lunes, 29 de marzo de 2010

El periodismo basura

Así como a partir de la década de 1990 nos acostumbramos a indigestarnos con la famosa comida chatarra made in USA, conocida como fast food, el periodismo criollo a seguido esta tendencia proveniente de la gastronomía. Quizá sea mucho decir periodismo, más bien deberíamos referirnos a shows televisivos que buscan el impacto a cualquier costo con tal de conseguir más puntos de rating. El exponente de esta TV residual en cuestión es el siempre PROgre Caiga quien caiga. En la primera emisión de este año, haciendo gala de su compromiso con la denuncia pública, los chicos "rebeldes" de CQC arremetieron contra un ignoto concejal de la ciudad de Tartagal, Salta por haberse quedado con un aire acondicionado que le correspondía a una escuela de la ciudad norteña, como ayuda solidaria a los damnificados por el alud producido a principios del año pasado en ese lugar. Si bien se trató de un hecho de corrupción por parte del edil Hugo Torina del Frente para la Victoria, por haberse apropiado de una donación que hizo la "buena gente" de la productora Cuatro Cabezas. Los CQC boys tomaron este hecho delictivo como si se tratara del escándalo más importante de los últimos tiempos en el país. Pero esta cobertura no hace más que seguir el camino que empezaron en los noventa, en pleno menemato, de desacreditación de la política. Según los ex conducidos por Mario Pergolini, los malos de la película siempre son los políticos y nunca los representantes del Poder económico, de la elite dominante. Más significativo es el caso de Tartagal, ya que se trata de un legislador morocho, un "negro delincuente" tal como lo muestra el espectáculo televisivo del canal Telefe. El programa además de su retórica antipolítica, ahora le agrega el componente racista a sus notas. Este evento mediático termina siendo un ejemplo más del discurso hegemónico de los mass media donde la maldad está puesta en el poder político, en los funcionarios públicos, mientras que las empresas periodísticas a través de sus comunicadores y de sus productos, vienen a impartir la justicia que nos hace falta.




Por Mauro Reynaldi