sábado, 17 de octubre de 2009

Homenaje en el día de la lealtad del pueblo argentino


Hablar del 17 de octubre de 1945, conocido y festejado por todos los peronistas por ser "el día de la lealtad" (la lealtad del pueblo hacía su gran líder), es hacer referencia al hecho histórico más trascendental de la historia argentina del siglo XX. No estoy diciendo nada nuevo, carezco de originalidad, es cierto, pero esta fecha fue el surgimiento de unos de los movimientos populares más grandes de Latinoamérica, sino el más grande. Fue el pueblo movilizado en las calles de la capital de la hasta entonces República conservadora y elitista. Fue el hecho maldito no sólo del país burgués sino del modelo dependiente agroexportador, ese que beneficia a unos pocos a costa del sacrificio de las mayorías. Fue el intento más profundo de industrialización y distribución equitativa de riquezas que se haya conocido en estas tierras. Todo comenzó a cristalizarse a partir de ese día de octubre: "Nuestro Octubre".

Aclaro que nunca fui peronista, pero siendo de izquierda comparto la idea del historiador Alejandro Horowicz quien sostiene que el primer peronismo (ese que va de 1945 a 1955) fue nuestra experiencia de gobierno de izquierda. Ese peronismo obtuvo lo que la izquierda siempre se propuso (por lo menos desde sus consignas) y nunca consiguió, es decir, dignificar a la clase obrera. Darle su lugar en el mundo, participando y decidiendo sobre los destinos de la nación. Fue la obra de Juan Domingo Perón y Eva Duarte, acompañando y satisfaciendo los reclamos de los sectores populares, históricamente relegados, subordinados a los intereses de la oligarquía. Pueblo y líderes de la mano para hacer un país libre, justo y soberano. Lo que las clases dominantes criollas nunca quisieron.

Ya los anarquistas a principios del 1900 habían ido en esa dirección. Sus luchas fueron el más valioso antecedente de la justicia social, de la búsqueda del bienestar para las mayorías que estaban excluidas.

El peronismo desde sus inicios, a diferencia del marxismo, pretendió la conciliación de las clases sociales. La unión entre la burguesía nacional y el proletariado. Durante esa década casi lo logró, pero en los últimos años tuvo que enfrentarse a corporaciones como la Iglesia Católica y sectores del Ejército, avalos siempre por el establishment económico (siempre tan anti popular y tan anti nacional) que estaban en contra de seguir con la consolidación del Estado benefactor peronista.

Esta fecha queda en nuestra memoria colectiva como el momento en el cual los trabajadores se levantaron, se pusieron de pie para defender a su guía, conductor, y tener aquello que siempre se les había negado desde el poder: su reconocimiento como hombre libres, como actores sociaales que tienen el derecho y la obligación de intervenir en la esfera pública para hacer valer sus intereses. La clase trabajadora es el motor de la nación. Es el sujeto que hace la historia. Perón vio eso y actuó en consecuencia y su pueblo se lo retribuyó siéndole leal. Después, el mismo general que tuvo el cariño de las masas, prefirió emigrar, exiliarse en vez de resistir junto a su pueblo el ataque de la derecha vendepatria y de todo el gorilismo, que venían a hacer la "Revolución Libertadora", eufemismo que en realidad significaba devolverle la Argentina a sus "dueños" los sectores dominantes. O sea, el fin de la sociedad conciliatoria de clases. Otra vez los capitalistas llevándose por delante las conquistas de los laburantes. Pero esto es otro capítulo.

Lo que importa acá es que al 17 de octubre debemos recordarlo, tenerlo presente, como el hito de las reivindicaciones dignificantes del pueblo trabajador. Aquella jornada es equiparable al 25 de mayo de 1810. Fue el intento que estuvo más cerca de llevar a cabo la segunda independencia argentina. Ya no había que desprenderse de los españoles sino que ahora había que ser libres también económicamente.

Lo que sucedió hace sesenta y cuatro años es la marca que llevan cada mujer y hombre que pertenecen a las clases populares tratando de sobrevivir día a día a las injusticias del inicuo sistema capitalista, hoy en su versión neoliberal.

Por Mauro Reynaldi.