lunes 31 de agosto de 2009

Oportunidad

A los señores legisladores que tienen una nueva oportunidad de representar a la gente.
Desde 1980 estamos regidos por una ley, la 22285, de radiodifusión, que permitió y permite la concentración en pocas manos de la producción y divulgación de la información.
Entre el 60 y el 70 % de lo que se ve en televisión en todo el país es producido en Capital Federal.
Durante la década del ’90 hubo más de 200 normas agregadas a esta ley que favorecieron aún más los monopolios informativos.
En 2006 el Grupo Clarín, mayor accionista de Multicanal, tomó el control accionario de Cablevisión y maneja junto con sus socios de Findtech Advisory, fondo de inversión estadounidense, el 100 % del operador de cable del interior, Teledigital y de las proveedoras de Internet Fibertel y Prima. Por lo tanto, esta sociedad Multicanal-Cablevisión maneja directamente el 55 % de lo que vemos en televisión los argentinos e indirectamente un porcentaje muy importante a través de la venta de programas a otros canales. Esto es monopolio.
La nueva ley de Medios de Comunicación Audiovisuales desarticula los monopolios informativos a favor de nuevos medios de comunicación, permitiendo que cooperativas, ONG y otras instituciones puedan acceder a tener sus propios medios de comunicación audiovisual. Favorece las producciones nacionales versus las producciones enlatadas que nos abruman desde otros países, permite que el congreso, con la participación de la segunda y tercera minoría, formen un órgano colegiado y autárquico que garanticen la aplicación y desarrollo de esta nueva ley.
Me pregunto si la libertad de prensa tiene que ver solamente con lo que se puede decir o tiene también que ver con los que manejan la información y deciden en forma monopólica que decir, cuando y como.
No existe verdadera libertad de prensa cuando un grupo muy reducido de empresas maneja casi el 100 % de la producción de la información creando determinados climas sociales, imponiendo candidatos cuyo único mérito es ser dueños de medios de comunicación, etc.
Hoy en la Argentina se puede decir lo que se quiera decir y sin censura y lo demuestra el echo de la impresionante presión mediática que ejerció y ejerce la mesa de enlace sobre el gobierno nacional junto con sus socios como el grupo Clarín, La Nación, y el grupo Prisa, español, dueño de Radio Continental.
Sin importar el partido a que cada legislador pertenece esta ley debería ser aprobada sin dilación porque es uno de los avances más concretos para sanear nuestra democracia.
Veremos en la votación quienes legislan para la gente que los voto y quienes lo hacen para sus patrones.

Marcos Jaureguizar
DNI 16415326

domingo 30 de agosto de 2009


En el marco de La XVII Edición del "Festival Internacional de Poesía de Rosario".

Este lunes 31 de Agosto, como siempre a las 21 hs, en el ciclo Poetas del tercer Mundo, tendremos la presencia de tres Poetas invitados a dicho evento, que se realizará del 15 al 19 de Septiembre.

Escucharemos entonces a: Irene Ocampo, Roberto Retamoso, Diego Colomba.

Nos acompañará musicalmente: Franco Basso.

sábado 29 de agosto de 2009

Estar en el Medio

Este texto que redacto tiene como objetivo abrir un debate amplio a propósito del envío de la nueva ley de servicios de comunicación audiovisual al Parlamento por parte del Ejecutivo. Andaba con ganas de expresarme, sin ánimos de complacer a nadie en particular, acerca de este proyecto y la función de los periodistas y comunicadores.

Como siempre haciéndome cargo de las opiniones que vierto en este sitio alternativo- aclaro que alternativo en el sentido de que por publicar aquí, los integrantes de ACyA no recibimos ni un centavo, lo hacemos simplemente por amor a esta devaluada profesión llamada periodismo, devaluada en el sentido de que la mayoría de la gente que se dedica a este oficio lo hace ad honorem y aquí no hay ley ni proyecto que contemple que todo aquel que trabaja en los medios debería tener obligatoriamente un salario digno como el de cualquier otro laburante- . Claro, gracias a la concepción de los empresarios propietarios de medios y del gran conjunto de la sociedad que ha tomado este hecho como natural, es poca la gente que se desempeña en los ámbitos comunicacionales y cobra un sueldo acorde al mercado laboral. Sonará ridículo pero generalmente, para formar parte de los mass media hay que pagar. Hay que "bancar" el espacio.

Se entiende, como sentido común arraigado en la sociedad, que la comunicación social no es una profesión sino un oficio. Por ende, da lo mismo tener o no tener un diploma, haberse formado y recibido en las carreras de periodismo o ciencias de la comunicación. Cualquiera sin formación puede ejercer en los medios. Es decir, no hay título habilitante, excepto en la locución. Nos encontramos corrientemente con que los locutores se desempeñan en labores propias de los periodistas. No hace falta estudiar periodismo o comunicación, si tenés el título de locutor podés ejercer sin problemas. Esto hace a la buena o mala calidad del empleo, a cómo y desde dónde se comunica, se informa. Estamos agobiados por too much information que oculta o tergiversa gran parte de lo que ordinariamente conocemos como la realidad cotidiana.

Más allá de las diferentes ideologías de los comunicadores, se nota que la labor mayoritariamente es de baja rigurosidad periodística. La idoneidad es uno de los aspectos que se ha dejado de lado. Se escribe y se habla mal. De esto son muy pocos los que están exentos. La mediocridad nos envuelve a todos. No hay gran preocupación por capacitarse, para mejorar el lenguaje, siendo más creativos y afrontando riesgos.

Actualmente ocurre que una misma persona que trabaja dentro de uno de estos emporios mediáticos que concentran la comunicación, puede laburar al mismo tiempo en la radio, en la señal de televisión, en el diario y en la revista de este grupo. Lo cual significa que hay frecuentemente en los medios, trabajadores que se desenvuelven en diversas tareas a la vez, mientras quedan muchos afuera sin tener al menos una chance. Vale aclarar que esto no sucede exclusivamente en el sector privado del área comunicacional, si bien es más visible, también acontece en los medios públicos. Es una lógica que hay que cambiar, se tiene que dar aquí también la división del trabajo para que más trabajadores vinculados a la prensa tengan empleo en dicha actividad.
Desconcentrar la información y la comunicación es simultáneamente abrir el espacio para que se expresen más voces y se generen más fuentes laborales.
Para redondear la idea de esta nota, si estamos dispuestos a darle más democracia a la democracia, con una nueva ley de radiodifusión que remplace a la de los asesinos de Videla y C&a, entonces debemos alentar la discusión para que todos podamos participar. Que no quede todo entre Gobierno y oposición, blanco o negro. Con este nuevo proyecto se tiende a la participación de las cooperativas, de organismos no gubernamentales, de las iglesias de los distintos credos, de las universidades, sin descuidar gran parte que seguirá tendiendo el sector comercial. Se promueve la pluralidad, la cual tendrá que ir acompañada de mayor calidad y compromiso con lo que se informa y comunica. Y como todo trabajo, deberá ser rentado. No se puede seguir sosteniendo que la gente que trabaja en los medios esté empleada ad honorem. Esto va en contra de los derechos de los trabajadores, es un ninguneo a su condición. Por ello, no debe ser permitido por el Estado ni por los actores involucrados en fortalecer la democracia a través de un nuevo sistema comunicacional más abarcativo.
En síntesis, la nueva ley de servicios de comunicación audiovisual en caso de ser aprobada por el Congreso en lo que resta del año, deberá contemplar las necesidades relativas a una sociedad democrática, respetando y reivindicando el derecho de la ciudadanía de expresarse libremente, tener canales de comunicación a su plena disposición; y mejorando el trabajo periodístico mediante la apertura de nuevos puestos y la remuneración correspondiente a cada laburante.

Por Mauro Reynaldi

viernes 28 de agosto de 2009

Elisa Carrió, Pino Solanas y el síndrome Salieri

CONTRADICCIONES DE LA OPOSICION

Por Teodoro Boot

Desde su primer brote en 2003, Lilita actuó, sintió y pensó por reacción: ante cualquier cosa que hiciera Kirchner, estuvo en contra. Solanas sostiene que la Mesa de Enlace “de forma espuria quiere gobernar el país”, propósito al que Pino viene contribuyendo con sus intervenciones políticas de un año y medio a esta parte.

Antonio Salieri fue en su época un músico muy exitoso y admirado. Autor de más de cuarenta óperas, tuvo por alumnos nada menos que a Schubert y a Liszt. Todo le hubiera seguido yendo de maravillas en su vida de no ser por Wolfang Amadeus Mozart, a quien secretamente envidiaba, temía y tal vez admiraba. Salieri conspiró contra Mozart hasta el extremo de ser recordado más que nada por su rivalidad con el gran músico austriaco, y hasta por haberlo asesinado, peregrina leyenda que carece por completo de fundamento. Pero tanta fue la envidia y la rivalidad que, además de amargar su vida y ciertamente arruinar su carrera, sirvieron de inspiración a la ópera del ruso Nikolái Rimski-Kórsakov, en la que se basaría el film Amadeus, dirigido por Milos Forman, gracias al que Antonio Salieri resulta conocido por los neófitos contemporáneos. Entre los jóvenes argentinos fue León Gieco quien popularizó su nombre con su tema Somos los Salieri de Charly, abierto homenaje al indudable talento de Charly García.

Pimpinela

En los denodados y del todo inútiles esfuerzos que aquí hacemos para comprender el alma humana, un presumible “síndrome Salieri” es todo lo que nos permite aproximarnos al origen de la extraña conducta y estrafalario rumbo de la señora Elisa Carrió: bastó con que el flamante gobierno de Néstor Kirchner llevara a cabo algunas de las iniciativas que ella había pregonado para que de súbito entrara en un espiral descendente rumbo a la psicosis, enfermedad mental caracterizada por la alteración de los vínculos con otras personas, la pérdida de contacto con la realidad y, en algunos casos, una acentuada tendencia al delirio.

Los ejemplos del asombroso cambio que en tan breve plazo experimentó la señora Carrió son demasiados como para nombrarlos sin abrumar al lector. Nos debería bastar con su oposición a la ley que estipulaba la movilidad de las retenciones a la exportación de productos agropecuarios, cuando había sido la misma Carrió (o así parece) la primera dirigente política en advertir (cuando, en tiempos de Duhalde, Lavagna las puso en práctica) sobre la imprescindible condición de que las retenciones fueran móviles a fin de que tuviesen alguna utilidad. Es cierto que en esos “lejanos” tiempos la señora Carrió era asesorada por el economista Rubén Lo Vuolo quien, siendo siempre crítico a la gestión gubernamental, nunca estuvo en las antípodas del rumbo general elegido por Néstor Kirchner. No lo suficiente, al menos, para la necesidad de la señora de “diferenciarse”, que por eso dejó de lado al lúcido Lo Vuolo reemplazándolo por el golden boy de la banca externa, Alfonso Prat Gay, cuyo principal mérito parece ser su tenaz oposición a cualquier intento de librar al país de la dependencia con los organismos financieros internacionales.

Bien mirado, fue un reemplazo lógico: desde su primer brote, Elisa Carrió actuó, sintió y pensó por reacción. Como si se tratara de una amante despechada, ante cualquier cosa que hiciera Néstor Kirchner ella estaría en contra, del mismo modo que militaría a favor de lo que fuere a que su numen se opusiera.

El vínculo de la señora Carrió con sus conmilitones no marcha por carriles de mayor normalidad, y no pasa día sin pelearse con alguno. En la última semana le tocó a Cobos, en la anterior a Margarita Stolbizer. Y así.

Sobre otros aspectos de su conducta y sus episodios delirantes apelo a la memoria del lector o acaso a los archivos periodísticos, cada tanto exhumados por algunos programas de TV para jolgorio general, prueba tal vez de que, fieles a la tradición, muchos argentinos seguimos riendo para no llorar.

En fin, que según podemos inferir, el actual estado de psicosis de la señora Carrió se habría originado en una suerte de “síndrome Salieri”, puesto que todo le hubiera resultado mejor tanto para ella como especialmente a los demás, si en vez de reaccionar con aquel incomprensible despecho hubiese aplaudido lo que el gobierno de Kirchner tenía de positivo y criticado lo que tenía de cuestionable, que ya de por sí era bastante. Además de ser esto una manifestación de cordura: es imposible que todo lo que haga un gobierno sea malo, especialmente si lo que hace es lo mismo que uno pretendía cinco minutos antes.

El enano Salieri que todos llevamos dentro

El síndrome parece aquejar también a otras gentes, lo que explicaría algunas conductas de otro modo incomprensibles, en particular la de Fernando Solanas, quien viene fastidiado, de origen y en principio, por la no-política (por decirlo bondadosamente) del gobierno nacional respecto a algunas áreas estratégicas de la vida nacional, como pueden serlo la energía y el transporte. Quien esto firma, afirma –con disculpas del ripio y en sintonía con Solanas–, que no existe la menor posibilidad de una política económica independiente si se prescinde del manejo de los recursos energéticos. Este es un axioma que todos aquí suscribimos, lo que no habilita para cualquier desmesura.

Fernando Solanas tuvo una desafortunada intervención política el año pasado apoyando la oposición de “su” diputado Claudio Lozano a la resolución 125, intervención de la que nunca acabó de entender sus consecuencias, a juzgar por sus dichos en el reportaje que le realizaran Gerardo Yomal y Hugo Presman, publicado en ZOOM. Pasa: un error lo comete cualquiera.

Como candidato a diputado nacional Solanas ensayó un discurso muy opositor al gobierno nacional y por completo prescindente de la existencia no ya política sino hasta biológica de Mauricio Macri. Le dio buenos resultados y resulta lógico que así fuera: Solanas consiguió unir la evocación de los pueblos originarios con el reclamo por la recuperación de la propiedad nacional del subsuelo, la defensa de los derechos humanos y la cerril oposición a Cristina Fernández. Esto le valió las simpatías de numerosos activistas juveniles, de varios peronistas de esos que uno duda si denominar ortodoxos, fundamentalistas o combativos, y del grupo Clarín, que lo consagró como su candidato predilecto. El resultado fue bueno, y así como los activistas de Proyecto Sur suelen exagerar la efímera incidencia que los votos de raigambre peronista pudieron haber tenido en su desempeño electoral, no valoran lo suficiente la importancia del voto juvenil, así como del que se nutrió de la generosa campaña de prensa del grupo Clarín, compuesto básicamente de opositores no macristas al gobierno nacional, que afluyeron en torrente hacia la lista de Solanas espantados por las representaciones melodramáticas de la señora Carrió. Bien de nuevo y hasta ahí, bravo por Solanas, que supo apelar a las ilusiones juveniles y usar en provecho propio el ansia antikirchnerista de Clarín y el gorilismo esencial de la clase media porteña.

El primer toque de alarma para algunos bienpensantes que observamos el derrotero de Solanas con cierta bonhomía, lo dio la presencia del cineasta en el programa de Mariano Grondona en la semana siguiente a las elecciones. Fue entonces que uno, que jamás acabará de ser un incauto, se preguntó: ¿A santo de qué?, que viene a ser la forma elegante de decir: “¿Qué carajo está haciendo ahí?”

Luego de otras incomprensibles intervenciones, Solanas volvió a Europa y todo en “su” fuerza política y en la heredada de Carrió pareció deslizarse hacia la normalidad. Ayudados por los resultados electorales que en cierta manera bajaron al oficialismo más cerca de la tierra, los diputados de la autodenominada centroizquierda tomaron alguna conciencia sobre su corresponsabilidad en los destinos del país, el bienestar de las gentes, los derechos de los trabajadores, la felicidad de los niños, la salud de los ancianos y otras tonterías por el estilo.

El gobierno, por su parte, mitigada en algo su arrogancia, pareció comprender la necesidad de concertar políticas, que viene a ser algo así como acordar y construir en común. Sin variar el rumbo, desde luego, porque pretenderlo es querer alterar el propósito básico de una fuerza política que, si tiene algo de valorable, es la tenacidad y la valentía con la que se aferra a un par de premisas nacionales que hacen a su existencia. Y si se permite, quien firma de nuevo afirma que en tales tenacidad y valentía se origina su involuntaria simpatía a las actuales autoridades que, justamente en eso, tanto se diferencian de la mariconería de sus predecesores, desde la primera vez que Raúl Alfonsín hocicó frente al FMI, allá por 1985 (conciente de su débil memoria, el autor pide desde ya disculpas por si el impulso antiimperialista del Dr. Alfonsín pudiera haber llegado más allá y se corrige y dice: desde que Raúl Alfonsín mandó a Bernardo Grinspun al desván de los trastos viejos, junto a algún ajado retrato de Hipólito Yrigoyen).

A propósito: cierta ingenuidad lleva a preguntarse por qué ese raro rasgo de valentía no es valorado por quienes cuestionan al actual gobierno desde la izquierda, o eso que dice serlo.

Llegó el cineasta y mandó parar

Fernando Solanas arribó desde Europa a tiempo para entorpecer una ardua negociación que en Diputados el oficialismo venía llevando a cabo con los representantes del centroizquierda, conciente, capaz que por primera vez en seis años, de que sus verdaderos enemigos se encuentran en el extremo opuesto del arco político y, básicamente, en los sectores concentrados de la economía.

Corresponde decir que el oficialismo pudo haber llegado a esa conclusión no de motu propio sino que arrastrado por las circunstancias, a regañadientes, de la misma manera que fue recuperando el manejo estatal de algunas áreas del quehacer económico. Quien firma vuelve a afirmar que las motivaciones últimas de cualquier acto carecen de importancia, y si se dice que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, bien puede sostenerse exactamente lo contrario. En otras palabras, que si no podemos saludar al oficialismo por la recuperación de Aerolíneas Argentinas, felicitaremos entonces a la corrupción empresarial y a la venalidad opositora por haber empujado al oficialismo a tomar tan saludable decisión.

El señor Fernando Solanas no piensa como nosotros, evidentemente, y, para sorpresa de algunos muestra un grado de exigencia y purismo, digamos para ser suaves, inesperado.

Tras presentarse días pasados en el Parlamento para volcar hacia la negativa el voto positivo que los diputados bajo su influencia darían a la extensión por un año de algunas de las facultades que desde hace quince años el Congreso viene delegando en el Ejecutivo, Fernando Solanas afirmó: “No podemos convalidar este nuevo pacto de Olivos impulsado por el bipartidismo. Es una farsa esta oposición en bloque, impulsada por la Mesa de Enlace que quiere gobernar el país. Igual que el gobierno kirchnerista conserve los superpoderes y facultades delegadas”.

Desde luego, nadie es capaz de entender qué tiene de pacto bipartidista una votación en la que el principal partido de la oposición no coincide con el oficialismo, ni mucho menos en qué se parecería la votación de una de tantas leyes con el pacto que permitió una reforma constitucional que, entre otras cosas (y Solanas sigue haciéndose el burro al respecto, aun finalizada campaña electoral que autorizó a todo) impide la nacionalización de la propiedad del subsuelo y sus riquezas, llamémosle petroleras o mineras, tan reclamada por Solanas, que siempre se abstuvo de aclarar que para conseguirlo era preciso reformar la constitución vigente.

Es necesario agregar algo más: con el falaz argumento de bajar las retenciones a la exportación de soja, la negativa a prorrogar la delegación de la facultad de fijar los derechos aduaneros pretendía desfinanciar al Estado, o, en todo caso, quitarle al Ejecutivo los instrumentos para garantizar esa financiación. En este marco, poner a la Mesa de Enlace en un pie de igualdad con el gobierno nacional es un auténtico despropósito.

Solanas no consiguió que “sus” diputados se opusieran al proyecto oficialista, pero sí obtuvo su abstención, por lo que se ignora para qué diablos sirvió más que para contribuir a la campaña de deterioro gubernamental, que es justamente, el único objetivo de esa Mesa de Enlace que “de forma espuria quiere gobernar el país”, propósito al que el señor Solanas viene contribuyendo con todas sus intervenciones políticas de un año y medio a esta parte.

Y acá, en esa tan tenaz como infructuosa brega nuestra por tratar de comprender el alma humana, hacemos un alto para preguntarnos: ¿qué es lo que realmente tuvo el señor Solanas contra el gobierno de Néstor Kirchner y tiene ahora contra el de Cristina Fernández? ¿La negociación de contratos de explotación petrolera de la provincia de Santa Cruz? ¿La no nacionalización del subsuelo? ¿La continuidad de los convenios de explotación minera firmados por distintos gobernadores en época de Menem? ¿El veto a la ley de protección a los glaciares? ¿La no estatización ferroviaria? ¿Los acuerdos petroleros que la provincia de Mendoza firmó con el grupo Bulgheroni con la intercesión desinteresada de Julio Cobos y José Luis Manzano?

Tal vez tenga todo eso y mucho más. Nadie pretenda que Solanas sea oficialista, pero hay algo raro, algo anormal o en todo caso mórbido en ese estar mirando siempre la falta olvidando por completo los méritos, que el kirchnerismo también tiene, y a carradas, de compararse estos gobiernos con los de todos sus predecesores desde casi cuarenta años a esta parte. Es lógico que no los advierta Mariano Grondona, un hombre lo bastante coherente como para considerar defectos lo que nosotros, Proyecto Sur incluido, llamaríamos méritos, pero ¿qué pasa con Solanas que no se da cuenta? ¿Cree realmente que este gobierno es una continuación del de Carlos Menem, del que, y de paso cañazo, él formó parte junto con los personeros de Bunge y Born y otros impresentables, hasta que Carlos Menem no le cedió las Galerías Pacífico para la creación de un complejo cultural? Porque bastante tiempo le llevó a Fernando Solanas advertir lo que quedó perfectamente claro al día siguiente de la toma de posesión de Carlos Menem ¿O acaso creyó que Roig o Rapanelli eran discípulos de Aldo Ferrer?

Pero no vamos aquí a ensañarnos con los errores que el señor Solanas pudo haber cometido. Parafraseando el dicho inglés, se trata de un hombre “con un pasado”, lo que no lo desmerece ni mucho menos. Por el contrario: nadie aprende sin obrar ni actúa sin equivocarse, y suelen enseñar más los reveses que los triunfos. Pero ese “pasado”, esa experiencia debería inducir a una mirada más amplia y responsable de las cosas, especialmente cuando se trabaja tan esforzadamente por quitarle a las actuales autoridades capacidad para gobernar a sabiendas de que, de fracasar, no serán reemplazadas por una fuerza más popular y revolucionaria, sino por la derecha más recalcitrante y reaccionaria.

Tal vez Fernando Solanas se mostraría más prudente y menos irreductible si esta vez no pudiera irse a París y se viera obligado a compartir el destino con los demás argentinos. Claro que de tratarse del síndrome Salieri es vano cualquier razonamiento y más recomendable una terapia. Lamentablemente, hay muy pocos León Gieco y demasiados Salieri en este mundo.

jueves 27 de agosto de 2009

Fidel, a los Pueblos de América Latina

Es la hora del recuento y de la marcha unida

Esta reflexión no va dirigida a los gobiernos sino a los pueblos hermanos de América Latina.

Mañana 28 de agosto se iniciará en Argentina la reunión Cumbre de UNASUR cuya trascendencia no puede ignorarse. En ella se debe analizar la concesión de siete bases militares en territorio de Colombia, a la superpotencia norteamericana. Las conversaciones previas de ambos gobiernos se mantenían en riguroso secreto. El acuerdo debía presentarse al mundo como hecho consumado.

En horas de la madrugada del 1º de marzo del 2008, las Fuerzas Armadas de Colombia, entrenadas y armadas por Estados Unidos, habían atacado con bombas de precisión a un grupo de guerrilleros que penetró en una apartada zona del territorio ecuatoriano. Al amanecer, hombres de las tropas élites colombianas transportados en helicópteros ocuparon el pequeño campamento, remataron a los heridos y se apoderaron del cadáver del jefe guerrillero Raúl Reyes, quien al parecer sostenía en esos días un encuentro con jóvenes visitantes de otras nacionalidades, interesados en conocer las experiencias de la guerrilla que desde la muerte del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, hace más de 50 años, sostiene la lucha armada. Entre las víctimas había estudiantes universitarios de México y Ecuador que no portaban armas. El método fue brutal, al estilo yanqui. El gobierno de Ecuador no había recibido advertencia alguna antes del ataque.

El hecho constituyó una acción humillante para el pequeño y heroico país suramericano, envuelto en un proceso político democrático. Se sospechaba fuertemente que la base aérea norteamericana de Manta había ofrecido información y cooperado con los atacantes. El presidente Rafael Correa adoptó la valiente decisión de solicitar la devolución del territorio ocupado de la base militar de Manta, cumpliendo estrictamente los términos establecidos en el convenio militar con Estados Unidos, y retiró su embajador en Bogotá.

La entrega de territorio para el establecimiento de siete bases militares de Estados Unidos en Colombia, amenaza directamente la soberanía y la integridad de los demás pueblos de Sur y Centroamérica con las que nuestros próceres soñaron crear la gran patria latinoamericana.

El imperialismo yanki es cien veces más poderoso que los imperios coloniales de España y Portugal, ajeno por completo al origen, los hábitos y la cultura de nuestros pueblos.

No se trata de estrechos chovinismos. "Patria es humanidad", como proclamó Martí, pero jamás bajo el dominio de un imperio que ha impuesto al mundo una tiranía sangrienta. En nuestro propio hemisferio los cientos de miles de compatriotas latinoamericanos asesinados, torturados y desaparecidos en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y otros países de Nuestra América, durante las últimas cinco décadas por golpes de estados y acciones que Estados Unidos promovió y apoyó, demuestran de forma irrebatible lo que afirmo.

Cuando analizo los argumentos con que Estados Unidos pretende justificar la concesión de bases militares en territorio de Colombia, no puedo menos que calificar de cínicos tales pretextos. Afirma que necesita esas bases para cooperar en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, el tráfico de armas, la emigración ilegal, la posesión de armas de destrucción masiva, los desbordes nacionalistas y los desastres naturales.

Ese poderoso país es el mayor comprador y consumidor de drogas del planeta. Un análisis de los billetes que circulan en Washington, capital de Estados Unidos revela que el 95 por ciento pasaron por manos de personas que consumen drogas; es el mayor mercado y a la vez el mayor suministrador de armas para el crimen organizado en América Latina, con ellas están muriendo decenas de miles de personas cada año al Sur de su frontera; es el mayor estado terrorista que ha existido nunca. No solo lanzó las bombas contra ciudades civiles en Hiroshima y Nagasaki; en sus guerras imperiales como las promovidas en Vietnam, Iraq, Afganistán, Pakistán y otros países ubicados a miles de kilómetros de distancia en las que han muerto millones de personas; es el mayor productor y poseedor de armas de destrucción masiva, incluidas las nucleares, las químicas y las biológicas.

Los paramilitares colombianos, muchos de los cuales proceden de los desmovilizados de las Fuerzas Armadas y constituyen, en parte, sus reservas, son los mejores aliados y protectores de los narcotraficantes.

El llamado personal civil que acompañaría a los soldados en las bases de Colombia son, como norma, ex militares norteamericanos perfectamente entrenados, que son después contratados por empresas privadas como Blackwater, que se hizo famosa por los crímenes cometidos en Iraq y otras partes del mundo.

Un país que se respete a sí mismo no necesita mercenarios, ni soldados, ni bases militares norteamericanas para combatir el narcotráfico, ni proteger la población en los casos de desastres naturales, o brindar cooperación humanitaria a otros pueblos.

Cuba es un país sin problemas de drogas ni altos índices de muertes violentas, cuyo número decrece por año.

El único propósito de Estados Unidos con esas bases, es poner América Latina al alcance de sus tropas en cuestión de horas. La alta jerarquía militar de Brasil recibió con verdadero desagrado la noticia sorpresiva del acuerdo sobre la instalación de bases militares de Estados Unidos en Colombia. La base de Palanquero está muy cerca de la frontera con Brasil. Con esas bases, unidas a las de las Islas Malvinas, Paraguay, Perú, Honduras, Aruba, Curazao y otras, no quedaría un solo punto del territorio de Brasil y del resto de América del Sur fuera del alcance del Comando Sur, donde en cuestión de horas, mediante el empleo de sus más modernos aviones de transporte, puede hacer llegar tropas y otros medios sofisticados de combate. Los mejores especialistas en la materia han suministrado los datos necesarios, para demostrar el alcance militar del acuerdo yanqui-colombiano. Tal programa, que incluyó el restablecimiento de la IV Flota, fue diseñado por Bush y heredado por el actual gobierno de Estados Unidos, a quien algunos líderes suramericanos demandan el debido esclarecimiento de su política militar en América Latina. Los portaaviones nucleares no se necesitan para combatir las drogas.

El objetivo más inmediato de ese plan es liquidar el proceso revolucionario bolivariano y asegurar el control del petróleo y otros recursos naturales de Venezuela. El imperio, por otro lado, no acepta la competencia de las nuevas economías emergentes en su patio trasero, ni países verdaderamente independientes en América Latina. Cuenta con la oligarquía reaccionaria, la derecha fascista y el control de los principales medios de difusión masiva internos y externos. Nada que parezca a verdadera equidad y justicia social tendrá su apoyo.

La emigración de latinoamericanos hacia Estados Unidos es consecuencia del subdesarrollo, y este es consecuencia del saqueo a que hemos sido sometidos por parte de ese país y del intercambio desigual con las naciones industrializadas.

México fue desgajado de América Latina por el Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. La mayoría de los 12 millones de emigrantes ilegales en el primero de esos países son mexicanos y también la mayor parte de los cientos que mueren cada año en el muro de la frontera con aquel país.

Con una población de 107 millones de habitantes, en medio de la actual crisis económica internacional, el índice de pobreza crítica en México se ha elevado al 18 por ciento y la pobreza general alcanza a más de la mitad de sus habitantes.

Nada perturbó tanto la vida de Martí, el Apóstol de nuestra independencia, como la anexión a Estados Unidos. Desde 1889 venía tomando conciencia de que ese era el mayor peligro para América Latina. Soñó siempre con la Patria Grande, desde el río Bravo hasta la Patagonia; por ella y por Cuba dio su vida.

El 10 de enero de 1891 escribió en La revista ilustrada de Nueva York un ensayo titulado "Nuestra América", en el que expresó inolvidables frases: "… ¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes."
Cuatro años más tarde, después de su desembarco por Playitas en la provincia oriental de Cuba, cuando ya marchaba por los campos insurrectos, sostuvo un encuentro con el periodista del Herald George E. Bryson, el 2 de mayo de 1895. Este le contó que había entrevistado en la Habana al famoso general Arsenio Martínez Campo. El jefe español le dijo que antes de conceder la independencia a Cuba prefería entregarla a Estados Unidos.

De tal forma impactó la noticia a Martí, que el 18 de mayo escribió a su amigo mexicano Manuel Mercado la famosa carta póstuma en la que habla del "…camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de Nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia…"

Al día siguiente, desoyendo el consejo del General Máximo Gómez, quien le indicó permanecer en la retaguardia, solicitó a su ayudante un revolver, cargó contra una tropa española bien posesionada y murió en el combate.

"Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas", sentenció en su última carta.


Fidel Castro Ruiz
agosto 27 de 2009. 12 y 40 p.m.

miércoles 26 de agosto de 2009

La rebeldía "progre" contra la dictadura K



Hoy es uno de esos momentos en lo que a este columnista bloguero le interesa salirse de la "objetividad" periodística (criticar a todos por igual como buen laburante de la comunicación) y dar una mirada puramente subjetiva sobre el gran multimedio Clarín y la progresía argentina que se muere por aparecer en cámara y mostrarse rebelde ante las políticas K.

En estos últimos días -merced a la rescisión del contrato de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) con la empresa Torneos y Competencias (TyC, que también significa transas y corruptelas) y a posteriori la intervención del Estado para que los partidos de primera división del fútbol local sean televisados gratuitamente para todos los argentinos- , los representantes del monopolio mediático, enfurecidos por la pérdida del gran negociado que venían haciendo desde hace más de veinte años, salieron a despotricar contra el Gobierno y no así contra la AFA. Esta furia si bien no ha tenido quórum en la población, más bien todo lo contrario, ha venido acompañada del aval de los periodistas progres de siempre, o sea: los Lanata, Tenembaum, Zlotogwiazda, el "ruso" Verea, el "chavo" Fucks, Diego Bonadeo, y sigue la lista.

La consigna es: todo lo que hace el Gobierno debe ser críticado severamente. No importa que estas medidas sean en favor de la mayoría de los ciudadanos, amantes de esa pasión mundial que ha dejado de ser un simple deporte para convertirse en un espectáculo popular. Claro, está mal que la presidenta Cristina Fernández y su equipo gubernamental se metan en un negocio que no les corresponde, pues ¿cómo va a estar bien que el Estado se involucre en asuntos privados?

La presidenta debe encargarse solamente de gestionar los recursos públicos, sin tocar los privados, y arreglárselas como pueda para satisfacer las necesidades de todos los habitantes del país.

Entonces, el fútbol debe seguir en manos de empresarios que administren eficazmente su televisación, sin que el Estado, a través de canal 7, participe. Como no es una necesidad, el fútbol no importa a cuantos hogares llega.
Sin embargo, la cuestión no es simplemente fútbol, con la apertura de la televisación de los partidos, se abre la gran oportunidad (de esas que no se deben desaprovechar) para que se discuta en el Congreso la demorada nueva ley de medios audiovisuales. Ya sabemos que sobran voces oficialistas del poder económico que ladran por doquier aduciendo que esta norma cambiará el oligopio por el monopolio estatal. En realidad, no han leído bien el proyecto, o más bien, están obstinados en negarle toda iniciativa al Gobierno. Ampliar el espacio comunicacional, democratizarlo, es una de las enormes deudas que tiene la democracia argentina resurgida hace más de un cuarto de siglo. Pero precisamente son los peros de la oposición política (oficialismo del establishment) los que vienen trabando este debate.

Continuando con las bombas hacia los Kirchner, que no provienen únicamente de las elites dominantes y de sus operadores mediáticos, ayer a la noche estaba en el canal de cable TN, en el Programa Palabras más Palabras menos (título original, ¿no?) el ex premio nobel de la paz Adolfo Pérez Esquivel hablando, como no podía ser de otro modo, mal del Gobierno por el "uso" de los Derechos Humanos, similar discurso que ya había esgrimido ahí mismo, minutos antes, la "progre" periodista y actual diputada de la Coalición Cívica, Norma Morandini. Con razón, las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo trabajan para el Gobierno, cobran millones de dólares por ser kirchneristas. Claro, con las leyes de obediencia debida y punto final estábamos mejor. En ese entonces, los organismos de defensa de los Derechos Humanos eran independientes (libres) del poder político. Mientras tanto, los milicos asesinos y sus complíces civiles vivían con total impunidad. Igual ya sabemos que la naturaleza de Pérez Esquivel es ser contrera de todo lo habido y por haber, como su paupérrimo Contra-congreso de la Lengua en el 2004 ¿Cómo le va a reconocer logros a esta gestión?

Para culminar con este breve recorrido sobre el progresismo criollo, en esta ocasión tengo que felicitar al cineasta Fernando "Pino" Solanas, quien en el programa Hora Clave del pasado domingo, se acordó de sus años de militancia, de su lucidez política de otras épocas y reivindicó el proceso latinoamericanista que están llevando a cabo los países de la región, incluyendo al nuestro con la digna labor presidencial, oponiéndose a las maniobras del presidente colombiano pro imperialista Alvaro Uribe. Solanas, esta vez, no fue concesivo con Mariano Grondona, y se reconcilió con las luchas populares que se están librando en el subcontinente.

¡Bien Pino! Está bueno dejar un poco de lado el ego y reconocer que Cristina hace cosas que él también haría si fuera el encargado del Ejecutivo nacional. De paso, ya que estamos, es positivo que Pino salga de ese lugar antipolítico que sostiene la idea de que la culpa siempre la tienen, con exclusividad, los mandatarios. Por lo tanto, el pueblo nunca se equivoca.

Por último, me había quedado en el tintero, ¿qué raro que la izquierda partidaria vernácula todavía no culpó al matrimonio Kirchner del golpe de Estado en Honduras? Hubiese sido una actitud típica de este minúsculo sector social que en las elecciones por lo general no supera el 1% de los votos. Están teniendo demasiado trabajo achacándole al Gobierno que se ocupa del fútbol en vez de resolver el tremendo flagelo que es la pobreza.

Por Mauro Reynaldi

martes 25 de agosto de 2009

Almorzando por los pobres


La diva de la TV y los almuerzos con arrugas,
entre ho-rro-ri-za-da y escandalizada,
igual que la iglesia papal y los de su clase
armó la mesa por el hambre y los pobres de mi Argentina.
A ella -su mesa-, asisten algunos iluminados
que comen copiosamente, solidariamente, in-humanamente
mientras descubren la causa del hambre y la falta de pan.
Que intelectualizan, diagnostican, pronostican
desde sus pre-pagas que les cubre la consulta
para dejar de comer, para dejar de mirar… y exclamar:
¡Cómo se nota esto de la miseria…!
Era el comienzo del banquete, cuando
la anfitriona interrumpe al rugoso intelectual
que destila culpas desde su rostro gris –cemento,
y nos dice: ¿Les cuento que comemos hoy?
El camarero entre-cámaras se recita la carta
sin equivocarse ni una letra de esos nombres raros,
que no incluyen nuestras comidas: guiso, puchero o polenta,
para que la abuela TV luego,
nos recuerde con el dedito apuntador
que es el Hotel Amigo, quién paga los gastos.
Todo siguió, sin que ningún invitado
no almorzara, ni vomitara de vergüenza; ni por caridad.
La pobreza se instaló en la mesa,
los pibes desclasados de la calle, también.
Un mural de imágenes tristes se pintaba desde cada palabra
aunque ningún niño pudo probar un solo bocado,
para eso están los que comen en televisión
y mastican y beben y tragan y …entre bloques,
descubren de quién es la culpa;
sentencian qué habría de hacerse
para desterrar al hambre y al hambriento.
Llega el final, mientras alistan los cañones de crema
y aflojan el cinto para que entre más postre,
nos cuentan a coro quién es el culpable de tanta inequidad;
de tanto colesterol alto…de tanta muestra de asco.
Al final del espectáculo, la señora estrella
recita un unos versos del refranero popular:
-María poné la mesa / si no hay pan… poné tu cabeza
…Y todos aplaudieron al verdugo

Miguel Longarini
18/08/09

lunes 24 de agosto de 2009

Los hijos de Ernestina y la Justicia

UNA MUJER NADA NOBLE
Por Ruben Pereyra*
Esta semana tendrá lugar una audiencia que en cualquier otro país sería tapa de todos los diarios. Acá pasará seguramente inadvertida para el gran público, porque el diario de mayor tirada, uno de los canales de noticias más importantes y un canal de aire líder en audiencia se encargarán de no informarla, o sea, de desinformar.
Este miércoles 19 declarará ante el juez Conrado Bergesio, juez federal de San Isidro, el ex dueño del diario La Razón, José Pirillo, quien hace unos meses recurrió expresó que tenía información sobre Marcela y Felipe, los hijos de Ernestina Herrera de Noble.
El ex empresario, entonces, presentó un escrito ante Bergesio el 3 de julio, en el que afirma que fue Héctor Magnetto (CEO del Grupo Clarín) quien personalmente hizo las gestiones para que el dictador “Videla le consiguiera los chicos”.
Cabe recordar que tanto Pirillo (La Razón) como Magnetto (Clarín) integraban junto con La Nación y el Estado el directorio de Papel Prensa. Fue en el año ’85 que Magnetto le pidió a Pirillo que bajara el tono de los artículos periodísticos que en La Razón hablaban de derechos humanos, desaparecidos e hijos apropiados. Y fue en esa ocasión que le habría manifestado que él personalmente hizo las gestiones ante la dictadura para que dos chicos apropiados fueran a parar y a crecer en la casa de una de las personas más influyentes del país.
Cuentan los periodistas que pasaron por la redacción de Clarín en los años ’80 que todas las informaciones que tenían que ver con esa temática eran supervisadas especialmente por Joaquín Morales Solá, en ese entonces uno de los hombres más importantes en la dirección periodística del matutino.
Precisamente fue Morales Solá quien, en ocasión de la detención de Ernestina Herrera de Noble, el 19 de diciembre de 2002, editorializó en La Nación: “Una noche fría de ese tiempo ingrato, la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, nos sorprendió con el relato de la adopción de sus hijos. Había también lágrimas, muchas lágrimas, en sus ojos, pero correspondían a las emociones que despierta la alegría. (…) Más de 25 años después, la señora de Noble sigue llorando por esos hijos. Su detención dispara una primera injusticia: una madre no debería ser detenida sólo por serlo”. Hay lealtades que no cambian. Alcanza con estar, siempre, contra la verdad.La historia de la adopción que cuenta Morales Solá es, en realidad, una historia cargada de inexactitudes que bien relata el periodista Pablo Llonto en su libro La Noble Ernestina. Partidas adulteradas, fechas cambiadas, números que no concuerdan, toda una serie de inexactitudes que llevaron a Marquevich a procesar a la viuda de Noble por falsificación de la adopción de sus hijos Marcela y Felipe. Llonto es, además, el abogado que representa a la familia Lanuscou-Miranda, que sospecha que Marcela puede ser, en realidad, hija de militantes montoneros muertos por el Ejército en un operativo que la prensa de la época informó así: “Mueren cinco subversivos en un operativo antisubversivo”. Los “cinco subversivos” eran Lanuscou, Miranda y sus tres hijos de 6 y 4 años, y seis meses. La menor era Matilde. Se sospecha que ella podría ser Marcela.
Lo que cuenta Ernestina Herrera respecto de la adopción es la siguiente: se encontró a la nena en el jardín de su casa, se la quedó, siete días después fue al juzgado a decir que quería adoptarla. Justo en el juzgado había otra madre que quería dar en adopción a su bebé porque no podía mantenerlo. La historia es tan inverosímil como las pruebas que aportó para probarlo: un jardinero que habría visto la caja en que estaba la nena que resultó ser chofer del diario y una madre cuya identidad no pudo probarse (se recuerda que el trámite se hizo en la Justicia) y de quien se aporta un DNI que en realidad pertenece a un hombre.
Tras el fallo de la Corte Suprema conocido esta semana, la justicia podría ordenar allanamientos que, sin llegar a la extracción compulsiva de sangre, puedan identificar el ADN, como cabellos y cepillos de dientes. Bergesio podría ordenar estos allanamientos en el hogar de la Noble. Claro que exponiéndose al ataque furibundo del multimedios. Lo que se busca es que se haga la extracción de sangre y se coteje con el banco de datos genéticos, no sólo con las de las dos familias que hoy sospechan que Marcela y Felipe podrían ser hijos de desaparecidos como pretende la viuda de Noble. Pero antes de todo eso, Bergesio deberá tomar declaración a Pirillo. Y hasta podría ordenar un careo entre Magnetto y Pirillo, cuyo resultado podría complicar al CEO de Clarín, que ya declaró en la Justicia que no sabía nada del tema. Pirillo tampoco quiere complicaciones y dice que ahora cuenta su verdad por una simple razón: “No quiero terminar como Julio López”.

* Editor de Política del Grupo BAE

domingo 23 de agosto de 2009

Convocatoria Investigación-Acción

ISEPCi Rosario ha
conformado un grupo de estudio
sobre Investigación-Acción
y convoca a todos
aquellos/as interesados/as
en participar del mismo.


Ejes:

· Concepciones sobre Investigación-Acción.
· Relaciones de poder/saber en Investigación-Acción.
· Producción de conocimientos y transformación de la realidad.
· Investigación-Acción en América Latina.

Para participar, escribir a:
isepcirosario@gmail.com

sábado 22 de agosto de 2009

Cromañón 2

Había una vez un movimiento artístico, que logró trascender las propias fronteras del arte para convertirse en masivo, popular. Se convirtió en un verdadero fenómeno sociocultural. Era el poder de la imaginación, materializado por la música que se sublevaba. Esto comenzó en la década de 1950 con llamativos personajes como Little Richard, Chuck Berry, Ray Charles y Elvis Presley, por citar sólo algunos "gigantes" de eso que se conocería como Rock and Roll. Por lo general se trataba de negros estadounidenses (gente de piel negra para ser políticamente correctos) provenientes del blues que al acelerar los ritmos de este género musical, inventaron precisamente el rock and roll.
Luego, en los sesenta, con el surgimiento de los Beatles y de los Rollings Stones, como máximos exponentes, el rock and roll se transformó en rock y abrió un abanico de gamas de estilos artísticos y musicales que se fueron combinando a lo largo del tiempo para hacer de esto un fenómeno a escala mundial, toda una revolución cultural generada por jóvenes inquietos, ambiciosos, dedicados casi sin proponérselos a cambiar el mundo. El rock significaba ruptura, romper con el orden establecido, con la moral burguesa, con las costumbres alienantes del sistema capitalista.

Era la juventud, el hombre nuevo, quien se levantaba contra la barbarie capitalista, contra los desmanes de las autoridades civiles, representantes que pretendían disciplinar, adormecer, las conciencias. El rock, nutriéndose de otras expresiones artísticas como la literatura, el cine, el teatro y la pintura, era la mejor forma de canalizar aquel ímpetu creativo y transformador de las nuevas generaciones.

Quizá el gran problema del rock fue haber sido una revolución sociocultural que no llegó a calar hondo en el sistema político y económico. Provocó importantes cambios simbólicos, pero no pudo alterar la estructura del régimen capitalista. Modificó parte de su superestructura, aunque su base quedó intacta. Pronto el rock pasaría a ser un componente más del orden cuestionado, asimilado y metamorfoseado como un objeto más de consumo, de compra- venta. De vanguardia a retaguardia. Pasó de ser un acontecimiento moderno a un pastiche posmoderno.

Estas lineas vertidas hasta aquí vienen a colación de la nota Cromañón, para entender que la tragedia del 30/12/2004 no es un hecho aislado, ajeno al devenir de este movimiento. Sino, el claro ejemplo de la degradación de esta movida cultural. El arte reemplazado por un gran negocio, es decir, convertido en un trabajo más para la satisfacción de los intereses del capital. Del artista revolucionario al laburante conformista y holgazán. El rock como un simple laburo, despojado de su sentido crítico- transgresor.

El colega Eduardo Fabregat describe notablemente esta deformación/ decadencia del rock en la Argentina en su columna de opinión del día de hoy en el matutino Página 12.

Para finalizar nuestra intervención sobre el caso Cromanón, nos interesa remontarnos a una época en la cual el rock aun brillaba, era esplendor y belleza. Elegancia y furia a la vez. Cuando éste todavía tenía mucho que decir. Los culpables de esta obra fueron Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro, quienes a finales de la década del setenta habían formado esa mega banda llamada Serú Girán. El tema en cuestión es la canción Yo no quiero volverme tan loco (cuyo primer título fue Pena en mi corazón) y su letra la reproducimos a continuación:

Yo No Quiero Volverme Tan Loco

Yo no quiero volverme tan loco
Yo no quiero vestirme de rojo
Yo no quiero morir en el mundo hoy.
Yo no quiero ya verte tan triste
Yo no quiero saber lo que hiciste
Yo no quiero esta pena en mi corazón.

Escucho un bit de un tambor entre la desolación
De una radio en una calle desierta
Están las puertas cerradas y las ventanas también
¿No será que nuestra gente está muerta?
Presiento el fin de un amor en la era del color
La televisión está en las vidrieras
Toda esa gente parada que tiene grasa en la piel
No se entera ni que el mundo da vueltas.

Yo no quiero meterme en problemas
Yo no quiero asuntos que queman
Yo tan sólo les digo que es un bajón.
Yo no quiero sembrar la anarquía
Yo no quiero vivir como digan
Tengo algo que darte en mi corazón.

Escucho un tango y un rock
Y presiento que soy yo
Y quisiera ver al mundo de fiesta.
Veo tantas chicas castradas y tantos tontos que al fin
Yo no sé si vivir tanto les cuesta.
Yo quiero ver muchos más delirantes por ahí
Bailando en una calle cualquiera
En buenos aires se ve
Que ya no hay tiempo de más
La alegría no es sólo brasilera.

Yo no quiero vivir paranoico
Yo no quiero ver chicos con odio
Yo no quiero sentir esta depresión
Voy buscando el placer de estar vivo
No me importa si soy un bandido
Voy pateando basura en el callejón.

Yo no quiero volverme tan loco
Yo no quiero vestirme de rojo
Yo no quiero morir en el mundo hoy.
Yo no quiero ya verte tan triste
Yo no quiero saber lo que hiciste
Yo no quiero esta pena en mi corazón.
Yo no quiero sentir esta pena en mi corazón.
Por Mauro Reynaldi

viernes 21 de agosto de 2009

Sexto documento del colectivo Carta Abierta

En la esquina de Defensa e Independencia (Capital Federal)
No somos mujeres y hombres del escándalo, nuestras conciencias no son saltimbanquis de la alarma. Al contrario: los hechos graves como el de la pobreza de amplios sectores de la población nos atañen. La pobreza atañe al fondo último de nuestros compromisos, la idea de igualdad, nuestras antiguas y recientes militancias. Nos compete, nos atraviesa. Por eso podemos decir: no nos escandaliza. El escándalo es gesto espectacular y ademán avieso. El rostro de los pobres se vuelve superficie de inscripción de llamados evangélicos, sacralidades disponibles, obsceno plano televisivo y objeto de malversación política. Nos atañen tanto las vidas dañadas por la miseria como su circulación en un imaginario que las despoja de creación, potencia y libertad.
Un presidente que desguazó las anteriores tramas sociales pudo decir “pobres habrá siempre” mientras creaba las condiciones para un inédito hundimiento de los salarios y los empleos. La conmoción del 2001 hizo visibles a contingentes de desocupados que habían encontrado en su exclusión el ímpetu para un descubrimiento de sus propias facultades organizativas y políticas. El gobierno iniciado en 2003 pensó al trabajo como una vía de recuperación de la dignidad para los desposeídos. Expansión del empleo y paritarias fueron las llaves precisas y, a la vez, el horizonte deseado. Detenido el ciclo, en la tormenta del mundo, la pobreza se hizo tópico de lo irresuelto. También, núcleo rutilante de una confrontación que es necesario deshojar.
En una iglesia de Liniers, en los palacios vaticanos, en los palcos ruralistas y en los grandes medios se agitan hilos que provienen del mismo ovillo. Ovillo que es idea: es posible aunar la mayor riqueza –dada por la propiedad privada de ciertos recursos- con la asistencia caritativa a los más pobres. Campo y Cáritas. Soja y comedor popular. Para que ese enlace sea fructífero y económico debe prescindir de lo que es visto como poder coercitivo y expoliador: el Estado. Y también del enlace de la cuestión de la pobreza con los temas de la justicia y la igualdad. Pobres habrá siempre, para atenderlos está Cáritas. La limosna es la vía celeste para unos y la sobrevivencia menoscabada para otros. Contra ella es necesario volver a situar la defensa de lo público, el engarce de la cuestión social con otros modos de la justicia y la apuesta no a la victimización de lo popular sino a su recreación política.
¿La justicia pendiente del presente no está ligada a la justicia respecto de un pasado criminal? ¿No está la deuda social impaga vinculada a una renovada reflexión sobre las condiciones de una redistribución del ingreso que afecte no sólo a los trabajadores en blanco? ¿Es posible encarar medidas imprescindibles, como un plan orientado a la resolución de las necesidades alimentarias de la población, que tenga alcance nacional y solidez nutricional, sin herramientas impositivas y recaudatorias? Sin retenciones hay limosna. Con retenciones: debate público y politización.
Decir eso suena a mala palabra: ¡quiénes son los extraviados que en el contexto de un ataque masivo a la política reclaman mayor politización! Nosotros: en la intersección, ya lo decimos, de Defensa e Independencia. En otras esquinas priman otros tonos: la indignación y la sospecha. El hombre típico de Corrientes y Esmeralda es hoy alguien que sospecha. Alguien que ve, tras los discursos y los valores de la política, una razón oscura que sería su verdadero sentido. Una razón material, crematística, que funcionaría como hilo explicativo de toda conducta pública. ¡Quién les paga!, es el grito de guerra en una Argentina con una larga devastación de las conductas políticas. Contemporáneo a ese sentimiento está el de la indignación, el ademán del usuario enojado, del ciudadano reclamante, del movilero agitado en persecuciones varias, del periodista de piso que frunce el ceño. ¡Hasta cuándo!, resuena como eco. Entre la sospecha y la indignación se sumerge la vida política del país. Quizás el ejemplo más claro de esto es la mutación de la condición del lector en gritón de los diarios digitales: ya no es el que acude a un encuentro con lo desconocido -que le exige no poca disposición amorosa para comprender- sino el que lee como excusa para el rezongo o la suspicacia insidiosa. Es el rumor mismo, la pasión arraigada en los subsuelos de los modos de vida que agrieta los cimientos mismos de lo público. Alimentados por una larga historia de desalientos y exacciones. Recreados como fábula moral en las usinas mediáticas. La nueva derecha vive en esos relatos y hace de ellos santo y seña.
Hoy esos ríos profundos de la vida contemporánea minan las bases de la gobernabilidad. Lo hacen ahora con el gobierno nacional. Lo harán luego contra otras representaciones. Lo que en su momento llamamos destituyente es eso: una articulación y un impulso, una organización de sentimientos difusos para dirigirlos, sin pausa y sin errancia, contra un objetivo determinado. Por eso los jefes de ese movimiento no son hombres de la política, aunque ellos pretendan usufructuar sus resultados inmediatos. En el fondo se intuyen las futuras víctimas si no logran pactar con ese sordo rumor. Nadie es creíble, nadie está firme. Parecen a salvo aquellos que se escudan en el reconocimiento directo de las razones mercantiles: los que declaman sus historias empresarias, los que piensan la política como un momento más de la expansión de los negocios. Bajo sospecha quedan aquellos que intentan recurrir a los discursos ideológicos o a las tradiciones políticas. Los que confiesan se convierten en testigos protegidos del juicio al entero sistema partidario.
¿Puede reconstituirse lo público en un tembladeral animado por esas fuerzas sentimentales y anímicas? ¿Puede reconstituirse lo público amenazado por la sensibilidad del miedo, la sospecha y la indignación? ¿Qué política podrá sustraerse de esa atmósfera en la que se reclama el reino desembozado de los intereses privados, porque finalmente serían los únicos sinceros?
Una elección parlamentaria ha transcurrido hace algunas semanas. Los resultados fueron adversos para el proyecto que desde estas cartas acompañamos. En cierto sentido, las advertencias que recorrían los escritos anteriores fueron confirmadas: crecieron electoralmente los adalides de la restauración conservadora, fueron ungidos los que debaten en sus gabinetes cerrados si apurar el paso hasta la caída o dejar llegar las cosas –el gobierno exánime- hasta el 2011. El triunfo de Unión Pro en la provincia de Buenos Aires, con un candidato que exhibe como méritos una caudalosa fortuna y destrezas televisivas, pone en evidencia la articulación política de los rasgos profundos de la época: el llamado a la desnuda presencia de las razones mercantiles como latir vital de la actividad pública y la mediatización de la política, convertida en mero apéndice de ficciones publicitarias que toman inspiraciones épicas –en una época que sin embargo pretenden disciplinada por las grandes fuerzas corporativas económicas- y se basan en idealizaciones de la vida popular –cuando estamos en un tiempo en que lo popular resiste dificultosamente la segmentación brutal de las experiencias colectivas-. Esos rasgos no los inventó la derecha. A lo sumo, sus políticos y publicistas son los que más descarnadamente, sin culpa y sin velos, los incorporan y expanden y por ello pueden recibir los mejores dividendos. Los que se mueven como peces en el agua en la sociedad del espectáculo.
La elección de junio hizo visible la debilidad en la construcción de otra escena para la política. De una escena en la que las fuerzas provengan de la militancia popular y no de las mediciones de rating, en la que los candidatos y funcionarios se elijan menos por la opinión pública y más por sus compromisos persistentes, en la que los diálogos tengan menos de representación de roles que de apertura a problemas, en la que el voto se dirima por la defensa de las condiciones reales de vida y no por la presión de los conjurados mediáticos. ¿No serían éstos menos eficaces en su monserga destituyente si estuvieran menos impagas las deudas sociales? Al gobierno lo atacan los jefes agromediáticos por sus aciertos y no por sus errores. Pero en las urnas perdió también por sus traspiés, sus titubeos, sus debilidades. En manos de un electorado que parece más tomado por el desánimo o la apatía que por el entusiasta abrazo a las consignas de derecha.
La restauración conservadora está en curso y en ella se unifican poderes corporativos –el empresariado nucleado en AEA, la airada mesa de enlace, el bloque mediático y algunos políticos-. Sin embargo no puede pavonearse de legitimidad por el resultado electoral. Porque no está mellada la capacidad gubernamental y porque en los cuartos oscuros también fueron ungidas representaciones parlamentarias que arrojan a la escena problemas necesarios de ser tratados en pos de una sociedad más equitativa y justa.
Si el proceso abierto en el 2003 estuviera cerrado, si sólo quedase la organización de una retirada ordenada, el gesto de la crítica sería intento de autoexclusión de la derrota. Una precaria salvación. Por el contrario, si hay que mencionar errores es en función de otra hipótesis: la de que hay un núcleo de valores fundamentales de este proceso que es necesario no sólo defender sino expandir en los próximos dos años. Y que se defienden y se expanden si hay capacidad de reinventar a la vez políticas de gobierno y de impulso de las autónomas voluntades militantes. Si hay capacidad de pensar como interlocutores no a las corporaciones con sus poderes de veto y sus agitadas amenazas sino a los argentinos de a pie: a esos que tienen el poder de su reunión, su fuerza y su voluntad.
Las urnas hablaron, pero su mensaje no tiene por qué ser aquel que los personeros de la destitución creen escuchar. Al contrario, muchos leyeron en ellas el llamado a un activismo renovado, capaz de procurar ámbitos de encuentro, creación de ideas en común, imaginativas defensas de lo público. En algunos lugares el nombre de Carta abierta bautizó esas experiencias que cavan el presente no sólo para atrincherarse en la prioritaria defensa de un gobierno legítimo sino también para encontrar los destellos de una política renacida. En muchas ciudades los hombres se reúnen en Defensa e Independencia. Quizás porque esa esquina siempre esté en el núcleo más íntimo de nuestras búsquedas.
No venimos aquí, al púlpito de la esquina, a presentar la cartilla para la reconstrucción de una militancia popular. Por el contrario: venimos a decir que estamos perplejos y asombrados. Que a la vez que hay indicios de la posibilidad cierta de una catástrofe conservadora hay un énfasis del gobierno en no retroceder en sus decisiones fundamentales y los hay también de una múltiple voluntad colectiva. Podríamos decir: falta la construcción. Nos privamos de hacerlo, para que quede el vacío ruidoso de aquello que no sabemos ni qué sería ni cómo se hace. Apenas intuimos, y que valga como susurro, que mucho de pasión por el presente, de donación a los entusiasmos de lo que viene y de renuncia a las rigideces del pasado, serán actitudes necesarias.
¿Estamos pidiendo más a un gobierno cuya existencia está, sin dudas, amenazada? ¿Estamos concurriendo a la conjura de las exigencias que pueden alterar la vida institucional? ¿Es tiempo de solicitar, una vez más, profundización de los cambios, o sólo se trata de apegarnos a los hechos, a un realismo de la continuidad, para evitar lo peor: la desestabilización, el ascenso brusco de las derechas, el triunfo de las más radicales presiones corporativas, el escenario hondureño? El gobierno está sitiado. Por una confluencia que quizás nadie pueda detener. En el sitio conjuga gestos defensivos, audacias inesperadas y perseverantes compromisos. Entre estos últimos, la actitud de condena frente al golpe en Honduras ante la indiferencia de muchos e incluso la crítica obtusa ante la decisión de la Presidenta de ir al lugar de los hechos para dejar claro que la recuperación democrática en ese país no sólo reclama la acción de las cancillerías o de las instancias diplomáticas internacionales. Honduras nos atañe. Habla de nosotros. Como Argentina habla de Bolivia. Y Bolivia de Venezuela. Y Venezuela de Ecuador. Destinos cruzados y necesidades mutuas en un contexto signado por la expansión de la presencia estadounidense en Colombia de un modo que remeda, amenazante, las viejas prácticas imperiales.
En cuanto a la actitud que el gobierno de Cristina Fernández debiera tener en esta situación amenazada, algunos prescriben concesiones ante grupos de presión; otros la defensa de las políticas económicas sostenidas. Si solicitamos más, es porque consideramos que esa defensa sólo puede desplegarse sobre la constitución de un horizonte político, sobre el hallazgo colectivo de un proyecto que exceda y desborde la actualidad, sobre el sueño común de reinvención de lo público. Sin esa dimensión utópica, sin esa perspectiva que reinscriba los hechos cotidianos en un relato que los excede y potencia, no hay renovación de las posibilidades gubernamentales pero tampoco de las políticas populares. La idea de cambio fue, publicitariamente, capturada por las derechas mientras el gobierno hizo campañas de reivindicación de lo hecho. Pero la política no es el cierre sobre el presente, salvo que se resigne a devenir administración de lo dado. Es desde las fuerzas que efectivamente han transformado mucho en este país y en estos años, desde las fuerzas que han puesto en discusión razones profundas de la transformación social, que se debe recuperar la invocación al cambio. El llamado a la construcción de una sociedad emancipada de sus grilletes y reparadora de sus injusticias.
Se hizo, es cierto. Defendemos lo hecho. Pero lo que pende es fundamental: la reposición de las instituciones estatales en las condiciones de producción contemporáneas, el planteo de un sistema impositivo que tenga un carácter progresivo o desplegar nuevas regulaciones al capital financiero, son algunas. Otras ya las hemos mencionado. Insistimos: no como gestores de un balance de una empresa en quiebra. Sino como trabajadores de su recuperación. La nación está en juego. Y las vísperas del bicentenario podrían ser ocasión de una apuesta imaginativa que desborde los fastos conmemorativos y los rituales previsibles. De una apuesta que incluya los temas postergados de la emancipación, como la relación entre la nación y las comunidades culturales y étnicas que la precedieron. La reivindicación de los pueblos originarios presupone una profunda invitación a poner en cuestión los fundamentos culturales que nos cobijan, no para abandonar los que nos son comunes sino para que nos sean comunes los que surjan de nuevas revisiones históricas.
La idea de que es necesario reabrir las posibilidades de la historia, no puede escindirse de la emergencia renovada de organizaciones populares. ¿A quién le habla el gobierno cuando habla?, es una pregunta que si notoriamente está vinculada con los estilos comunicacionales dice también sobre cuestiones estratégicas. Porque a la escena de las presiones de las corporaciones patronales sólo se la combate con una escena de escucha y conversación con los partidos políticos populares y con los movimientos sociales. Y a la escena de los titiriteros mediáticos se la confronta no sólo con medios públicos -que son necesarios-, no sólo con la democratización que supone una ley de servicios audiovisuales -que es urgente e imprescindible- , sino también con una escena política autonomizada de la lógica mediática. Incluso, la que ocurra en los esfuerzos últimos que realicemos para que nuestra propia conciencia vuelva a albergar la noción básica de autonomía crítica, ética de convicción y templadas responsabilidades para reconstruir un sentido de verdad ante las derechas que en el vaciadero de los conceptos, se revisten con los viejos temas de las izquierdas. No es que las ideologías hayan desaparecido, sino que se las modula como una más de las mercancías que se le ofrecen al consumidor.
Alguna vez dijimos que a las acciones de este gobierno, incluso a algunas de las más relevantes, les faltaba lo previo: una cierta elaboración en la cual se inscribieran con la fuerza necesaria, pero también su enhebramiento con un entramado de voluntades y activismo, capaz de proponer temas, de situar problemas, de hacer y defender políticas. No se trata sólo del horizonte político futuro. Incluso la institucionalidad gubernamental requiere, para sustentarse sin graves cesiones a los poderes corporativos -que encuentran hoy en el empresariado más concentrado un programa completo de transformación de la economía argentina- , de una revitalización de las organizaciones populares.
Eso que falta es necesario para preservar los aspectos más profundos y relevantes de estos años. Para preservar y expandir la política de derechos humanos; la integración regional; los derechos laborales; decisiones soberanas respecto de los organismos financieros internacionales; instituciones de defensa alejadas de las doctrinas de la represión; la inversión de recursos en ciencia y técnica. Preservar y expandir es, también, ir más allá de una concepción economicista que sitúa al crecimiento como estrategia rectora última. La crisis mundial dejó interrumpido ese camino de expansión de la inversión, empleo y mercado interno. La idea de distribución de la riqueza vino asociada no sólo a un retintineo promisorio sino a la efectiva reactivación de la economía. La crisis afecta ese despliegue, que quizás tenía núcleos internos que lo volvían ciego ante ciertas situaciones de exclusión y desigualdad social.
El debate sobre las asignaciones familiares a trabajadores informales o a desocupados, la idea de ingreso universal de ciudadanía, los planes diferenciados para atender situaciones de pobreza, fue postergado en función de una perspectiva economicista. La ausencia de políticas reparatorias que atenuaran las desigualdades dentro del interior del mundo laboral, aligeró como palabras al viento aquellas que nombraban las efectivas medidas de justicia existentes. ¿No tuvieron relación los resultados electorales con esa ausencia? Porque no hay metáfora más errónea que la de traición, que supone a los votantes como seres arrastrados a una decisión cuyo sentido ignoran. Hay, en todo caso, un disgusto, una necesidad, una crítica, que benefició, especialmente, a los dirigentes surgidos de las falanges restauradoras y los gabinetes fantochescos que inventan políticos por encargo. Lamentamos esa decisión emanada de las urnas. Pero no serán las explicaciones consoladoras las que permitan revertirla.
La reversión es posible, pero requiere un modo novedoso de tratar lo público. De volver a considerar lo público. Está en juego eso en la política nacional pero también en la ciudad de Buenos Aires, en esta ciudad con sus plazas en las que se leen estas cartas, con sus edificios sanitarios amenazados por operaciones inmobiliarias, con sus parapoliciales que desalojan espacios comunitarios, con sus jefes de policía que surgen de las más tenebrosas historias de encubrimientos y exacciones. Medidas que pretenden hacer campo raso de lo heterogéneo y de la ciudad laboratorio de la nueva derecha. Nuestra calle, aquí, es Resistencia.
El jefe de gobierno de esta ciudad es un empresario. Como tal parece menos enjuiciable que los hombres de la política. Ante el banquillo del juicio que la sociedad mediática encara, se lo presume inocente. Quizás no del todo, pero sí más que aquellos que hablan más de política que de negocios. Por eso, puede reírse de las combinaciones entre tintorerías y prostíbulos en los barrios pobres de la ciudad. Ha ordenado desalojar huertas y expulsar hombres y mujeres sin techo. Ha burlado a los docentes y a los trabajadores de la salud. Ha imaginado desalojar los antiguos neurosiquiátricos, menos por un libertarismo antimanicomial que por la valorización de los terrenos. Ha nombrado un jefe de policía en cuyo nombre se anuncia la acentuación de estrategias represivas y de funcionamientos corruptos. Perdiendo votos, sin embargo ha ganado las elecciones. Quizás porque en figuras así se condensan las fuerzas anímicas del miedo, la sospecha y la indignación.
No es un problema de los porteños. En Nueva York le pagan a los desocupados un pasaje de ida para privar de su miseria a la ciudad. Pero esta es nuestra ciudad: en ella debemos disputar cada esquina, cada barrio, cada discurso y cada idea. Contra esa articulación reaccionaria, es necesario situar una agenda de recuperación de lo público: del espacio, de las conversaciones, de las políticas, de las instituciones, de los recursos naturales, de las facultades humanas. El mercado, sabemos, es capaz de apropiarse y gestionar todo eso, bajo la lógica de la ganancia y el rendimiento comercial. Y hay políticas estatales que se subordinan a la obediencia de esa lógica. Incluso, algunas políticas nacionales, como la que regula la minería, en la que prima la explotación inmediata antes que el resguardo de los derechos comunitarios. Recuperar lo público es poner en cuestión esos criterios, situarlos en el marco de una discusión que no debe aceptar para sí los límites de lo ya dado, sino que debe constituir el horizonte utópico y realizable de lo porvenir.
Hay mucho que preservar y hay mucho por hacer. Aunque minado por la sospecha y la indignación existe un terreno en el que eso se dirime: la política. Las diversas tradiciones ideológicas que han puesto el acento en lo popular y sus potencias tienen ante sí un desafío mayúsculo: el de considerar su confluencia sin exclusiones, su situación sin mezquindades y el futuro con inédita imaginación.
Aquí en esta esquina somos una suerte de conjurados. En defensa de un conjunto de políticas desplegadas desde el 2003 y del derecho del gobierno a perseverar en ese camino y con la independencia de criterio que nos dan nuestras propias experiencias, valores, ideas. Nuestro llamado al coraje colectivo contra el operativo derrumbe no resuena en el eco de los espacios vacíos. Al contrario, rebota en los cuerpos, se ahínca en los sueños, se intercambia en la reflexión común. Por eso creemos que no se puede hablar de derrota ni de victoria ni nos está dado el tono de la certeza. Sí saber que lo que sucede nos atañe. Y por eso no nos escandaliza.

jueves 20 de agosto de 2009

Vigilia de Cine


Cine argentino y Derechos Humanos
En reclamo ante la Justicia por la aceleracion de los juicios por crimenes de Lesa Humanidad.

Segunda jornada.
Viernes 21 de agosto, 19 hs.
Centro Cultural “La nave” (San Lorenzo 1383 - Asociación Bancaria de Rosario)

Se proyectará "Trelew, la fuga que fue masacre" (2004), de Mariana Arruti.

Organizan:
INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales)
Union de Empleados Judiciales de la Nacion
Secretaria de DDHH de la Nacion
Espacio INCAA

miércoles 19 de agosto de 2009

Cromañón

Algunas reflexiones sobre la tragedia de la discoteca República de Cromañón. El propósito aquí no es hacer un balance ni análisis sobre el fallo del juzgado, sino tratar de entender cuáles fueron las causas simbólicas de dicho siniestro, cuyas consecuencias dieron como resultado un claro beneficiario: Mauricio Macri.

Empecemos por el principio, quien pagó primero por el incendio del local donde se realizaban asiduamente recitales de rock fue el entonces Jefe de Gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires, Aníbal Ibarra. Injustamente, el ex mandatario tuvo que dejar su cargo tras un juicio político realizado a complacencia del ánimo exacerbado de los familiares de las víctimas de la catástrofe del 30 de diciembre de 2004 y también de la tribuna mediática que pedía a gritos la cabeza del encargado del poder ejecutivo porteño. Digo injustamente porque Ibarra no fue quien prendió las béngalas que ocasionaron el incendio ni fue quien bloqueó las puertas de emergencia para que la gente no pudiera abandonar el lugar. Este castigo fue en sintonía con el discurso de la antipolítica que suele responsabilizar de todos los males que ocurren en la sociedad a los políticos profesionales eximiendo de culpas al resto de los ciudadanos que, pobres de ellos, cumplen siempre a rajatabla con sus deberes cívicos. Ibarra pudo haber tenido responsabilidad en no controlar adecuandamente, inspeccionado los centros nocturnos donde se realizan espectáculos para públicos masivos. Sin embargo, si una disco tiene capacidad para entre mil y mil quinientas personas y concurren dos mil más de lo permitido, entonces la responsabilidad es exclusivamente de los organizadores del evento y del dueño del boliche. Aunque para ser más claros y concisos, debemos decir que la responsabilidad le cabe a todos aquellos involucrados en dicho show, pues si tanta gente quería ver a la banda Callejeros tocar en vivo, se podrían haber organizado más funciones así nadie quedaba afuera, y era más cómodo para todos. Si lo único que imperaba era recaudar la mayor cantidad de dinero posible en una noche, entonces este acontecimiento atroz tuvo lógica. La ambición arruinó una vez más el espectáculo popular, dejando casi 200 muertos.
Volviendo a Ibarra, lo que pasó en Capital Federal pudo haber sucedido en cualquier parte del país. Ibarra podrá haberse movido negligentemente, ineficazmente. Empero, ¿qué deberíamos decir de los atentados a la embajada de Israel y a la AMIA durante la primera presidencia de Carlos Menem? Aquí sí hubo una notoria intencionalidad, el objetivo era atacar a la comunidad judía argentina; y en estos actos terroristas, encubiertos por el propio menemismo, muchos apuntan hacia la complicidad del riojano.

Si medimos con la misma vara, así como Ibarra fue destituido de su función como gobernante de la ciudad de Buenos Aires, entonces Menem debería estar condenado a cadena perpetúa.

No es casual que tras la tragedia, Ibarra haya sido depuesto y la fuerza política de Mauricio Macri, el Pro, primero ganara las elecciones legislativas en la ciudad en el año 2005 y luego llegara a la gobernación del municipio en el 2007.

Sin embargo, como no queremos caer en reduccionismos, no es pertinente echarle la culpa de este horroroso incidente a Omar Chabán, la banda Callejeros, los funcionarios públicos, los miembros del público que llevaron pirotecnia y la utilizaron en un lugar cerrado como se sabía que era Cromañón.

El problema para este escriba es más bien cultural, tiene que ver con un estado de cosas decadente por el cual el rock dejo de ser un movimiento artístico sociocultural que se manifestaba en contra de las injusticias del sistema capitalista, del autoritario orden establecido allá por los años sesenta del siglo pasado, cuando surgieron íconos como los Beatles, Rollings Stones, The Who, Led Zeppelin, MC5, Pink Floyd, The Kinks, Frank Zappa, Black Sabbath, The Stooges, Bob Dylan, David Bowie, entre otros. El rock pasó de ser un movimiento transformador, liberador - quizá suene osado lo que voy a expresar, pero esta movida tuvo más influencia en la juventud, en las nuevas generaciones, que los libros de filósofos importantes como Lacan, Foucault, Deleuze, Guatari, Hannah Arendt, etc. o sea, fue más influyente que cualquier voz académica de la época, fue una verdadera revolución- a convertirse en una moda, en un estilo de vida amalgamado por el mismo sistema que combatía.

Es loable que el rock se haya popularizado, que cada día llegue a más gente en distintos países del mundo. Lo negativo, lo que va en contra de su esencia, de aquello que le dio origen es lo que ocurrió en nuestro país, donde se futbolizó. El rock aun conserva, producto de sus mutaciones, un carácter novedoso, crítico y provocador. Empero, acá a través de su futbolización, es decir, de que las bandas compitan mediante sus seguidores como si se tratara de dos clubes de fútbol enfrentados de por vida, ha hecho que este movimiento perdiera su impacto creativo, su ámbito de debate de ideas sobre el arte y la sociedad en la que se produce. El caso más emblemático ha sido la eterna rivalidad entre dos grupos, ya disueltos, como Los Redonditos de Ricota y Soda Stereo. Donde según el acartonado sentido común sostenía que los primeros hacían un rock para las clases populares mientras los segundos componían para las clases altas. Tremenda falacia, pues ambas bandas han llenado la cancha de River Plate y son populares en todo el país y también son conocidos en el resto del continente, especialmente Soda. Lo que caracteriza también a ambas es que nunca le temieron al hecho de enfrentar riesgos, no cesaron en la búsqueda artística. Han ido cambiando sus estilos, sus sonidos, sin perder identidad. Siempre mutando para dar más de sí, y no estancarse en la fórmula que les dio éxitos. Estas concepciones artísticas nada tienen que ver con la decadencia actual del rock que se ha vuelto un negocio gigante, donde lo "under" no dista mucho de lo "comercial".

En Gran Bretaña, por ejemplo, Blur y Oasis, dos grupos representativos de ese movimiento musical dado a conocer como "brit pop" en los años noventa, se disputaron a través de sus producciones discográficas y de sus presentaciones en vivo, el papel protagónico en la escena del rock británico durante toda la última década del siglo XX. En esta contienda primaba lo artístico, la puesta en juego de estilos diferentes que querían "adueñarse" del rock ingles apelando a la sagacidad creativa de cada uno. Una competencia regida por la busca incansable por dejar una marca en la historia de este género. No negaban la tradición, la reconfiguraban constantemente en cada álbum. El rock dialéctico que tendía a romper con sus propias fronteras, tal como lo venían haciendo en la Argentina, como acabamos de señalar, por un lado el Indio Solari junto a Sky Beilinson y Gustavo Cerati, Zeta Bossio y Charly Alberti, por el otro.

Para cerrar esta nota, acudimos a dos letras de canciones bien significativas y simbólicas de una de las bandas más lujuriosas y riesgosas que surgió a principios de 1990 en nuestro país, nos referimos a Babasónicos y dos temas musicales, uno del disco Infame (2003), Once (track 14) y Pobre duende (track 5) de Anoche (2005). El antes y el después de la fatalidad que vivió el ambiente rockero a finales del 2004. La primera es sumamente premonitoria como quien huele algo raro.

Si no gusta este final, podemos quedarnos con que los únicos y grandes culpables de esta tragedia fueron Aníbal Ibarra y Omar Chabán, y no una sociedad que preferió el individualismo a ultranza, dejar de pensar en proyectos colectivos para querer, egoístamente, todo aquí y ahora a cualquier costo, sin importar qué pasa con el prójimo. O sea, este hecho trágico como parte de la resaca menemista.

Por Mauro Reynaldi

martes 18 de agosto de 2009

Un día en Rosario, dos libros

Libro 1:

Campaña "Los juzga un tribunal, los condenamos tod@s"

PRESENTACIÓN DEL LIBRO
"Mi nombre es Victoria. Una lucha por la identidad"

Jueves 20 de agosto - 18.30 hs.
Librería Homo Sapiens
Sarmiento 825 (Rosario - Argentina)

Panelistas: Victoria Donda. Diputada Nacional Libres del Sur. Nieta Recuperada. Marta Bertolino. Docente UNR. Querellante causa Feced.

Modera: Gabriela Sosa. Movimiento Libres del Sur Santa Fe.

Libro 2:
PRESENTACIÓN DEL LIBRO
"Timote" de José Pablo Feinmann

Jueves 20 de agosto 19.30 hs.
Centro Cultural Bernardino Rivadavia / Sala G
San Martín esquina San Juan (Rosario - Argentina)

lunes 17 de agosto de 2009

Cine Club Rosario- Programa del Martes 18 y Miércoles 19 de agosto







Martes 18 de agosto, a las 20 hs.
EL VIENTO VA Y VUELVE (Italia, 2005)
Dirección: Giorgio Diritti - Int.: Thierry Toscan, Alessandra Agosti.
Es la historia del pastor francés Philippe Héraud que, como consecuencia de la construcción de una central nuclear, decide dejar los Pirineos para irse a vivir lejos, con su mujer y sus tres hijos. Después de un viaje de exploración por Suiza y el Valle de Aosta, llega a los valles occitanos de la provincia de Cuneo, en el noroeste de Italia. Allí descubre Chersogno, una pequeña aldea situada en una de las cimas de la zona. Y es también allí que Philippe conoce a algunas personas, entre ellas al alcalde, que lo ayudan a facilitar su traslado: le encuentran casa, pastos donde apacentar las cabras, y establos donde producir sus quesos. Hacen todo esto con la esperanza de que el trabajo del recién llegado sirva como ejemplo y estímulo a los jóvenes que, de seguir todo igual, terminarán emigrando de allí. Al mismo tiempo otros, como los pobladores de fin de semana a los cuáles no les gustan las maneras ni los métodos de Philippe, hacen presión para conservar el soñoliento status quo del lugar. Una serie de vicisitudes se van dando y van haciendo evolucionar la historia de esta familia y, conjuntamente, la de la aldea.

Martes 18 de agosto, a las 22 hs.
VALS CON BASHIR (Israel, Francia, 2008)
Dirección: Ari Folman - ANIMACION
Cesar 2009, "Mejor Filme Extranjero" Globo de Oro 2009, "Mejor Filme Extranjero"
PRE-ESTRENO

Que el escenario sea Beirut, Stalingrado o Auschwitz poco importa. “Vals con Bashir” se encarga de establecer hábilmente las suficientes conexiones como para que su discurso vaya más allá de barbaries locales y remita a las atrocidades que el ser humano ha perpetrado en las inacabables guerras, revoluciones y conflictos que han desangrado el mundo en el pasado siglo y siguen haciéndolo hoy. Parecía necesario que alguien renovara las formas para llamar de nuevo la atención hacia un debate que corría el riesgo de desgastarse (por cantidad más que por calidad) y un discurso ante el que el espectador comenzaba a dar muestras de inmunidad. Ese alguien, por fortuna, es Ari Folman, un cineasta capaz de llevar a cabo una obra tan inmensa como “Vals con Bashir”.
Porque al fin y al cabo, resulta más bien secundario (aunque no accesorio) que esta película israelí se inscriba en la animación Flash o que su narración se hilvane entre la ficción y el falso documental. Desde luego, la técnica ayuda enormemente a dotar a sus imágenes de una fuerza dramática inusitada, cercanas un expresionismo lleno de sombras y rostros marcados por los desastres de la guerra. Un buen ejemplo es aquella única escena que Ari puede recordar de la catástrofe: el cielo de Beirut se ilumina al caer las bombas y él y otros soldados salen desnudos del mar. El sueño de un amigo impulsa esta imagen y los mecanismos de una memoria sumida en una amnesia selectiva, el deambular del ex soldado y hoy director que busca las razones de la misma y encuentra los mismos síntomas en todos y cada uno de los que compartieron la pesadilla con él. Es el principio de la construcción de uno de los discursos de la memoria más brillantes del cine, articulado en el subconsciente, en las alucinaciones o recuerdos despertados por resortes psicoanalíticos para recuperar el pasado que quisimos olvidar.
Ari Folman ha levantado una obra asombrosa, desoladora sin concesiones, que hipnotiza y fascina desde su impactante comienzo en forma de pesadilla. “Vals con Bashir” resulta tan magnífica en las conversaciones que Ari mantiene en el presente con sus antiguos compañeros como en los aterradores retratos de la Primera Guerra del Líbano: en lo primero, se establecen profundas reflexiones en torno a la culpa colectiva, levantada tanto por aquellos que se encontraban en los mismos campos de Sabra y Chatila como los que tenían conciencia de lo que allí estaba ocurriendo; en lo segundo, la cinta se muestra magistral y nada pretenciosa en su subrayado de los sinsentidos del conflicto, capaz de ser una patada en el estómago sin la necesidad de lo explícito o el abuso de lo trágico. Muy al contrario, la película de Folman deja que las imágenes hablen por sí solas sin forzarlas en un sentido u otro, avanzando a través de recursos visuales nunca gratuitos y siempre dotados de una significación propia.
Son escasos los títulos equiparables en las devastadoras consecuencias emocionales que “Vals con Bashir” puede llegar a producir. Inteligente, bellísima, y dolorosa hasta sus últimas consecuencias, la contraposición final de la imagen documental a la animada completa un proceso en el que todo alma implicada se verá sacudida. Y es que este relato sobre la memoria y la amnesia históricas te fascina, te atrapa, te golpea y deja recuperarte. Te sobrecoge y duele, te cautiva, te embelesa y te hunde lentamente en el drama de la guerra para finalmente descubrir sus cartas y destrozarte en su insoportable sinceridad. Sin mimbres melodramáticos, sin tópicos ni manidas recurrencias, y permitiéndose el tema “Enola Gay” de los OMD para asentar el contexto en el principio de los 80. Su extraordinario uso de la música se acaba aliando a la perfección con las imágenes, y da con uno de los pasajes más bellos que servidor jamás haya contemplado: en medio de un tiroteo, un soldado arranca el arma a su compañero y sale de su trinchera. El vals op. 64 nº 2 de Chopin comienza a sonar y ese soldado convierte sus temerarios pasos en una hermosa danza mientras su arma escupe balas sin cesar. Inmune al fuego enemigo, baila bajo la atenta mirada de Bashir, presente en una gran pancarta en el edificio. Pura poesía para no olvidar.
por Jordi Revert, La Butaca.net 24/2/09.

MIERCOLES 19 de agosto, a las 20 hs.
CALIFORNIA DREAMIN (Rumania, 2007)
Dirección: Cristian Nemescu - Int.: Armand Assante, Jamie Elman.
Premio "Una cierta mirada", Festival de Cannes 2007.
PRE-ESTRENO


El capitán de la marina estadounidense Jones recibe el encargo de escoltar un tren que transporta equipamiento estratégico hacia Yugoslavia, durante la guerra de Kosovo. Doiaru, el jefe de estación de un pequeño pueblo, ordena la detención del convoy por falta de algunos papeles. El capitán al cargo, interpretado por el rocoso Armand Assante, establece una batalla de poder, y de ego, con el reaccionario y corrupto jefe de estación local. El embargo supone el desembarco de una manada de soldados borrachos de testosterona ávidos de juerga con las lugareñas de la región. Mientras, la comunidad se esfuerza de manera ridícula en agasajar a los soldados americanos con la esperanza de que todo ello redunde en mejoras económicas y progreso en sus tristes y monótonas vidas. Los soldados se dejan seducir por los habitantes del pueblo, incluso la hija del propio Doiaru tiene una aventura con el sargento McLaren. Cansado de esperar la ayuda de sus superiores, el capitán Jones decide arreglar el asunto por sus medios.
La película es una mezcla de géneros muy equilibrada, cargada de fuertes dosis de humor a pesar del tono dramático del guión, y que muestra una realidad sin caer en el cine explicativo, dogmático o maniqueo. Hay que tener en cuenta que en Rumanía, hasta 1989, el Estado subvenciona el cine como una industria que, amén de su calidad y variedad temática, era utilizada sin tapujos como instrumento propagandístico del régimen. Con la caída de la dictadura, es un hecho cierto que el cine rumano pasa a estar de moda por reflejar diferentes aspectos de la sociedad rumana actual en los que se muestran las consecuencias de décadas de régimen totalitario, las diferencias sociales y las frustraciones. Pero no es menos cierto que muchas de sus películas arrastran ese dogmatismo argumental heredado de la vieja escuela (The rest is silence, de Nae Caranfil), o cierta aplicación si cabe mecánica de algunas técnicas del cine dogma que hoy son referente de los jóvenes cineastas (4 meses, 3 semanas, 2 días, de Cristian Mungiu), o un excesivo abuso del un ultrarrealismo social que merma la calidad artística que a toda película, como arte que es, cabe exigirle (12:08 East of Bucarest, de Corneliu Porumboiu). Sin embargo, en Califonia Dreamin, Nemescu se distancia de casi todos estos nuevos vicios y sabe elaborar un film que, si bien se mueve en ese pozo de amargura que es el paisaje de la nueva Rumanía, lo hace desde la fachada de la comedia, echando toneladas de ácido contra todo lo que se mueve. Por la pantalla van desfilando personajes tratados de modo entrañable: el jefe de estación, su hija, los compañeros de colegio, y el alcalde, un hombre que ha pasado toda su vida esperando la llegada de los norteamericanos (desde pequeño, cuando entran los nazis en Bucarest y se llevan a sus padres, escenas en blanco y negro a modo de flashbacks; americanos que nunca aparecieron, convirtiéndose ésta en su gran oportunidad), hasta el capitán americano resulta tierno en este film, y sus conversaciones con el terco jefe de la estación de tren, lo mejor sin duda de la película.
Con influencias tanto del cine de Berlanga como de Kusturika, Nemescu dibuja el fracaso, el anclaje, la incapacidad de seguir adelante de un pueblo cercado por sus propias barreras culturales y por otras que le vienen impuestas (las económicas) hacia el progreso. Sus gentes ven el mundo a través de un escaparate en el que desfilan los marines como auténticos reyes magos; las chicas los observan como héroes y depositan sus esperanzas para de salir de allí, como en las películas del cine en las que el chico se lleva a la guapa, mientras las gentes del pueblo sueñan con el cambio por la simple presencia de esos soldados que representan el progreso y los sueños a los que jamás accederán y que confían ahora a la quimera americana. Convertir estas tristes historias en una simpática comedia sublime es algo sólo al alcance de los grandes; y no cabe duda, después de este trabajo que Cristian Nemescu lo hubiese sido (o lo es, ya), porque supo encontrar el modo perfecto de transformar estas historias mínimas en una feroz y amarga crítica al aislacionismo producto de la dictadura, al culto a las apariencias y a los falsos sueños que suscitan en las personas del lugar la vana esperanza de la ayuda extranjera.
El realizador Cristian Nemescu falleció en un accidente de tráfico el 25 de agosto de 2006, dejando su ópera prima a merced del montaje provisional que se ofrece al público. Nemescu tenía veintisiete años, y hay quien ha insinuado que su temprana muerte influyó en que California Dreamin se alzase en Cannes 2007 con el premio Un Certain Regard. Otros prefieren achacar la distinción a la fiebre desatada durante los tres últimos años en certámenes europeos, y más concretamente en La Croisette, por lo que se ha venido a llamar Nuevo Cine Rumano. Sin embargo pocos dudan que el trágico evento truncó una de las carreras más prometedoras del nuevo cine rumano.
La película se presentó sin retocar ni cortar demasiado, e introduciendo uno de los temas musicales preferidos y sugerido por Nemescu como parte de la banda sonora del film, California Dreamin, de The Mamas and the Papas, que posteriormente ha dado título internacional a su película, aunque en su versión original el título que le dio el equipo fue Nesfarsit, que significa “Inacabada“, tal como está, sin finalizar. Por ello, quizá resulte larga o se pueda criticar lo innecesario de muchas de las escenas; si bien el hecho de presentarse así no es más que un homenaje póstumo al trabajo del director y guionista que no pudo concluir lo que seguramente se convierta en una película de culto, una parábola política y social que desnuda el choque entre el occidente más fruslero y la Europa más profunda, caciquil y conservadora.
Puerta de Babel, 18/8/2008.