jueves, 4 de septiembre de 2008

La histeria no es neutral

Así como la historia no es objetiva, depende del lugar en que se sitúe su narrador, tampoco la histeria, en la política argentina, es imparcial. Mas sí bilateral. De derecha a izquierda, hallamos sobradas actitudes caprichosas de dirigentes de la sociedad civil que, con tal de contrariar hasta sus propios intereses, promueven sismos dialécticos para entorpecer el andamiaje del gobierno de turno, en este caso el que preside Cristina Fernández de Kirchner, aunque sea simplemente por resentimiento.
Sinceramente, quien escribe esta nota ya se cansó de analizar la política de cabotaje en términos de oficialismo y oposición (dos conceptos que dicen poco y nada acerca de los intereses que mueven cada uno de los bandos en pugna), desearía referirse a dos proyectos de país enfrentados, dos cosmovisiones distintas concretas, que se disputan el poder y lo hacen en un ámbito plenamente democrático, donde se respetan gobernantes y gobernados, los últimos dejan gobernar a los primeros, sin por eso perder su identidad como fuerza alternativa. Sin embargo, lamentablemente, debemos indicar que estamos ante una relación de debilidades contrapuestas, donde el ganador (y aquí la histeria en su máxima expresión) nunca llega a ser reconocido legítimamente por su adversario. Prueba de esto dan las críticas hechas al gobierno nacional por haber cancelado (pagando 6700 millones de dólares) la deuda con el Club de Paris. Desde el lado más conservador del triangulo político argentino (derecha-administración K- izquierda), sostienen que lo realizado todavía es poco para ganarse la total confianza de los organismos financieros internacionales, y la Presidenta no fue republicana porque no consultó al Congreso. Por el lado “progre”, el izquierdismo infantil cuestiona al Ejecutivo por priorizar la deuda externa, en vez de saldar la interna (discurso que vienen repitiendo desde hace casi veinticinco años). No obstante, en el momento de intentar afectar una parte de las ganancias de un sector inmensamente privilegiado de la economía, se manifiestan y votan en contra de dicho ensayo.
Para ser límpidos con este borroso pastiche diestro- zurdo, tenemos a los cuatro jinetes rurales del Apocalipsis acompañados por su superhéroe ultra mediático, el hombre minga, quienes, por una parte, aceptan que se cumpla con el pago a los acreedores extranjeros (el Estado siempre debe honrar sus obligaciones con el capital financiero) y por otra, le reclaman al Gobierno que aporte todos los recursos necesarios al campo, debido a la sequía que pone en peligro la producción de los sufridos productores rurales. De los excluidos, de los pobres, de los trabajadores mal pagos, ni una palabra, con ellos no hay compromiso que cumplimentar.
Es verdad que ser solventes con las entidades crediticias del exterior no es sinónimo de autonomía y libertad, mas bien lo contrario. Tampoco usar reservas del tesoro nacional para desendeudarse es una gran obra para la felicidad de los argentinos sin responsabilizar a los culpables del endeudamiento. Empero, mientras no haya un alineamiento incondicional a esos grupos acreedores y, al mismo tiempo, se sigan manteniendo fuertes lazos con los países vecinos, se tratará sólo de un mal menor.
Es moneda corriente que en Argentina, parafraseando al filósofo italiano Antonio Gramsci, lo nuevo aún no termina de nacer y lo viejo todavía no acaba por morir. Aunque en estas arenas movedizas no sepamos bien qué es lo perteneciente a la esfera de la novedad y qué comprende lo obsoleto. Si aquellos rectores de la vida pública que antes aplaudían efusivamente la privatización de Aerolíneas Argentinas y Austral, ahora festejan su estatización para estar en sintonía con el proyecto kirchnerista y así, no perder su butaca en las primeras filas del teatro en el que se definen los destinos de la polis.
En definitiva, el Gobierno obedeció al Poder Financiero, pero también reestatizó los aviones. Quedó bien a diestra y siniestra, a pesar de la indiferencia de la histeria bipolar.
Por Mauro Reynaldi

4 comentarios:

Enrique Martín dijo...

A la derecha argentina, si se la meten, grita. A la izquierda argentina, si se la sacan, llora. Más nuestro que el dulce de leche. Por los siglos de los siglos serán socias (aunque la primera siempre curre a la segunda). Ya las hemos aguantado bastante tomándolas en serio (sobre todo a la izquierda). Retardatarios, apresurados (Pocho dixit). Gorilas, bah.

Mariano T. dijo...

Si no fuera por la oposición estaríamos en la gloria!

ex anónimo dijo...

El otro día, estaba conversando con una persona allegada y que tenía intenciones de conocer mi inclinación (ideología) política. Fue directo al grano preguntándome acerca de qué pensaba sobre la conducta de Solanas en estos últimos cuatro meses. O sea, el punto que quería dilucidar ella era: 1) si yo era progresista y, 2) de ser así, cómo estaba viviendo esta crisis de contradicciones y fracturas dentro del progresismo.
Como yo soy peronista, de "esos que se quedaron en el 45", le comenté que la conducta de Solanas es similar a la de un tipo que va en un auto a 180 km/h por la ruta y ve efectivamente que hay un cartelito verde que indica a la izquierda "Resolución 125" 2 Km. El tipo viene tan embalado que sigue derecho, muy a su pesar, no puede frenar el auto. Bueno, con esta anécdota le aclaré que Solanas le pegó tanto a los Kirchner en estos años que le fué imposible desacelerar y reconocerles lo oportuno de la iniciativa de intervención del Estado en la economía. Aún bajo la situación de aproximaciones sucesivas, o sea, no todo de un saque porque en la situación política nuestra y actual eso es bastante difícil. Si lo puede hacer por ej.Chavez en Venezuela.

He escrito en varios foros comentarios haciendo referencia a que el inicio del cambio de rumbo del Gobierno de los Kirchner comienza con la salida del Min.de Economía de Lavagna. Allí Néstor Kirchner comenzó a desprenderse de la herencia Duhaldista. O sea que, figurativamente, el barco viene girando lentamente y al grueso de la población le pasa desapercibido.
Ahora yendo al 2008 (hoy), las iniciativas de la estatización de Aerolíneas Argentinas y Austral, y otras tantas, son hitos que confirman inequívocamente el cambio de rumbo. Y esto enloquece a varios políticos de izquierda y a la derecha, incluídos los pseudoperiodistas.

saludos.

MP dijo...

Me sumo al comentario de Enrique Martin. Es el triste destino de la izquierda argentina y a la vez su marca de origen: ser el furgón de cola de la derecha. El Gobierno tiene, mucho más en un país como el nuestro, la obligación de aplicar cierto pragmatismo. Así y todo, se cuela el impulso de un proyecto nacional que es necesario apoyar. Como se puede ver, declamar izquierda con el tema del Club de París y votar a favor de los intereses sojeros no cuadra. Pero ya Jauretche, Hernández Arregui y Ramos lo vieron antes y muchísimo mejor que yo.
Un abrazo
MP