viernes, 6 de noviembre de 2009

Caída libre


El próximo lunes 9 de noviembre se cumplirán veinte años del desplome del Muro de Berlín. Este hecho marcó el tan anunciado comienzo del fin del comunismo, el cual se terminaría de concretar tras la implosión de la Unión Soviética, dos años después. De esta manera se acababa la guerra fría, el mundo bipolar. El capitalismo había triunfado, quedando como el único sistema de organización social, económica y política posible. Un sólo sistema, un sólo pensamiento. Posmodernismo en lo cultural y neoliberalismo en lo económico.

El ocaso del socialismo fue acompañado del discurso sobre "el fin de la historia" que provenía del corazón del imperio norteamericano, postulado por el yanquí- japones Francis Fukuyama. Había que vencer desde el campo cultural para consolidar el nuevo orden capitalista conocido como "globalización". Era la globalización, universalización, del sistema capitalista. El cual se volvía indiscutible, el único mundo posible. Es decir, la verdad absoluta. Era el triunfo de la libertad sobre el totalitarismo, en el cual se incluía tanto al comunista como al fascista. Pero da la "casualidad" que el mismo fascismo o el nazismo eran totalitarismos basados en el orden capitalista, no planteaban la colectividad de la propiedad, sino que también la concentraban en una élite de ciudadanos.



Ahora venía a iluminarnos el nuevo capitalismo, el de la libertad de mercado. El de los técnicos y especialistas que debían gobernarnos. Ya no más políticos, que por lo general eran corruptos, populistas, estatistas.

Los años noventa, última década del siglo veinte, se transformaron en la era de la modernización tecnológica, de la tecnocracia (el gobierno de la técnica, de los expertos). Al mismo tiempo se derribaban todos los grandes relatos de la modernidad que habían movido a la humanidad en busca de un progreso más igualitario.

El nuevo orden internacional se caracterizó por la capacidad y aptitud de las naciones de adaptarse a los requisitos del Mercado y de los organismos financieros. Obviamente, salieron favorecidas las grandes potencias de Occidente. América Latina, el tradicional "patio trasero" del imperio estadounidense, aplicó todas (o casi) las políticas neoliberales que beneficiaban al capital trasnacional en desmedro de la industria nacional. Fue un proceso de desindustrialización (o mejor dicho, de reconversión industrial donde fueron desapareciendo las pequeñas y medianas empresas a causa del crecimiento de las grandes corporaciones). Especulación financiera más endeudamiento externo que acentuó la dependencia.

El capitalismo "llevó la libertad" a Europa Oriental, al Este, pero ésta lo que implicó fue el ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres. La libertad al costo de una mayor desigualdad social. Del crecimiento de la pobreza y los enfrentamientos bélicos entre los países que integraban la Unión Soviética por un lado, y aquellos que conformaban Yugoslavia por el otro. También se disolvió Checoslovaquia. Rusía se transformó, de esta manera, en el nuevo eje del capitalismo europeo, pasando a integrar el grupo de las ocho naciones más poderosas del mundo.

Así como fue el fin del comunismo, el Estado benefactor también desapareció. El Estado pasó a servir, en los países subordinados, a los intereses de los grandes grupos empresariales que manejan la economía a su antojo si no hay regulación estatal, si no hay límites a su desenfrenada voracidad acumulativa.

Fue, entonces, el libre albedrío del Mercado en estas últimas dos décadas. El Estado cedió su rol de organizador, regulador y fijador de políticas públicas. No fue solamente la caída del socialismo sino también toda posibilidad de llevar a cabo cualquier tipo de políticas a favor de las clases populares. Por ende, el populismo también estaba liquidado.

Además de ser la propiedad privada incuestionable, los trabajadores debían soportar pasivamente la pérdida de sus conquistas laborales tras más de un siglo de luchas.

El nuevo modelo de organización socioeconómica fue convirtiendo a los ciudadanos en consumidores. La lógica del mercado regía (y rige aún) la sociedad. El capitalismo en su etapa competitiva más avasalladora de los derechos civiles.

La caída del Muro de Berlín es la cabal expresión de la imposición a nivel global de una sola forma de organización social, de un sólo modo de ver y actuar en el mundo según las leyes (que no afectan a todos de la misma manera) del capitalismo. Triunfó la lógica de la competencia. Es decir, la capacidad de desenvolverse en el Mercado (libre de las ataduras estatistas) según el poder adquisitivo de los consumidores. La marketinización de las relaciones sociales. Una clara distinción entre propietarios y desposeídos. Ganan los que tienen y pueden, que son por lo general los menos.

El derrumbe de los mal llamados Socialismos Reales fue la consolidación de la desmesura del sistema capitalista, ya injusto desde su origen.

Acá en Argentina, acomodándose a la nueva época, la de "la modernización neoliberal", el peronismo de vuelta en el poder dejó de ser "el hecho maldito del país burgués" (como lo definiera allá por mediados del siglo pasado John William Cooke) para transformarse en "el hecho maldito del país trabajador". El modelo neoliberal fue liquidando todos los derechos de los laburantes, dejando a más de la mitad de la población sin empleo y sumergida por debajo de la línea de la pobreza.

Ergo, para terminar concluimos que el derrumbamiento del muro de Berlín no fue exclusivamente el comienzo del fin del comunismo, sino también la declinación (claudicación) del Estado para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de todos los habitantes de la nación. Esto sucedió en casi todos los países, pero impactó más fuerte y gravemente en los dependientes de las naciones más poderosas del planeta, los comúnmente denominados subdesarrollados. Defunción del socialismo y del Estado benefactor a cambio de la hegemonía de las megaempresas multinacionales dirigidas por los Estados de los países centrales. En definitiva, caída del bienestar general de la población para la extraordinaria concentración de las riquezas y recursos en manos de las minorías dominantes.

Por Mauro Reynaldi

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