sábado, 4 de abril de 2009

A 2 años del asesinato de Carlos Fuentealba a manos de la represiva policía neuquina al servicio del entonces gobernador Jorge Sobisch


La muerte del profesor Carlos Fuentealba a cargo de las patrullas policíacas -que respondían a quien era en esa época gobernador de la provincia de Neuquén por el conservador partido Movimiento Popular Neuquino, Jorge Sobisch, también ex candidato presidencial en el mismo año 2007- marca otro hecho de impunidad e injusticia en la historia contemporánea argentina. Otro laburante que muere en una movilización popular, exigiendo que se cumplan sus derechos. Otro muerto en democracia por vía de la represión policial. Los responsables intelectuales y materiales del crimen aún no han sido juzgados, siguen impunes. El mismo Sobisch tuvo el descaro de presentarse como candidato presidencial a poco tiempo del siniestro, como si no huebiese ocurrido nada. Una violación más a los derechos humanos que continua impune. Para los que piden seguridad, tenemos que aclararle que quienes más necesitan resguardar sus vidas son los miembros de las clases populares. Los muertos, por lo general, los pone el pueblo, mientras los políticos cipayos actúan para el bienestar de las clases dominantes.

Por Mauro Reynaldi

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