sábado, 30 de octubre de 2010

Editoriales, sentimientos y emociones sobre el kirchnerismo...

Muchas veces es mejor compartir textos que resignificarlos, en estos momentos tan cruciales leemos infinidad de relatos que nos conmueven y nos dejan pensando. Amigos, referentes, artistas... Cualquier autor es válido cuando se exponen sentimientos y sobre todo cuando parten de la buena leche.

Hoy compartimos lo que escribió un amigo, Pablo Zini, recomendado por él mismo en un comentario anterior:

La Política

Mis primeros recuerdos de la infancia se mezclan entre plazas, juegos, cumpleaños y marchas por los desaparecidos. Me tocó nacer en la dictadura y crecer en la primavera democrática. Mis padres eran entusiastas y yo cantaba en esos viajes a Buenos Aires esa canción que decía: "Milicos muy mal paridos, que es lo que han hecho con los desaparecidos..."

Así mi vida de niño transcurrió en una ciudad pequeña como Pergamino, jugando en el club y en la escuela y acompañando a mis viejos a las marchas, los actos de la APDH, las peñas y los ciclos de cine-debate.

Tengo recuerdos patentes de ese fin de semana que terminó con lo de "La casa esta en orden". Y también lo recuerdo a mi abuelo, radical hasta la medula, explicandome que Alfonsin era un tipazo pero lo habían cagado. No era un tipo de decir malas palabras y ese "lo cagaron" era muy fuerte en la boca de un señor tan correcto como mi abuelo.

Mis viejos, como tantos se creyeron el discurso de Menem y sufrieron la traición por la espalda de ese que se hacía llamar peronista. Pero no abandonaron la pelea. En una de las actividades que seguían organizando en ese pueblo chico la protagonista era una tal Hebe, que dio una charla en el auditorio del Banco Local, para unas treinta o cuarenta personas. Ahí escuché por primera vez algo que me impactó: Hebe contó que amaba a la política. "Ustedes saben qué es la política? Saben para qué sirve la política? Sirve para mejorarle la vida a la gente. Hacer política es buscar la manera de resolver los problemas para poder vivir mejor". Y repitió que amaba la política a pesar de que le había llevado a sus hijos, que ella estaba muy orgullosa de que sus hijos hubieran muerto por querer mejorar la vida de la gente. En mi cerebro de trece años esas palabras quedaron grabadas, por primera vez entendí que la política y los políticos eran dos conceptos diferentes y que la primera no tenía por que ser mala palabra.

En la segunda mitad de los noventa y ya en la facultad, pude por primera vez discutir alguna de estas cuestiones con gente de mi edad. Pero eran duros los noventa y la desilusión ante el panorama político universitario no tardo en aparecer. Recuerdo una noche en la que le decía a mi viejo que envidiaba el tiempo que le había tocado vivir a ellos. La Plata, los setenta, la dictadura, pero todos los sueños, todo el compromiso, esa sensación de que era posible. Aunque también le confesaba que no sabía si me lo hubiese bancado. Que hubiera tenido mucho miedo. Que nunca iba a poder entender lo que fue vivir esos años en la Argentina.

Con el final de los noventa yo voté por primera vez y esta vez compartí con mis viejos la sensación de entusiasmarte con algo y ver como esa alegría se transforma en desilusión y dolor. Y un par de años más tarde, mi enemigo de los noventa, el tipo que me cerró los boliches a las tres de la mañana, llegó a ser presidente de un país que se había ido a la mierda.

Por eso no lo voté a Nestor en el 2003, no podía votar al candidato de Duhalde.

Así que yo soy otro de los que confiesa que no lo votó, pero rápidamente entendí que ahí había algo que no esperábamos.

Mi viejo, lamentablemente, se perdió mucha de las cosas interesantes que pasaron en el país en los últimos años, pero algo, un poquito llegó a ver antes de irse en el 2005. Mi vieja tiene puesta la camiseta y por primera vez, desde que la conozco, se siente orgullosa de un proyecto que no la traicionó, y no solo eso, que reivindicó las causas que ella defendió siempre.

Por eso mi vieja sufrió mucho lo que pasó en el 2008. La crisis del campo fue algo muy duro para los que revindicamos el gobierno de Nestor y de Cristina. De repente nos encontramos con una agresividad inesperada. Cualquier opinator de a pie se sentía con autoridad de matar a la yegua y uno tenía que elegir entre discutir en cada esquina o agachar la cabeza y respirar hondo.

Por suerte ni Nestor ni Cristina eligieron agachar la cabeza y en estos dos años con hechos irrefutables, que van a quedar en la historia del país, nos terminaron de mostrar que la política sirve para mejorarle la vida a la gente.

No estoy diciendo que está todo bien. Digo que lo que pasó en estos siete años es lo mejor que me tocó ver a mi y lo mejor que le tocó ver a mis viejos, que nacieron en el 55. Además, encima, como si fuera poco, hoy me encuentro discutiendo estas cosas con mis amigos. Gente que en la puta vida pensó que iba a discutir de política se anima a sacar sus propias conclusiones, a elogiar o criticar pero desde su punto de vista. Ya no les da lo mismo.

Hoy son muchos, muchísimos, los que entendieron que no es lo mismo hablar de los políticos que de La Política. Hace unos años que esa palabra se volvió a escribir con mayúsculas en mi país y a mi eso me pone muy orgulloso.


Por Pablo Zini