en el parlamento, la administración kirchnerista daría otro paso gigantesco en la recuperación de la dignidad nacional y en la consolidación del sistema democrático.
En la vereda de en frente, la oposición después de tanto discurso, tanto marketing, deberá prepararse para ser una alternativa de gobierno acorde a los tiempos democráticos. Promover algo nuevo y no venir con viejas recetas, copiadas de los organismos financieros internacionales, que han dado muestra de sobra de sus fracasos.
Gran parte de la ciudadanía votó un cambio (a la derecha). No obstante, es muy probable, por lo volátil que son sus estados de ánimo, que se arrepienta y en un corto plazo busque sus soluciones en otro lugar, ya que ese voto castigo a los Kirchner puede ir al macrismo, a la coalición conservadora que integra el radicalismo o hacia Proyecto Sur. Da igual mientras sea anti K.
En síntesis, no hay nada definido, solamente una sociedad más derechizada, más dedicada al mundo del espectáculo que a pensar seriamente el país que quiere. Es decir, más individualista que de costumbre. Ante esto, el conjunto de la dirigencia política argentina no estuvo exenta y cedió a la hipnosis del sentido común conservador, mediatizado por el imperio agrocomunicacional.
Por Mauro Reynaldi

martes 30 de junio de 2009

Todavía falta

Luego de las elecciones del pasado domingo 28 de junio, y de escuchar y leer reflexiones bien o malintencionadas de periodistas de distintos ámbitos, algo queda claro: se vienen cambios. Los primeros síntomas se vieron el lunes con la renuncia a la presidencia del Partido Justicialista por parte de Néstor Kirchner (liderazgo que restó más que sumar al proyecto K). Si bien las miradas pueden apuntar ahora al nuevo presidente del partido Daniel Scioli (para saber si se produce un viraje hacia la derecha justicialista), no hay que dejar pasar los movimientos del pingüino santacruceño. Este hombre ahora tan demonizado produjo acciones políticas que beneficiaron a los sectores más postergados de nuestro país: desde la remoción de la Corte Suprema menemista hasta la estatización de las AFJP, pasando por una nueva ley laboral, quita de la deuda en default, soberanía frente al FMI, alineación latinoamericana (priorizando el Mercosur antes que el ALCA), aumento de jubilaciones mínimas, inclusión y seguridad social al personal doméstico, repatriación de científicos radicados en el exterior (mediante un plan oficial de escasa difusión), impecable política de derechos humanos y todo esto sumado a una notable mejora general de la economía nacional que venía de la peor crisis de su historia.
Igualmente hay que asumir que estos hechos quedaron vetustos y en el pasado, ahora hay que empezar a discernir qué fue lo que provocó en su momento un 75% de imagen positiva al político que ahora (según los grandes medios de comunicación) es el más defenestrado del país.
Es evidente que la reivindicación de los derechos humanos no causó los mayores elogios, ni tampoco el regreso de los científicos ni la unidad latinoamericana; lo fundamental de la plausividad general hacia este desconocido sureño era simplemente que la economía andaba bien y proyectaba mejor tanto para el laburante como para el empresario y por supuesto para el hombre de campo (ni que hablar del cómodo heredero de unas hectáreas de soja que le permitían ser el nuevo empresario inmobiliario, todo esto sin laburar ni siquiera un poquito). De esta manera deducimos que la aceptación hacia Kirchner se daba principalmente porque después de la debacle e implosión del neoliberalismo argentino se pudo salir adelante y empezar a hablar de crecimiento sostenido mediante políticas económicas que pregonaban una leve reindustralización (renaciendo viejas fábricas cerradas durante el menemato y llenando la capacidad productiva de las que se mantenían en pie); desacoplando los precios internacionales de los de nuestro país, generando de esta manera una competitividad real de los productos agrícolas e industriales. Con estos datos, los flamantes votantes de De Narváez, Michetti y Prat Gay se bancaban en su momento a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, les caía simpático Hugo Chavez y hasta estaban orgullosos de la firmeza del "montonero" ante Bush, negándose a firmar el ALCA.
Hay que aceptarlo, esto es algo normal. El ciudadano en general está apolitizado y si pensamos que se volverá a la época de la militancia desinteresada de hace 40 años estamos muy equivocados. Puede causar bronca que no se reconozca nada de lo positivo que tuvo el kirchnerismo, pero lamentablemente es así... a la mayoría de los habitantes de nuestra clase media no les interesan esos datos "secundarios" tan importantes para la discursiva de centro izquierda. Tampoco les interesa estatizar YPF (aunque voten a Pino), Aerolíneas ni las AFJP. Tampoco que los hospitales se caigan a pedazos mientras tengan una buena prepaga y que los colegios públicos no tengan clases mientras puedan asistir sus hijos a un prestigioso instituto privado. Sólo quieren estar cada vez mejor económicamente, comprar autos, viajar, comprar lo último en tecnología, etc. Y es sumamente lógico, normal y aceptable que esto suceda. Es una utopía pensar que en un mundo capitalista, globalizado y comunicado como en el que estamos la sociedad se abstraiga hacia el altruísmo nacional y popular resignando sus logros materiales.
Por esto que sería estúpido pensar que confrontando y queriendo hacer cambiar el parecer de estos compatriotas vamos a lograr una profundización hacia una verdadero proyecto nacional, emancipador y con justicia social.
Restan más de dos años del mandato de Cristina Fernández y ese caudal de votos que perdió no es irrecuperable pero si muy difícil que vuelva. Pero este no tiene que ser el objetivo, tampoco querer cambiar los intereses sesgados de la mayor parte de la clase media urbana. Ni siquiera hablar más de la desvirtuación de la realidad que hacen los medios. Esto es así, es lo que hay. Sobre esto el gobierno tiene que trabajar, no criticar. Ya sabemos los intereses que representan Clarín, La Nación, América y la demás bosta. También sabemos que Mariano Grondona es un vende patria, que la Sociedad Rural apoyó todos los golpes militares y que las fundaciones fiancieras lavan guita y hacen lobby para volver a la patria financiera. Aunque produzcan asco hay que dejarlos que hablen, no molestarlos no provocar a las fieras. Estas se despertaron y reaccionaron de una manera violenta; sin armas pero con cámaras, micrófonos y computadoras.
Para denunciar esto estaremos los que tenemos memoria: militantes, periodistas, comunicadores, docentes, intelectuales y ahora los bloggers.
Será el momento de gobernar con más fuerzas que antes. De lograr consensos con la toda la centro izquierda no por pactos, sino porque los proyectos sean inobjetables. De presentar planes impecables para la mayoría de los sectores progresistas. Los apoyos tendrán que venir por las aprobaciones del parlamento y no por las declaraciones televisivas.
Los buitres seguirán atacando a un gobierno debilitado, y la respuesta tendrá que ser seguir gobernando para tratar de lograr un país con más inclusión y justicia social.
A laburar. Todavía falta...

Por Coco Alvarez

lunes 29 de junio de 2009

El día Después




Para la grandes corporaciones mediáticas el título de esta nota debería ser: "Se acabó lo que se daba" o "El fin de una era".

A casi un año de la dramática disputa por la renta agraria, el Gobierno vuelve a ser derrotado. Esta vez fue a causa del voto popular y no del no positivo Cleto Cobos. Empero, decir que perdió el Gobierno es una verdad a media, la otra mitad es que ganó la derecha con sus variopintos.

Las distintas expresiones del neoliberalismo coparon las urnas en los distritos más importantes del país. En la provincia de Santa Fe, estas expresiones representadas por un lado, por el neomenemismo reutemista y por otro, por la neoalizanza Socialismo- Coalición Cívica- radicalismo obtuvieron arriba del ochenta por cierto de los sufragios. O sea, el conservadurismo arrasó en el litoral, dejándole al Frente para la Victoria menos del diez por ciento del electorado.

Las razones de la caída del kirchnerismo las podemos buscar en muchos lugares, pero encontramos ciertos érrores tácticos y estratégicos del ex presidente Néstor Kirchner como fue el obtuso repliegue en el aparato del Partido Justicialista, cerrándose de ese modo al diálogo con las demás fuerzas progresistas como Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella y Proyecto Sur. El kirchnerismo ahora está pagando caro haber confiado en que con la obsoleta y viciada estructura del PJ iba a gobernar eternamente. No es casual que hoy Kirchner haya renunciado a la conducción del justicialimo, cediéndole su lugar al "moderado" Daniel Scioli.

Hemos señalado en otro post que estas elecciones legislativas no definen nada más allá del recambio de parlamentario. De esta manera, seguramente estará más reñida la consecución del quórum para que se den los grandes debates en el Congreso, como es el caso de la nueva Ley de Servicios Audiovisuales (la cual probablemente sería tratada antes del 10 de diciembre día de asunción de los legisladores electos).

Los grandes triunfadores de la jornada de ayer fueron Francisco de Narváez, Mauricio Macri, Carlos Reutemann, Julio Cobos y Luis Juez. Todas variantes de una derecha afín a los agronegociados, que con matices aspiran a gobernar el país de forma similar como fue en la década de los noventa (quizás con menos corrupción).

Si se junta la derecha peronista personificada en Reutemann, De Narváez, Macri y Duhalde (actualmente en la oscuridad) con la derecha liberal representada por Cobos, Binner, Juez y Carrió. Si terminan tejiendo una alianza, entonces será efectivizada la restauración neoconservadora en el 2011. A esto se enfrentan, el debilitado kirchnerismo y las agrupaciones que intentan sintonizar con el sentir de los sectores populares.

El kirchnerismo perdió la batalla más importante de los últimos tiempos, más dura que el desenlace parlamentario de la Resolución 125. Dependerá solamente del propio Gobierno reivindicar su gestión, apostar a profundizar el cambio con o sin mayoría en el Congreso. La astucia de la razón nacional y popular, del compromiso con los ciudadanos más necesitados y vulnerables. O esa, encaminar y acrecentar las políticas que tienden a mejorar la calidad de vida de las clases medias y bajas de la sociedad.

El resultado electoral del domingo 28 de junio es la patentización de una sociedad que se derechiza cada día más a contracorriente de lo que está aconteciendo en el resto del continente. Excepto Honduras, país donde los sectores reaccionarios hicieron lo que sugería el año pasado acá y en Bolivia la oligarquía agromediática, es decir, acabar con el gobierno demócratico.
Dicha derechización se canalizó en el triunfo de la oposición, la cual empieza a contar los días para los comicios de octubre de 2011. Mientras, por su parte el kirchnerismo deberá aprovechar lo que le queda de mandato para distribuir más, generar más empleo, convocar a la participación de la ciudadanía. El agro produce riquezas pero no es el único sector de la economía de donde obtener recursos para repartir entre la población más damnificada por las políticas neoliberales. Por ende, el Gobierno tendrá que ponerse a pensar en afectar otras rentas extraordinarias como la financiera, la minera, la petrolífera, el juego, etc.

En resumen, si el kirchnerismo pudo conseguir sus mayores logros al poco tiempo de haber asumido en el 2003 con el 22% de los votos, ¿por qué no lo va a poder hacer ahora? Tendrá que apelar a su capacidad de construcción, de emerger nuevamente de la nada como lo hiciera hace más de seis años. Reflotar la idea de transversalidad no suena mal, habría que tenerla en cuenta, tomando como referencia las buenas performances de Pino Solanas en Capital Federal y de Martín Sabbatella en la provincia bonaerense. Esta es una de las salidas para los K. La otra, amoldarse a las exigencias de la oposición.

Por Mauro Reynaldi