jueves 21 de agosto de 2008

El presente siempre está queriendo cambiar

La frase que da titulo a esta nota pertenece a un fragmento de la canción cambiar que forma parte de la última producción discográfica de la banda Victoria Mil, la cual lleva por nombre Están despedidos. Este cuarteto de electro rock & pop acaba de grabar un nuevo álbum en el estudio Circo Beat y vuelve a contar con la colaboración en la producción artística de los Babasónicos como sucediera en el antecesor Estoy Bien Bien Bien del 2005. Ahora se trata de diez canciones que continúan mimando el espectro musical que podríamos denominar neoglam argentino, donde leemos referencias a bandas emblemáticas de los años ochenta como Virus (causalmente, uno de sus creadores, el guitarrista Julio Moura fue invitado para participar en este disco) y los Encargados.
Por estos tiempos en nuestro país podemos afirmar que todos los actores políticos se hacen eco de la mencionada cita. Desde el oficialismo kirchnerista hasta la oposición variopinta todos dicen querer mudar de aires la realidad nacional. El discurso en voga pide desesperadamente que se realicen las transformaciones “necesarias” para evitar caer nuevamente en la trama del riesgo país o en la hiperinflación o en la pobreza extrema, según desde dónde y cómo se mire la cuestión varía. Así como ahora toda la “gente de bien”, que habita estas tierras, se “horroriza” por el hambre y la injusta distribución de las riquezas, también reclama imperiosamente que se produzcan cambios significativos en la administración de los asuntos públicos. Se sabe: todo lo que hace el gobierno nacional es objetable y, hasta en algunos casos directamente descartable, para vastos sectores de la sociedad que ven el mal únicamente en la dirigencia gobernante mientras deja al resto de la esfera política absuelta de culpabilidad y responsabilidad cívicas. Escuchamos frecuentemente en los medios de comunicación a Eduardo Alberto Duhalde, Carlos Reutemann, Elisa Carrió, José De La Sota, como si se tratara de dirigentes que nunca tuvieron participación alguna en la vida pública de nuestra nación. Nos olvidamos fácilmente de aquellos que gobernaron, legislaron y ocuparon distintos cargos en la administración pública desde la recuperación de la democracia en 1983, acompañando las políticas que produjeron malestar y desasosiego en amplías capas de la población. Cualquiera puede aparecer en los medios y afirmar lo que desee ya que a las palabras se las lleva el contaminado aire que allí se expira.
En la campaña electoral del año pasado tanto la entonces senadora nacional Cristina Fernández de Kirchner como sus contrincantes copaban sus discursos haciendo alusión a la idea de cambio. Lo que desde aquí nos resulta menester indagar es: ¿a qué nos referimos cuando hablamos de cambiar? y la respuesta que se nos viene a la mente es que para los Kirchner continuar con el cambio era y es, profundizar lo que comenzara Néstor en el 2003 modificando gradualmente el modelo neoliberal de los noventa. Por el contrario, para la oposición a los K, el cambio significa terminar con la “hegemonía” de los pingüinos, la consigna es “basta de apelar al pasado”, o sea, “déjense de joder con ese discurso setentista (esto es, la política de derechos humanos)”. Sin embargo, todos los actores que se disputan el ágora, que pujan por intervenir activamente en los enredos del poder político, se empeñan por demostrar ante el conjunto de la sociedad civil que pretenden producir giros sustantivos en el orden institucional no hacen más que ratificar el status quo. Nadie, sean oficialistas u opositores, quiere reemplazar o alterar sustancialmente el sistema de organización y producción social que impera en la República Argentina desde la época del genocidio de los militares procesistas. Aquí todo el mundo compite para ver quién es el más progresista y democrático, aunque son muchos los que están contentos por la escasa participación de las mayorías populares en las decisiones gubernamentales. Por su parte el Gobierno no tiene que hacerse tanta mala sangre porque a su derecha lo único que encuentra es un puñado de jurasicos que así como antes adoraban el colonialismo español, ahora alaban al dios Mercado. En tanto a la izquierda del kirchnerismo, sólo hallamos individuos que aún no han egresado del jardín de infantes de la política criolla, su lema es “mientras todo esté cada vez peor, entonces mejor para nosotros”.
Para concluir de acuerdo a lo expuesto en las primeras líneas, coincidimos con los Victoria Mil, el presente siempre está queriendo cambiar/ en el mismo lugar/ queriendo cambiar.

Por Mauro Reynaldi

4 comentarios:

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