jueves, 16 de septiembre de 2010

La izquierda universitaria: “gracias no fumo”

El líder bolchevique León Trotsky es la referencia de muchas de las agrupaciones que promueven el conflicto en dos o tres facultades para intentar “nacionalizar” la lucha de los estudiantes secundarios contra Macri, que los estudiantes en asamblea -aproximadamente un 5% del claustro- de la facultad donde estudio, Filosofía y Letras de la UBA, han sintetizado en una consigna: “Macri=Kristina”. Trotsky, como todo líder revolucionario en los hechos y no sólo en la retórica, no se andaba con medias tintas. Por eso solía burlarse de quienes en los momentos decisivos no adoptaban una posición concreta, optando por algunos de los bandos en disputa, con la misma soltura que alguien dice “gracias, no fumo”. Alguna vez ironizó –porque Trotsky explotaba una ironía magistral y sutil que acompañaba su desmesurada soberbia y egocentrismo, probablemente una de las razones de su derrota y, lamentablemente, el mayor legado que heredaron sus liliputienses y fragmentados seguidores- sobre un periodista que pretendía “relatar” la revolución rusa en forma “objetiva”, sin comprometerse con la revolución o la contrarevolución: “tenga cuidado -le advertía el líder del ejército rojo- porque cuando levante la cabeza para mirar entre las trincheras puede morir de un disparo”. En los últimos años de vida en el exilio mexicano, aunque ya había desvariado en buena medida azuzado por las persecuciones stalinistas, el líder ruso –a decir verdad más cosmopolita que ruso y más arengador que estadista, tal como lo advirtió Mariátegui, resaltando otras razones de su compleja derrota- tuvo la agudeza para advertir la dinámica de los nacionalismos populares latinoamericanos, y no dudo en apoyar las nacionalizaciones de los ferrocarriles y proferir inocultables elogios al gobierno de Lázaro Cárdenas. La cuestión nacional y la lucha anti-imperialista es la clave de la liberación social en Latinoamérica, advirtió entonces. No por casualidad, aquí en Argentina, los únicos grupos de izquierda que se sumaron y comprendieron al peronismo fundando lo que se daría en llamar la “izquierda nacional”, tuvieron su origen en una correcta interpretación del legado latinoamericano del trotskismo. Porque si algo no permite decir “gracias, no fumo” es el peronismo.
El mismo Trotsky, como todos los líderes revolucionarios, advirtieron la inconsistencia innata de la clase media. Hace un tiempo, el Comandante Chávez lo sintetizó en estilo caribeño al señalar que la clase media no es “ni fu, ni fa”, “ni chicha, ni limonada”. Una de las principales y más útiles enseñanzas teóricas del marxismo es que la clase media carece de densidad social y política propia, por lo cual está destinada a fragmentarse y oscilar entre las representaciones políticas de las clases fundamentales de la sociedad. Así, en el 2008, en medio del conflicto del campo, se terminaron de cristalizar dos bloques sociales que han polarizado a la sociedad. En buena hora, porque como lo indica Ernesto Laclau, no hay posibilidad de transformación progresista sin polarización política, fundamento para la emergencia de un fenómeno populista. En el Rosedal de Palermo se expresó la alianza de clases entre la burguesía agraria y las clases medias urbanas, con la inestimable colaboración de la comparsa mediática. En la 9 de Julio se expresó en forma masiva y contundente el movimiento obrero organizado, dando un respiro al movimiento nacional y popular. Al unísono, los movimientos sociales resistieron el espacio simbólico de la Plaza de Mayo contra las cacerolas de teflón, las mismas que años atrás se habían unido en “una sola lucha” con los piquetes. Una sola lucha que duro poco, por cierto. La burguesía industrial estuvo sintomáticamente ausente, y todavía ahí anda, un poco indefinida y fragmentada, entre un modelo económico que la favorece y una cultura política de clase que no le permite aliarse a la clase obrera y los sectores populares.

En ese momento -lo recuerdo perfectamente porque allí estuve- mientras se disputaba en las calles y en las plazas el futuro del país, la clase media universitaria de izquierda estaba encerrada en una asamblea de Filosofía y Letras…debatiendo. Un sector de la izquierda –el trotskista MST de Vilma Ripoll y el maoísta PCR-CCC de Alderete- optaron por un abierto apoyo por las patronales agrarias. Una posición reaccionaria pero contundente: “gracias, fumo con la oligarquía”. Otra posición –enunciada por el PO- proclamaba “ni con el campo, ni con el gobierno”. Un “gracias, no fumo” totalmente insostenible desde un punto de vista marxista, puesto que no existe posición política alguna por fuera de las que expresan las clases sociales fundamentales, que se estructuran a través de alianzas políticas. Luego avanzaron un poco en las definiciones, porque cuando vino La Ley de Medios, adoptaron claramente la posición de Clarín, llegando a defender vergonzosamente a los “periodistas independientes” de los escarches apócrifos. Si Trotsky hubiese visto que sus epígonos lo componen grupitos de clase media –porque incluso dentro de la clase media tienen un alcance limitado- que se debaten entre el “gracias, no fumo” y en ir abiertamente de la mano de la oligarquía, no creo que hubiese estado políticamente muy satisfecho. Porque Trotsky puede haber cometido muchos errores, pero fue un líder revolucionario de su época y de su geografía, no un charlatán universitario delirante y extemporáneo.

Arturo Jauretche señalaba que "La izquierda, por su formación intelectual ha sido tan anti-nacional, como la oligarquía por sus intereses, y por eso ha carecido de eficacia en el campo político social; los grandes movimientos sociales y económicos de la historia del siglo han pasado delante de ella sin que percibieran su significación, y permanentemente hostilizados. Sino comprendían el presente mal podían comprender el pasado. Así, marginada de la vida social del país, se ha encontrado incapacitada para corregir sus propios errores adecuando su pensamiento y su acción a las demandas
de la realidad. No ha tenido ninguna significación masiva y ha quedado siempre reducida a un campo común con el liberalismo: el de la “intelligentzia" cosechando pequeños disconformismos burgueses, inquietudes epidérmicas de estudiantes o escritores, en el intervalo hasta la hora de los tejidos grasos. Constituyen sólo una suma de posturas individuales".

Nada más explicativo para entender lo que está sucediendo actualmente en las facultades de Sociales y especialmente en la de Filosofía y Letras -donde el reclamo carece incluso de un asidero material significativo. Mientras en nuestro país se conformaron cada vez con más claridad un bloque nacional y popular, organizado en el amplio y diverso movimiento que conducen los compañeros Néstor y Cristina Kirchner, y un bloque oligárquico, representado por las corporaciones económico-mediáticas y la derecha política más genuflexa; la izquierda universitaria se encierra en un reclamo corporativo de clase media y organiza una marcha a Plaza de Mayo que la deja afuera de la historia viva de nuestra patria. Se debaten entre la intrascendencia y la colaboración con el bloque oligárquico. Optan por la marginalidad en un momento en que las organizaciones populares estamos en el centro de la escena política. Porque viven en un mundo de fantasía: hablan de un pueblo al que desconocen en nombre de una teoría que deforman. Uno tiene la sensación de que preferirían un gobierno neoliberal, para “resistir”, porque no tienen vocación de poder ni de transformación real. Porque, en definitiva, en la política no existe el vacío y aunque alguien diga “gracias no fumo” no dejara de tragar el humo. Es una lástima porque esa juventud puesta a disposición del proyecto nacional y de la alianza con los humildes, sin ser decisivo, fortalecería la posibilidad de avanzar en la unidad de las clases medias con la clase trabajadora. Eso va a suceder de todas formas porque para eso está la Juventud Peronista del Bicentenario, que reventó Ferro a principios de año, las calles de Buenos Aires el 26 de julio y el Luna Park en el día de ayer.

Por Juan Pedro Denaday - Estudiante de Historia y militante de la JP Evita de Barracas

5 comentarios:

Nerd Progre dijo...

Muy buen análisis. Menos este párrafo:

"En el Rosedal de Palermo se expresó la alianza de clases entre la burguesía agraria y las clases medias urbanas, con la inestimable colaboración de la comparsa mediática. En la 9 de Julio se expresó en forma masiva y contundente el movimiento obrero organizado, dando un respiro al movimiento nacional y popular."

Por qué la generalización rápida? Yo soy clase media y no me alié con los agropiqueteros destituyentes. ¿Cuánta gente había en el rosedal? ¿Qué porcentaje del total de la clase media representaban?.

Ver lo de la "espiral del silencio". Mucha clase media no se jugó, es cierto, pero tampoco se abrazó con De Angeli, eran meros espectadores "a ver qué pasaba y como terminaba la historia", sin comprometerse, claro, pero no aliados con la derecha. Si, obviamente, influídos por el aparato mediático opositor.

Saludos,

FC

Lic. Marcelo S Abelenda dijo...

Me parece muy interesante el análisis sobre trosky. Más acertado aún, las incongruencias discursivas de grupos de intelectuales que desconocen el sujeto popular nacional, que por supuesto no es estático ni real, más allá del gesto docto que lo designa, bien a lo De Certeau, claro.

Comparto que la clase media urbana (extranjerizante y europeizante sobre todo) no es toda igual, pero en términos genrales, si es muy volátil, o lo que peyorativamente se conoce como "tilinga".
Por ello, se me hace realmente difícil ver en un corto o mediano plazo una real alianza entre esta y los sectores populares.
Como bien dijo Cristina, no hay que alejarse de los morochos, creyendo que con eso se van a salvar. Actitud que demuestra la no- conciencia de clase, funcional a la clase dominante, y altamente contraproducente para esa alianza pregonada en la parte final del análisis.

Lo del aparato mediático opositor no requiere de grandes análisis intelectuales, con una simple lectura Althuseriana bastaría, en principio.

Muy bueno en lineas generales!!

Saludos!

Al centro y adentro dijo...

Comparto Nerd Progre que no toda la clase media se alió a los agrogarcas. Pero entiendo el sentido de la nota, si bien está mal generalizar, a nosotros que también pertenecemos a la clase media nos indignó y dio mucha bronca ver la gran cantidad de adherentes de los sectores medios al lockout patronal. Creo que ese es el fin de la nota, más allá de que a muchos les importó un huevo lo que estaba pasando en el país y no se la jugaron por nada.
Lamentablemente, gran parte de eso que se dice izquierda, progresismo, le sigue haciendo el juego a la derecha al no tener una postura clara e identificar correctamente al enemigo del Pueblo. No querer hablar más de los 70 es dar por entendido que los únicos culpables del genocidio de la última dictadura fueron los milicos y así desresponsabilizan al poder económico, que aún sigue vigente con mucha fuerza.

Marcelo adhiero a lo que escribís, creo que es muy fácil ser de izquierda, progre, y después cuando te encontrás a un pobre en la calle, cruzás de vereda. Esa es la izquierda iluminista, que se las sabe todas, y por eso no supera el 2% en cada elección.

Gracias por los comentarios.

Abrazos

Mauro

Udi dijo...

Brillante, muy bueno. Los comentarios agregan.
Saludos

Al centro y adentro dijo...

Gracias Udi.
Abrazos